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La píldora del día después
Mié 10 de marzo, 2010 - 7:54 am
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Ni muy muy ni tan tan

Si tuviera que apostar, le pondría plata a que los dos fenómenos más notorios de las elecciones del próximo domingo serán el teflón electoral de los parapolíticos y el barrigazo de los independientes. El primero es fácil de explicar, ya que hemos visto cómo funciona desde hace años: tajadas, constreñimiento, compra de votos adulteración de registros electorales, etc. Pero el segundo parece a primera vista inexplicable. ¿Cómo podrían Peñalosa, Mockus y Lucho, que salieron de sus alcaldías con índices de aprobación de  55, 75 y 64 por ciento respectivamente, ser un fracaso electoral? ¿Cómo podría Fajardo, que salió de su alcaldía con un histórico 91% de aprobación, hundir su partido en el primer intento?

Muchos dirán que es cuestión de egos y hasta cierto punto tienen razón; Fajardo desdeñó a los otros tres y partió en dos la votación que un partido unificado podría haber alcanzado. Pero el problema desafortunadamente va mucho más allá  y es que los líderes del Partido Verde y de Compromiso Ciudadano, a pesar de ser algunos de los mejores administradores públicos que el país ha tenido, se han dedicado a rajar de la política tradicional sin haber aprendido las lecciones necesarias para contrarrestarla.

Y eso no implica torcerse, pero sí tener un poquito de malicia. Después de todo, no se necesita ser un corrupto para entender que lanzar una lista cerrada es un riesgo enorme para un partido nuevo sin una militancia organizada. Mockus y Peñalosa pagaron el precio las elecciones pasadas y sin embargo volvieron a hacer lo mismo, ésta vez con la cámara de Bogotá. Tampoco hay que ser maquiavélico para darse cuenta de que si uno de los tres tenores se hubiera metido a la lista al senado tendrían muchas menos posibilidades de quemarse, pero tampoco lo quisieron hacer. Y tampoco toca ser un maquinador para entender que si a Fajardo se le hunde la lista al senado dos meses antes de las presidenciales, se le desvanece casi cualquier posibilidad de ser presidente. Pero la falta de instinto político de los cuatro los tiene en la cuerda floja a menos de una semana de las elecciones, cuando con un poquito de sentido común podrían tener garantizada una bancada.

Es evidente que los políticos tradicionales que conocen la política al dedillo pero no entienden nada de administración pública no son la solución; pero ¿no será que parte de su éxito se debe a que conocedores de la cosa pública no saben hacer política? ¿Será mucho pedirles a los candidatos independientes que no sólo critiquen la política tradicional sino que aprendan unas pautas básicas para salir elegidos? Diego Laserna


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Jue 4 de marzo, 2010 - 4:44 pm
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Rectificación: Norbey Quevedo

Por medio de la presente comunicación La píldora del día después desear rectificar públicamente lo afirmado en el artículo “La mano amiga de los Nule”, el pasado martes 2 de febrero de 2010. Nos preguntábamos en el mencionado artículo por qué habría el periodista de El Espectador Norbey Quevedo publicado un artículo sobre las dificultades por las que atraviesan los Nule en momentos en que la opinión pública escrutaba intensamente a este grupo empresarial y denunciaba sus varios incumplimientos a contratos públicos.

De manera apresurada, concluimos que Quevedo era cercano a los Nule, desconociendo, como bien nos lo hicieron saber sus lectores posteriormente, las muchas veces que el periodista denunció las irregularidades de este grupo empresarial. Recurriendo a afirmaciones infundadas y que fueron resultado de conclusiones apresuradas, nos referimos a Norbey en aquél artículo de maneras que ponen en duda su ética periodística y su buen nombre.

Por eso, queremos manifestar nuestras disculpas a los lectores, a La Silla Vacía y al mencionado periodista por haberlo descalificado de esa manera. Señalamos que la publicación de dicho contenido no fue producto de sentimientos personales contra el periodista, sino que apeló, equivocadamente, a la interpretación que varios lectores le dieron a su reportaje, publicado el pasado 24 de enero en El Espectador.

Por otra parte como algunos de nuestros lectores saben, somos un grupo de jóvenes que trabajamos en conjunto los posts que aparecen semanalmente en el blogueo y con la intención de que las entradas representaran al grupo en su totalidad y no sólo al autor veníamos firmando a nombre del grupo. A partir de este incidente cada uno de nuestros posts irá firmando por su autor. A los lectores, que votaron por nosotros como el blog de los usuarios, les aseguramos que esta experiencia no ha sido tomada en vano y que por el contrario nos sirve para garantizarles rigurosidad y responsabilidad en nuestras futuras publicaciones.

A Norbey Quevedo le ofrecemos nuestras disculpas y le reiteramos nuestro respeto por su trayectoria y labor periodística. Adjuntamos a continuación la comunicación que nos hizo llegar.

Respetada Directora:

Sin autor que asuma la responsabilidad de lo escrito, pero escudándose en lo que supuestamente “describió un lector”, el pasado martes 2 de febrero de 2010, en la página que usted dirige, bajo el título “La Mano Amiga de los Nule” apareció un comentario en el que me atribuyen una conducta complaciente con los empresarios Guido, Manuel y Miguel Nule, que está muy lejos del comportamiento profesional que he tenido durante veinte años de ejercicio como periodista.

El escritor anónimo, señala que el 24 de enero en las páginas de El Espectador metí la mano en la controvertida gestión empresarial del denominado Grupo Nule para hacerles “una defensa enmascarada”. Y agrega el escrito comentado que casi invité a “organizar un Teletón por estos tres jóvenes emprendedores”. Como puede leerse, no fue propiamente un artículo informativo sino un escrito de opinión donde su autor se dio licencia para deducir que yo estaba trabajando para los Nule.

Como quiera que nada de lo afirmado corresponde a la verdad, pero lo escrito si afecta mi buen nombre y honra que he sabido ganarme honestamente, solicito respetuosamente la rectificación pública de lo dicho, en el mismo espacio en que fui descalificado. Como respaldo a mi petición quiero recordarle al anónimo autor que yo fui uno de los primeros periodistas que puso en tela de juicio las actuaciones del Grupo Nule con cinco informes publicados a la fecha y que si no fue de su agrado el escrito La Mala Hora de los Nule, tampoco le da licencia para señalarme de periodista complaciente.

Cordialmente

Norbey Quevedo H.

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Mar 23 de Febrero, 2010 - 12:33 pm
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MIRA y aprenderás

En Colombia la política está compuesta de un poco de opinión y de mucho, mucho clientelismo; pero de militancia no hay casi nada. Es verdad que el Moir, el Partido Comunista y algunos jóvenes de los partidos Liberal y Conservador están dispuestos a salir a "evangelizar", repartir volantes y a manifestarse por su partido o candidato a cambio de nada, pero son pocos y, más que movimientos, son el recuerdo de otras épocas. No obstante, sin que la prensa los note mucho y ante la mirada indiferente de la mayoría de los ciudadanos, hay una marea de jóvenes y viejos que están educando políticamente a sus comunidades y preparando una bomba política. 

De la mano de la senadora Alexandra Moreno Piraquive y del exconcejal de Bogotá, Carlos Alberto Baena, el MIRA ha venido haciendo una transformación rápida, de una iglesia cristiana a un poderoso y organizado movimiento político con sus principales fortines en Bogotá y el eje cafetero. Sin andar pendientes de RCN o El Tiempo, el MIRA ha estado organizando redes de militantes incondicionales alrededor del país, que son capaces de pararse durante horas al lado de una carretera con una pancarta que dice “no conduzca embriagado” o de ponerse sus camisetas azules y caminar kilómetros alrededor de la ciudad, actuando como vallas ambulantes. Obviamente ese sentimiento de pertenencia no es espontáneo; el MIRA ha logrado un inmenso poder de convocatoria a través de una serie de estrategias innovadoras y eficientes, que van desde capacitación en su escuela de gobierno y una agresiva estrategia en Internet, hasta la adopción de causas poco visibles, pero muy sentidas en las comunidades pobres, como la rebaja en multas a los remisos, la defensa de los derechos de los motociclistas y los descuentos a los deudores de multas de tránsito.  

Hoy en día la organización del MIRA es tal, que son sus propios militantes quienes diseñan y ejecutan la publicidad del partido; van a lanzar listas cerradas a Senado, Cámara y Parlamento Andino y se dieron el lujo de hacer un examen de conocimientos a los participantes de la consulta interna en septiembre. 
Que el MIRA funcione como un relojito es admirable, pero el problema (al menos para algunos de nosotros) es que a la par de causas nobles, como la defensa de los niños o de las ballenas, el MIRA también tiene una agenda ultraconservadora en contra de los homosexuales, el aborto y el derecho a consumir drogas. Mientras los defensores de estas causas progresistas se dedican a escribir columnas, a recoger votos dos meses antes de las elecciones o a inventarse eslóganes "bacanos", el MIRA está creando, juiciosamente, una organización que, si alguna vez llega a gobernar, sepultará muchos de los derechos individuales que hoy consideramos inamovibles, por modestos que sean.  

El MIRA puede ser en varios aspectos muy bien intencionado pero en últimas es un partido religioso y si los políticos progresistas no se acuerdan pronto del valor de la militancia y la organización política puede que el MIRA nos lo recuerde con más de un dolor de cabeza.

Diego Laserna

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Mar 16 de Febrero, 2010 - 2:30 pm
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Educación 2 x 1

No es un cliché de manifestantes de la Nacional decir que la educación superior en Colombia parece debatirse entre ser una mesa de negocios y una plaza de mercado. Para la muestra un botón. Desde hace unos años universidades no particularmente prestigiosas como la Universitaria de Santander ofrecen dos postgrados al tiempo y por el precio de uno, con el objetivo de atraer estudiantes que estén persiguiendo la prima técnica de sobresueldo, que oscila entre el 15 y el 50% y que se les otorga a los funcionarios públicos que tengan más de una carrera o postgrado sin importar si es especialización, maestría o doctorado. Sin embargo, no se tiene que ser genio para saber que si se hacen dos postgrados en el tiempo de uno, ninguno de las dos queda bien hecho y por lo tanto el reconocimiento extra que se le paga al funcionario público es inmerecido.

 Por otro lado entregar títulos a dos manos no habla muy bien de la universidad que los  expide y hasta hace poco sólo universidades de segundo nivel tenían estos “combos”. Pero las universidades tradicionales también quieren una tajada de este pastel y ya hasta la centenaria facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario ofrece doble programa, lo cual no puede menos que dejar el saborcillo extraño de la fruta barata. Y el interrogante en letras de molde ¿y de la calidad qué? Seguido por otro interrogante quizás más importante ¿será mejor recompensar a un servidor público bien preparado con ninguno o un solo postgrado o uno que se dedique a acumular cartones de medio pelo para perseguir la dichosa prima? 


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Jue 11 de Febrero, 2010 - 12:15 am
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Jóvenes en política, viejos en espíritu.

Los jóvenes políticos en Colombia actúan con un descaro estremecedor aprovechándose que acá todo lo tiernamente joven se asocia irresponsablemente con progresismo, cambio y prácticas políticas limpias. Hay ejemplos por todos lados. Nicolás Uribe, el caso a mostrar de la renovación uribista, defiende lo que él llama “la juventud de sus postulados” con la frescura de no entender que perseguir la dosis mínima en este país es un acto autoritario, excluyente y por supuesto chapado a la antigua. Pero hay otras perlas de pubertad política, que no se pueden dejar pasar de agache. El domingo 31 de enero María Isabel Rueda en su programa “Sal y Pimienta” presentó con bombos y platillos a Catalina Tapias como la promesa de la política colombiana. La antigua edil de Chapinero -ahora candidata a la Cámara de Representantes por la capital- describió su propuesta política a los oyentes mañaneros de Caracol sin darle mucha trascendencia al hecho que -a sus escasos 25 años- ya haya dado su primer “voltearepzao” de Cambio Radical al Partido Conservador. Enseguida, la candidata no esperó para asegurar sin reparos ni humildad que su gran logro era ser la candidata más joven del país, como si en Colombia tener cédula nueva garantizara inteligencia u honestidad. Pero el problema de los jóvenes políticos va más allá de unos casos aislados de viejos vicios e ideologías arcaicas y recae en el hecho que un político joven no es sinónimo de renovación o de propuestas inteligentes para problemas serios. Para la muestra, la “bancada de los gomelos” en el Concejo de Bogotá, más conocida por sus escandalosas fiestas que por la seriedad de sus propuestas. O la propuesta de Tapias de crear el Instituto Colombiano de la Juventud, ¿para qué diablos serviría una entidad de esa categoría? El modelo de ascenso de estos nuevos políticos permite que las personas pasen de un aula universitaria a presentar su nombre en una balota electoral, sin la necesaria experiencia profesional o la rigurosidad académica requerida. Esto implica que los nuevos políticos aprendan de su oficio a través de un ejercicio de prueba y error a costa de la sociedad, sin aprender de lo público antes de meterse a experimentar con la vida de todos. Es importante recordar -más aún en épocas electorales- que la ingenuidad, la intolerancia, la corrupción y las malas maneras políticas son universales y, cómo no, atemporales.

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Dom 7 de Febrero, 2010 - 9:09 pm
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Publicidad política: mucha plata, poco coco

¿Qué será lo que los políticos buscan cuando mandan a hacer su publicidad?
La respuesta obvia es votos pero ¿cómo pretenden que su publicidad se los consiga?

En el caso específico de los afiches, que son un medio que puede comunicar una cantidad de información muy limitada y que por lo tanto difícilmente conseguirá votos por sí mismo, hay dos usos lógicos.
El primero es para candidatos reconocidos que pueden ser no-políticos, tipo Aura Cristina o El Tino o políticos consagrados tipo Robledo o Benedetti. Estos personajes ya tienen una “hinchada” y con que los afiches digan (ojalá creativamente) que se están lanzando, a qué se están lanzando, el número que hay que marcar y el partido, es suficiente. Por su trabajo previo la mayoría de la gente ya decidió si votará o no por tal o cuál y el afiche difícilmente podrá cambiar una percepción desarrollada a través de mucho tiempo. Por lo tanto el objetivo de la pieza publicitaria es simplemente recordarle a la “hinchada” que tiene que ir a votar por su candidato y cómo debe hacerlo.
El segundo uso es el que deberían darle a los afiches la mayoría de los candidatos a los que no los que no conoce ni la mamá. Estos candidatos no pueden hacer afiches sólo con la información básica porque necesitan darse a conocer y diferenciarse de los demás. La misión de sus afiches es impactar y decir cómo votar, en ese orden. Todo lo que no contribuya a eso sobra.  Si usted tiene el físico de Natalia Paris ponga una foto sexy y su información y ya; su eslogan, sus propuestas o su recorrido sobran. Pero si usted es Celina Soto, Andrés Villamizar o Fabio Lozano (con todo respeto) su foto no impacta y por lo tanto no tiene por qué estar ahí. Destínele un pedacito de la fortuna que se va a gastar en afiches a buscar un buen publicista que le cree un buen eslogan y un buen logo que impacten y generen recordación. Por bueno que sea el candidato lo más probable es que el solo afiche no le consiga muchos votos, pero seguramente un afiche audaz le servirá para abonar terreno.

Ps. Del primer tipo de afiche hay varias muestras decentes en circulación (Lucero, Benedetti, Galán, etc.) pero sólo la de Robledo es atrevida -aunque debería incluir el número-. Del segundo tipo de afiches no hay ninguna muestra visible por las calles de Bogotá y en lugar de innovar como lo está haciendo Robledo (que no necesita hacerlo), los NNs de la política parecen haber optado por una versión colorida de los avisos de los niños perdidos del ICBF.

Ps2.Un bonus track que muestra que los políticos reconocidos también pueden ser olímpicamente chambones.


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Mar 2 de Febrero, 2010 - 3:37 pm
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La Mano Amiga de los Nule

Por estos días, Guido, Manuel y Miguel Nule lideran titulares y protagonizan más de un artículo en su contra. Su nombre es hoy en día sinónimo de deudas, pleitos y obras inconclusas. No sin razón, la mayoría de los medios ha cuestionado públicamente su trabajo y su conducta. Sin embargo -y como es bien sabido- los Nule no descuidan sus amistades.

Fue precisamente una mano amiga la que se atrevió a escribir el único artículo que parece querer defenderlos, según el cual “Hoy se les ve reflexivos, nerviosos y armados de argumentos para defender como gatos panza arriba lo que consideran furiosos ataques de competidores por una situación temporal de iliquidez y que se resisten a dejarlos transitar por los estrechos corredores del mundo empresarial”. La mano es de Norbey Quevedo, quien el pasado 24 de enero en El Espectador, en una defensa enmascarada -como bien lo describió un lector- casi invita a organizar un teletón por estos tres ‘jóvenes emprendedores’. 

A este buen amigo hay que recordarle que estos ‘emprendedores’ le deben $13.574 millones al Estado, tienen problemas con el mantenimiento de 4 acueductos del país,  tienen bloqueada la bodega en donde se prepara el material para la doble calzada Bogotá-Girardot y además están atrasados en la construcción de un tramo que afectaría la entrega de la troncal de Transmilenio en la calle 26 de Bogotá.

Pero quiza la benevolencia de algunos periodistas no debería sorprender ya que  como lo dice en su última  columna de opinión de El Espectador María Elvira Bonilla “la fórmula de éxito de los Nule ha sido una combinación de ingeniería (…)  en donde desempeña un papel importante su jet particular,  y la oportuna y calculada financiación de campañas políticas en los ámbitos local, regional y nacional, sin descuidar los medios de comunicación”.

Es que un buen amigo está en las buenas y en las malas, pero sobre todo en las malas. Lástima que a Norbey le falle la memoria, le sobre lealtad con sus amigos y le falte criterio con su público. Ojalá un día de estos se vuelva un buen amigo de los colombianos.


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Lun 25 de enero, 2010 - 10:02 pm
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Buscando la calentura en el Código

Para los que no son abogados, discutir la reforma al Código Contencioso Administrativo debe ser algo así como cruzar el Niágara en bicicleta. Sin embargo, creemos que su actual trámite en el Congreso revela muchos de los problemas estructurales de la rama judicial y que por eso vale la pena mirarlo en un blog que no es para abogados.
 
Para quienes no lo saben, el CCA, como cariñosamente lo llaman los abogados, sirve para dos cosas: i) para reglamentar los procesos judiciales en que una entidad pública es parte y (ii) para señalar los trámites que deben seguir las entidades públicas en sus relaciones con los particulares (por ejemplo para entregar una pensión u otorgar una licencia de construcción).
 
La principal razón para querer modificarlo es ponerlo al día con la Constitución del 91 e implementar el sistema oral en esta área del derecho con el propósito de descongestionarla. Pero desafortunadamente las causas reales de la congestión no son ni que el Código sea de 1984 ni que en la jurisdicción se utilice un proceso judicial escrito, sino causas bastante más profundas. Nosotros, con mucho esfuerzo, las reunimos en tres:
 
La primera es que la rama ejecutiva con su irresponsable y errática forma de llevar esas relaciones con los particulares provoca pleitos judiciales todo el tiempo.
 
La segunda es la perversa forma en que algunos particulares entienden al Estado: un gran órgano con recursos inagotables que puede ser demandado y explotado indefinidamente.
 
Y la tercera es la lentitud generada por la falta de compromiso de algunos operadores de justicia que no son conscientes del carácter público del servicio que prestan.
 
Estos tres fenómenos requieren un cambio de mentalidad en la rama ejecutiva, la ciudadanía y la rama judicial respectivamente; cambios que no es fácil ni rápido llevar a cabo y que por lo tanto la rama judicial decide sustituir por modificaciones a lo códigos que no resultan en nada. Como dice el dicho, parecerían estar buscando la calentura de la fiebre en las sabanas, o mejor, en el código.

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Mar 19 de enero, 2010 - 3:47 pm
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Los Dueños de Bogotá

No se habla mucho de ellos en las noticias, pero Uldarico Peña y José Eduardo Hernández son los dueños de Bogotá. Su historia es de fábula; pasaron de ser humildes taxistas, a decidir, por encima de los alcaldes, qué se hace y qué se deja de hacer en una ciudad de 9 millones de habitantes.

El admirable camino que los señores Peña y Hernández empezaron a recorrer en 1971 está  marcado por el ingenio, el oportunismo y, sobre todo, la falta de políticas públicas a largo plazo  para la movilidad bogotana.

Desde el tiempo en que estos personajes empezaron en el taxismo hasta hoy, ha habido diversas reformas en el transporte capitalino, desde los efímeros troleys, pasando por la eliminación de los “chupas” azules, hasta la llegada del transmilenio y del pico y placa, por sólo mencionar algunas. De cada cambio han sabido sacar ventaja y su modelo de negocio se ha hecho más fuerte.

Actualmente no se sabe a ciencia cierta cuántos taxis circulan en Bogotá, pero la empresa de Peña y Hernandez tiene afiliados más de 25 mil vehículos amarillos, que circulan en doble turno.

Sus defensores dicen que su empresa (los unos) da de comer a más de 50 mil familias; sin embargo dicho en otras palabras, a su empresa le entran mensualmente más de 7500 millones de pesos sin tener que pagar ningún tipo de seguridad social a sus empleados. Adicionalmente son dueños del Centro Comercial Carrera, que no es otra cosa que el acaparamiento de otro segmento del negocio, los repuestos y accesorios para los taxis (que, a propósito, cada vez parecen más salidos de Fast & Furious).

Los dueños de Taxis Libres pueden decidir quién queda y quién no queda elegido como alcalde (se dice que han financiado las campañas los últimos 6 alcaldes) y si se les llegan a ”voltear“, tienen métodos de negociación bastante persuasivos, como el gran paro de transporte que organizaron en la alcaldía de Mokus.

Los taxis son una parte importantísima de la movilidad de una ciudad, especialmente de una sin un sistema de transporte masivo. El servicio que prestan debería estar ampliamente regulado y vigilado, debería haber estándares de higiene y seguridad estrictos para vehículos (más allá del ambientador y el extintor en el paral), educación en urbanidad y turismo para los taxistas, jornadas máximas, etc.

Bogotá está en mora de tener un alcalde con pantalones, que se enfrente a este poderoso gremio  y empiece a trabajar verdaderamente por las mayorías silenciosas.


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Colectivo ganador de la convocatoria de La Silla Vacía buscando un nuevo blogger entre nuestros usuarios. Está conformado por: Diego Laserna, Ana Carolina Osorio, Santiago Pardo, Lázaro Ramirez, Priya Arci, Lina Diaz Jose Ramiro Sanín, Diego Mariño, Santiago Lizarralde, Sergio Guzman y Federico Ramírez.




Acerca de este blog


Espacio dedicado a escarbar y comentar las “metidas de pata” de la actualidad política colombiana. Las "píldoras" buscan destapar embarradas cotidianas con la sincera ilusión que no lleguen a consumarse. Este blog fue el ganador de una convocatoria dirigida a los usuarios de La Silla Vacia.