Lunes 13 de Abril de 2009
Cuando se discutió el Código de Policía para Bogotá, algunos de los concejales se enzarzaron en un debate sobre la necesidad de que los gatos –como los perros bravos- estuvieran obligados a llevar bozal. Por falta de tiempo, no discutieron medidas para proteger a los ciudadanos de las afiladas uñas felinas (unos mitones por ejemplo) o incisos para regular la emisión de pelo gatuno tan irritante para los alérgicos.
La norma finalmente excluyó a los gatos y a los french poodle mini toy del uso obligatorio de bozales y otros adminículos de seguridad y control, pero mantuvo un rosario de prohibiciones surreales. Por ejemplo, en el artículo 87 se obliga al uso del castellano en los avisos comerciales y se recuerda que los errores ortográficos serán considerados como “contaminación visual”. Nada de drive thru, self service o el uso de nombres como Heladería Eliglú o Estanco Buchanas.
Pero mucho antes de que este código local estuviera vigente, hemos soportado sin darnos cuenta una pieza magistral de la imaginación punitiva: El Código Nacional de Policia expedido en 1975. Esta norma incluye penas todavía vigentes como la multa para los que no izan la bandera nacional los días indicados por el reglamento y el arresto -de uno a seis meses- para los que ejecutan hechos obscenos en sitios públicos (léase: broncearse las tetas en el Tayrona, besos apasionados en la calle o cualquier cosa que le quepa en la cabeza al policía de turno).
Por suerte en estos casos, la animosidad regulatoria se queda en los debates y las cláusulas terminan hibernando en gacetas que nadie lee, y mucho menos, implementa. Al día de hoy, ningún comandante de la policía ha montado una batida un veinte de julio para multar, apartamento por apartamento, a los que no sacaron el pabellón nacional por la ventana. Ni un Director del Inpec ha decidido crear un pabellón en la cárcel modelo para guardar a los lujuriosos que han usado el carro para fines poco convencionales.
A veces es bueno que en Colombia todas las cosas se queden en el papel.
Y que tal la obvias - y que sí sirven- pero que nadie hace cumplir en Bogotá? Por ejemplo los buses que se dan licencia para manejar de noche con las luces apagadas (para que el peatón pueda leer la tablilla sin encandilarse).
la otra vez estaba mirando el código de transito y hay todo un capitulo de normas sobre el peatón que nadie hace cumplir y que probablemente sean desconocidas por "la autoridad". De los buses hay una muy clara que dice que solo pueden parar en los paraderos. Creo que no debe haber el primer comparendo por este motivo a pesar de que la norma se viola varias veces por minuto en Bogotá.
O prohibir tomar fotos en lugares públicos a menos que uno no parezca de por aquí (porque no hay que molestar al señor turista). Todo depende del gusto y genio del policía, como todo.
Hombre, jurisrua, joyas de ese tipo es lo que hay por montones en las montañas de normas que tenemos.
Muy interesante, entran a mi museo personal de normas que constituyen unas verdaderas "joyas", por su ineptitud, ineficacia o simple estupidez