Uno de los rasgos más típicos de Hugo Chávez es su mentalidad de nuevo rico: cree que todo se arregla con plata. Ante la amenaza que para él representan las bases gringas en Colombia (corrección: el convenio de cooperación militar entre Estados Unidos y Colombia), disparó (nuevamente) sus alarmas, se fue de compras, y se llenó de tanques, cohetes, submarinos, y convenios militares y hasta nucleares. No necesitaba comprar tanta cosa para superar a Colombia en equipamiento militar, pues el balance históricamente ha favorecido a Venezuela.
Sin embargo, a la hora de las chiquitas, la probabilidad de que en un hipotético escenario de conflicto bélico contra Colombia Venezuela se imponga, es remota porque a Venezuela le falta lo que a Colombia le sobra: unas fuerzas militares cohesionadas, entrenadas y disciplinadas. No es posible ganar una guerra con aviones pero sin pilotos, con tanques pero con una oficialidad maltratada, corrompida, resentida y dividida. No es posible llevar a un país a una guerra cuando la mitad del país odia a su gobierno, y eso se refleja al interior de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (“FANB”).
La situación de la FANB desde el punto de vista del componente humano es patética por muchas razones.
Por una parte, Chávez politizó a las fuerzas militares venezolanas. Los militares en la fila fueron obligados a incluir “Patria Socialismo o Muerte, Venceremos!” dentro del saludo militar, lo que además de violar todos los códigos militares, generó el rechazo temeroso en quienes consideran que la fuerza armada debe ser la defensora de las instituciones, y no de un presidente, de un partido o de un modelo político. La lealtad de la oficialidad hacia Chávez se sustenta en dos factores: la corrupción y el miedo. Mientras unos se enriquecen con los negocios que la robolución les entrega sin control o cuenta alguna, los demás temen a su mano implacable que los ha acabado cuando por cualquier sospecha el comandante los ha considerado desleales a su causa (ver la entrevista de El Espectador del domingo al general Baduel). Todas las compras del gobierno, y prácticamente toda la administración en Venezuela está en manos de militares de cualquier rango. A ello se suma la corrupción que surge del desmadre en el manejo de puertos, empresas y demás propiedades tomadas sin formula de juicio y expropiadas, todas en manos de militares.
Existe, además, una forma de tortura que Chávez ha aplicado a la oficialidad que no le ha demostrado su incondicionalidad, pero que todavía no la han embarrado tanto como para que los meta a la cárcel, y es la de la indiferencia e indefinición. Me explico: hay muchos oficiales activos, que se han quedado sin trabajo, sin batallón, sin funciones de ningún tipo, pero que siguen siendo activos y están en sus casas. Podrán recibir sueldo, pero no tienen nada que hacer, y siguen bajo el régimen legal militar. Conozco a un coronel activo de la fuerza aérea que vende Herbalife. No me cabe duda de que en un escenario bélico, todo ese resentimiento que sin duda se ha generado al interior de la fuerza debería explotar, y buena parte de la oficialidad podría insubordinarse.
Además, Chávez rompió con el monopolio de la defensa que deberían tener las fuerzas armadas, al crear el cuerpo de las reservas o milicias bolivarianas que no es otra cosa que armar a la población civil, confiando a ésta la defensa del país en el evento de un conflicto o un ataque interno o externo. Por lo que se dejan ver, los milicianos o reservistas son un grupo de personas fuera de forma, sin entrenamiento ni mística militar alguna, que marchan como si estuvieran en una marcha del PSUV de esas que se ven Venezuela porque sí o porque no. Y lo peor: como Chávez no tenía suficientes mandos para comandar a las milicias, ascendió a oficiales a un número importante de suboficiales para suplir esta deficiencia. Esto generó un gran descontento entre los oficiales de todas las fuerzas.
Por otra parte, la jerarquía militar está hecha trizas. Chávez ha nombrado a sus amigos sin consideración a su preparación o grado militar, en todas las entidades públicas, o los ha apoyado para los cargos de elección popular, generando un corto circuito en el sistema de autoridad y jerarquía. Por ejemplo, la cabeza del Servicio Nacional Integrado de Aduanas y Tributos SENIAT, uno de los cargos de mayor poder en el país, está en manos del teniente José David Cabello, hermano además del superministro Diosdado Cabello. Dentro del SENIAT le reportan y le deben obediencia al teniente Cabello, coroneles y otros oficiales de alta graduación que trabajan en dicha entidad. Otro caso es el del gobernador de Aragua, el teniente Rafael Isea, y así sucesivamente. Eso de que un general o un coronel le tenga que obedecer y rendir la pleitesía militar a un teniente o a alguien de grado inferior en las fuerzas militares no cala, créanme.
Finalmente, la falta de preparación y entrenamiento del personal de las FANB es crítica. Los pensantes se fueron, y sólo quedan los oportunistas o los que le vendieron el alma al diablo. Además, como a los suboficiales y técnicos los ascendieron a oficiales, hay escasez de personal en las áreas técnicas. A la incapacidad técnica se le suma la obsolecencia de los equipos existentes, y el cambio cultural que traen los equipos que se están adquiriendo (la tecnología rusa es completamente diferente). Venezuela tenía y tiene equipo militar americano que ya está cayendo en desuso y se está deteriorando porque los Estados Unidos no les venden repuestos ni asistencia, y el material ruso no hay quien lo opere. De todos los aviones Sukhoi que ha comprado Chávez, sólo un par están operativos. Hay más aviones F-16 (que ya tienen 25 años) en operación que Sukhoi, porque no hay quien los vuele, y los tanques y sistemas antiaéreos que está comprando no necesariamente le permitirían masacrar a Colombia, mucho menos a los Estados Unidos .
En fin, yo creo que el armamentismo de Chávez implica un caso más de la mala gerencia que aplica a todo lo que hace. Está más movido por su locura y obsesión de dominio geopolítico de la región, y por su frustración de creerse el general Montgomery y nunca haber disparado un tiro de verdad.
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