Luis Fernando Gamboa- Universidad del Rosario
Recientemente una columna titulaba “dime de qué colegio eres…” como una crítica a la polarización actual de nuestra desigual sociedad. La revista Dinero publica también un ranking anual que provee información a padres sobre los puntajes en la prueba SABER 11 y que ayuda a alimentar ese gusto por la exclusividad. No obstante, mantener la calidad de la prueba utilizada para el ranking y responder a las necesidades del concepto de calidad educativa es un reto al cual se enfrenta diariamente el ICFES. Pero el objetivo no es la prueba per se. Pero parece que el premio si lo es. Obtener un alto puntaje se ha vuelto un fin, con consecuencias económicas claras. Los colegios lo saben y actúan también en función de ello.
La disponibilidad de una medida de calidad es una alternativa para el monitoreo de la educación cuando ésta es objetiva, comparable y confiable. No obstante esto, los actores involucrados muchas veces tienden a utilizar todas sus estrategias posibles para esconder sus debilidades. En esta lucha estratégica, son muchos los resultados posibles. De ahí que los resultados de las pruebas deban verse con mayor cuidado y análisis. La experiencia en la implementación de la prueba muestra que incluso hay quienes la presentan con el fin de obtener algunas preguntas para su actividad de negocio o los mismos profesores, en otros casos, los colegios intentaban manejar por aparte la inscripción de personas con algún tipo de limitación física o cognitiva. El porcentaje de personas que toman la prueba más de dos veces es considerable (22000 personas en 2009 y 12000 en 2008). Ante esto, el Icfes ha ido trabajando para que la prueba refleje algo más que el resultado de una preparación y para tener una idea lo más precisa posible de su verdadero desempeño como proveedores del servicio educativo en relación a sus pares. Las instituciones que ofrecen cursos de preparación aumentan su difusión día a día, así como el mensaje publicitario sobre los puntajes obtenidos en años previos por parte de muchos colegios. No obstante, existe un conjunto de unos 20 a 30 colegios que siempre pertenecen a los cien mejores y aún así, nunca utilizan el puntaje como distractor publicitario. El premio no es el puntaje en SABER es la calidad ofrecida. Las pruebas pueden ofrecer una imagen falsa de las verdaderas competencias de los estudiantes.
Ante esto y la idea que la educación es más que un puntaje en una prueba de una asignatura particular, la tarea de los padres debería ser otra. Investigar sobre el modelo pedagógico, sobre las cualidades y capacidades necesarias para adaptarse en él, sobre el tiempo disponible para el acompañamiento de los hijos y sobre la disponibilidad de recursos para esta inversión. Si bien el puntaje obtenido permite la obtención de becas y cupos universitarios, no es la garantía del éxito cuando carece de respaldo en términos de competencias y de adaptación a la demanda del mercado de trabajo. Ello ha llevado a que rectores, instituciones de capacitación “preicfes” y padres diseñen sus estrategias en función de maximizar el puntaje en la prueba. Esto puede llevar a lo que se conoce como “inflación de puntajes” y se descuide el desempeño relativo de los mismos estudiantes.
Los cambios en la estructura de la prueba (longitud, duración, competencias evaluadas) pueden ser un riesgo para aquellas instituciones que se enfoquen en el modelo tradicionalmente empleado y el costo es asumido por padres y estudiantes sin que sea fácil encontrar remedio oportuno. Por ahora la pregunta que queda en el ambiente es si los padres como ejecutores principales de la selección de colegio reconocen en la prueba un reto a vencer o la ven solamente como una señal para elegir plantel.
