Ana María Ibáñez
Sin duda, estas elecciones se tornan cada vez más interesantes. A principios de año, todo indicaba que íbamos a tener unas elecciones sosas, con poca discusión sobre ideas fundamentales y con un ganador seguro. Pero el Partido Verde ha cambiado el panorama y seguimos día a día los nuevos desarrollos. Ahora se están debatiendo más las ideas fundamentales y el modelo del presidente Uribe no está escrito en piedra. Se proponen algunas modificaciones fundamentales y, en otros campos, se asegura la continuidad.
Quiero, sin embargo, manifestar mi decepción con el poco debate que se ha dado en torno al tema de las víctimas del conflicto armado en Colombia. Y, ¿por qué es importante una política de atención y reparación a las víctimas? Los argumentos son tanto económicos como políticos. Doy el ejemplo de la población desplazada. Antes de ser víctima del conflicto, la población desplazada no era necesariamente pobre. Trabajaban y derivaban sustento de sus predios, proveían bienes agropecuarios en los mercados, su consumo mínimo estaba asegurado, estaban insertos en redes sociales históricas, eran miembros de organizaciones productivas y habían invertido sus ahorros en activos para mejorar su producción. La llegada del conflicto a sus municipios les significó el ataque de los grupos armados ilegales y, debido a la incapacidad o negligencia del Estado para protegerlos, fueron victimizados y debieron huir, dejando su vida atrás. Perdieron la tierra, sus redes sociales, el apoyo de las organizaciones productivas y sus inversiones, todo lo cual condujo a no tener garantizado un consumo mínimo decente. Esto sin profundizar en las agresiones a las cuales fueron sometidos: homicidios, violaciones, amenazas, masacres y reclutamientos forzosos, entre otros.
Desde un punto de vista económico, atender a las víctimas es de interés de toda la sociedad colombiana. El choque que sufrieron genera un conjunto de dinámicas que sumen a los hogares en trampas de pobreza. No debemos atender a la población desplazada con políticas paternalistas y asistencialistas. Considero que se deben reparar, devolviéndoles sus tierras y activos para que de nuevo aporten a la producción del país. Así podemos eliminar las políticas asistencialistas que significan una carga fiscal y una movilización significativa de recursos del país, y son tan poco dignas para la población desplazada.
Desde el punto de vista de la reconciliación del país y la construcción de un Estado justo y equitativo la reparación de las víctimas es aún más fundamental. Estudios demuestran que los países en posconflicto enfrentan el mayor riesgo de caer de nuevo en conflicto. Los procesos de reparación, al desactivar algunas de las causas iniciales de los conflictos, reducen este riesgo. Por esto la reconciliación es tan importante y merece un poco más de debate en la discusión electoral. La reconciliación después del conflicto requiere el reconocimiento de los procesos de victimización. Los victimarios deben pedir perdón a las víctimas y la sociedad, en pleno, debe ser solidaria con las víctimas del conflicto. Es imprescindible que la sociedad colombiana se reconcilie y acuerde que nunca más se van a permitir los horrores cometidos a lo largo de este conflicto.
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