Por: Jairo A. Rendon
Los equipos de fútbol en Colombia están quebrados, a varios jugadores hace meses no les pagan y Coldeportes amenaza con intervenir el fútbol colombiano arriesgándonos a que la FIFA nos sancione y excluya de toda competencia internacional. Pero los problemas del fútbol colombiano están lejos de solucionarse con una inyección de capital. La actual organización de los clubes de fútbol es tal, que cualquier capitalización lo único que hace es prolongar la constante agonía con clubes quebrados y fútbol de quinta. El proyecto de ley que se radicó esta semana en el Congreso y con el cual se pretende que los clubes con deportistas profesionales puedan organizarse como sociedades anónimas es un buen primer paso para enderezar el camino.
Gran parte de los problemas en el fútbol se deben a la forma en la que están organizados los clubes deportivos. Actualmente en Colombia los clubes con deportistas profesionales están organizados como corporaciones o asociaciones deportivas sin ánimo de lucro, esto implica que no se pueden repartir utilidades entre sus asociados.
Claramente, bajo estas condiciones, el incentivo no está en tener clubes de fútbol que generen dinero. El negocio está en hacerse del control administrativo del club para poder diseñar negocios que trasladen las potenciales utilidades que genera el equipo a aquellos que tienen el control.
Esta práctica es evidente con la gran concentración de los derechos de voto que existe en los clubes del fútbol profesional colombiano y solo basta recordar la fallida propuesta de los antiguos socios de millonarios de emitir derechos sin voto para capitalizar y “salvar” el club pero dejándolos con el control. Dadas estas condiciones no es de sorprender que los clubes anden constantemente quebrados e incumpliendo sus obligaciones. Lo óptimo es exprimirlos hasta que no den más.
Es indiscutible que para poner en orden el fútbol colombiano se necesita dinero para sanear los equipos, pero con el esquema actual ningún inversionista serio se le va a medir al negocio del fútbol y estamos condenados a seguir en las mismas. Si el fútbol colombiano necesita que lo capitalicen, los inversionistas solo llegarán si existen condiciones para que sus inversiones tengan expectativas de generar algún retorno y esto requiere que los clubes se administren como empresas que busquen maximizar utilidades.
El proyecto de ley que cursa en el Congreso busca permitir que los clubes deportivos se conviertan en sociedades anónimas, bajo este esquema, ahora los inversionistas no solo tienen derecho al voto sino también a las utilidades que genere el equipo y cuando hay plata de por medio las cosas son a otro precio.
Aunque el proyecto de ley radicado en el Congreso es un buen primer paso, a este todavía le faltan algunos ajustes para que el fútbol logre atraer a inversionistas serios y no solamente a hinchas apasionados. Por ejemplo, el parágrafo 2 estipula que ninguna persona “podrá participar en la propiedad de más de un club del mismo deporte,” una cláusula que parece más orientada a hinchas que a inversionistas. Es como si quien comprara acciones de Bancolombia no pudiera comprar acciones de Davivienda, lo cual restringe la diversificación.
El fútbol es un negocio gigante a nivel mundial y los equipos de fútbol deben poder manejarse como empresas de talla mundial. La experiencia muestra que convertir a los equipos en empresas puede ser un buen camino para sanear el fútbol, en Chile se aprobó una legislación similar cuyo primer beneficiado fue el Colo Colo, que de estar en la quiebra pasó a ser un club rentable y alcanzar grandes triunfos deportivos luego de ser capitalizado y convertido en una sociedad anónima.
