Por Marcela Eslava
El audaz anuncio del Ministro de Transporte, según el cual se eliminará la famosa tabla de fletes, es de aplaudir. Esta tabla regula, desde 1997, los precios mínimos a los que se puede transportar carga en el país. Surgió en una doble coyuntura. Por un lado, había preocupación de los transportadores por la sobreoferta de capacidad de transporte y los consecuentes bajos precios de este servicio. Por otro, había una enorme debilidad del gobierno (pleno proceso 8000) que lo hizo particularmente proclive a satisfacer las demandas de los grupos con poder mediático, entre los cuales los transportadores y su capacidad de paro tienen un lugar destacado.
La tabla tiene un gran pecado original (y otros en su diseño, que no mencionaré aquí): buscaba solucionar la consecuencia del problema (los bajos precios), pero sin atacar su causa (la sobreoferta). Las consecuencias de este pecado han sido funestas. Por un lado, al persistir la sobreoferta hay transportadores dispuestos a transportar a bajos precios, que se saltan la tabla, con tal de no dejar sus camiones parados. De ahí los altos niveles de informalidad: algunos transportadores no formalizan su servicio porque les tocaría cobrar unos precios (los fletes regulados) que los dejarían sin trabajo, y sus clientes aceptan esto para pagar bajos precios. Por otra parte, los fletes regulados acaban empeorando el problema de la sobreoferta: como la carga formal tiene que ser transportada a esos altos precios, el negocio formal (que, de todas maneras, tiene algunos grandes clientes asegurados) es más rentable de lo que debería. Se estimula así la entrada de más camiones. Finalmente, al concentrar la atención de la regulación del problema en la tabla, se le ha restado importancia a una fuente fundamental de la sobreoferta (que es el combustible inicial de todo el problema): la necesidad de hacer cumplir el requisito de chatarrizar los camiones que superan la edad máxima permitida. Sólo un dato: en el momento en que se expidió la tabla, la edad PROMEDIO del parque camionero superaba el límite máximo permitido en la ley!
Así las cosas, los resultados finales han sido la persistencia del problema fundamental y una interminable secuencia de paros camioneros en que los transportadores protestan, precisamente, por el incumplimiento de la tabla, la informalidad y la sobreoferta. Mejor dicho, la tabla les ha dado todavía más motivos para irse a paro. La solución del problema tiene que pasar por eliminar una regulación que trata de mantener unos precios artificialmente altos, sin que las condiciones del mercado se lo permitan. La necesidad de eliminar la tabla la señalaban ya los estudios en 1999, anticipando que no iba a ser cumplida, y que empeoraría el exceso de oferta y la informalidad. Pero se necesitan voluntad y brazo políticos para poder implementar esta decisión. La voluntad y el brazo que este gobierno parece tener.Ojalá le permitan mantenerse firmes ante el nuevo paro que nos anuncian...sabemos que ese paro sería costoso, pero no más que los que vendrían en el futuro por las mismas consecuencias de mantener la tabla.
Publicidad
