Por: Oskar Nupia
En diciembre de 2010 escribí sobre las “pre-cuentas” (ver aquí). En ese entonces nos las pasaban en los restaurantes como si fueran facturas. Hoy, ya son prohibidas (no sé en qué medida sirvió esa entrada para influenciar la regulación). Traigo esto a colación, porque este fin de semana tuve una conversación muy interesante sobre las propinas. Me gustaría resaltar dos puntos de la misma:
1) En muchos países, la propina sirve para mejorar los ingresos de gran parte de los trabajadores en el sector servicios. Usualmente estos sectores cuentan con salarios bajos y la propina representa una proporción importante del ingreso de los trabajadores.
2) Las personas que pagan propina lo hacen con la esperanza de que el dinero vaya directamente a los trabajadores como una adición a su salario contratado. Este punto es importante, porque los empleadores pueden tener incentivos a cubrir los salarios con las propinas, o incluso a hacer ganancias directas con las propinas.
Cuando en Colombia pagamos una propina, usualmente nos preguntan si la queremos incluir en la cuenta. Eso me parece bien, porque la gente voluntariamente decide si dejarla o no. Sin embargo, una vez pagada, no existe ningún control sobre su destino ¿Quién nos asegura que a ese 10% se le da el destino adecuado? No tengo datos, pero si uno calcula el 10% del PIB del sector servicios, la cifra no es despreciable.
