Por Marc Hofstetter
twitter: @mahofste
No, no se trata de una propuesta de Angelino ni de Eduardo Sarmiento. Ni siquiera de una envalentonada declaración de Julio Roberto Gómez. Así, con esa propuesta, suelo comenzar la discusión sobre los efectos del salario mínimo con mis estudiantes.
A algunos inicialmente les suena la idea. El salario mínimo le garantiza a los trabajadores formales, usualmente a aquellos con poca experiencia o baja formación académica, un salario que el resto de la sociedad ha estimado razonable, que les permite a ellos y sus familias llevar vidas que consideramos dignas. Así que ¿por qué no duplicar su dignidad?
Bueno ¿y el otro lado de la moneda, la de las empresas, familias y el mismo Estado que pagan los salarios? Algunos estudiantes espontáneamente aportan esta perspectiva a la discusión. En efecto, si Ud está empleando a alguien—alegan—y el Estado le dice que ahora debe pagarle el doble, es bien probable que haga caso omiso de la regla. Si el empleado era tan valioso que merecía ganarse el doble, probablemente ya le habrían ajustado el sueldo. Si lo que le aporta el empleado no aguanta tal ajuste, la suerte de este será una de dos: o la nueva regla hará que lo despidan o le pagarán menos del mínimo y engrosará las filas de los informales.
Lo que pone de presente el párrafo anterior es que una distancia demasiado grande entre lo que el trabajador se ganaría en un mundo sin salario mínimo, regido por las reglas del mercado, y el que se ganaría en presencia de dicha regla, más que aumentar la dignidad podría incrementar el desempleo y la informalidad.
A veces, con frecuencia con ayuda de algunas pistas, hay un tercer grupo de estudiantes que defiende el siguiente punto. Si uno sube el salario mínimo aumenta el poder de compra de los trabajadores, la economía crece y todos nos beneficiamos. –Hmm—suelo decirles—el punto es bueno, pero en general desconfío de los argumentos que prometen sacarnos de pobres por decreto—.
Bueno, ¿y hay evidencia de que subir el salario mínimo muy por encima de lo que le pagarían a la gente en ausencia del mismo causa mayor desempleo? El asunto ha sido ampliamente debatido en la literatura económica. Para Colombia la siguiente gráfica aporta algunas luces a nuestro caso. Presenta tasas de desempleo municipales contra el cociente entre el salario mediano del respectivo municipio (el que se gana un trabajador si uno ordena todos los salarios del municipio y toma el de la mitad de la distribución) y el salario mínimo.
Si la hipótesis que suelen lanzar los estudiantes es cierta uno esperaría que entre más alto sea ese cociente de salarios, menor debería ser el desempleo municipal. Los resultados gráficos son consistentes con esa hipótesis.
Gráfica 1: Desempleo vs Ingreso Mediano como Proporción del Salario Mínimo

Si uno se toma en serio la gráfica se lo pensaría dos veces antes de proponer aumentos drásticos en el salario mínimo. Además, apoyaría las propuestas que en el pasado han circulado postulando la idea de salarios mínimos diferenciales, por región o por edad.
Finalmente, el gráfico sugiere que el sistema de concertación del salario mínimo está mal pensado. Los desempleados y los informales, siendo la mayoría de la fuerza laboral colombiana y los verdaderos damnificados de los posibles excesos en los ajustes, no tienen voz en esa discusión. Los sindicalistas—privilegiados con trabajos formales—no los representan. Los empresarios tampoco.

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