Por Juan Camilo Cardenas.
Joseph Stiglitz hablará hoy (Nov.20.09) en un foro de la Fundación Carlos Lleras Restrepo y esto es lo que quiero preguntarle, mientras les pregunto también a nuestros lectores de Blogoeconomía:
¿Tenemos políticas públicas por un lado, y preferencias sociales por otro, que parecieran ser bastante tolerantes al incremento de la desigualdad, en aras de la eficiencia? y si es así, ¿hasta dónde es deseable o aguantable tanta desigualdad para un país?
Lo pregunto por dos razones, una, que Colombia de manera desvergonzada continúa su carrera ascendiente para alejarse en su primer lugar de desigualdad en la región.
Segundo, porque ademas de los hechos recientes de discusión y "aprobación" a una de las políticas para el sector agropecuario, tenemos un ejercicio experimental con una muestra (sesgada y no representativa, pero una muestra que no debemos ignorar) de ciudadanos que pronto votarán. Estos datos sugieren que sí hay una fracción considerable de personas que toleran o prefieren resultados inequitativos incluso sobre resultados socialmente eficientes. Abajo está la parte técnica si al lector le interesa, o simplemente hagan el ejercicio con sus parientes, compañeros de trabajo, o vecinos, y nos cuentan.
Supongamos solo por un minuto, que el resultado de la votación a la moción de censura al ministro de agricultura no es mas que un reflejo real de las preferencias de una mayoría mínima necesaria de los ciudadanos representada en los parlamentarios. En otras palabras, que la democracia si está funcionando y el congreso si representa al país y una mayoría mínima necesaria está de acuerdo con un modelo económico como el que el programa de AIS promueve, y probablemente otras políticas que pasarán por la mente de los lectores.
De hecho al comienzo de la controversia sobre AIS, este fue precisamente el argumento de defensa del anterior ministro.
Ahí queda la pregunta para Ustedes y para Stiglitz.
Apéndice “técnico” para el que tenga curiosidad.
El experimento era este: 128 estudiantes de la Universidad de Los Andes entre los 17 y 24 años participaron en el siguiente juego que se hacía en parejas y de manera simultánea. Cada persona debía decidir entre jugar X o Y, bajo estos incentivos:
- Si Usted juega Y y el otro Y, Usted se gana $1,000
- Si Usted juega Y y el otro X, Usted se gana $30,000
- Si Usted juega X y el otro X, Usted se gana $10,000
- Si Usted juega X y el otro Y, Usted se gana $0
Qué jugaría Usted y porqué?
Si ambos eligen X producen $20,000 y se distribuyen equitativamente. Si ambos escogen Y se quedan con $1,000 cada uno. Pero si uno elige Y y el otro X, el primero se gana $30,000 y el otro gana $0. Valga la aclaración, este no es un dilema de los prisioneros, aunque se parecen. Este es un juego en el que en términos de eficiencia la torta mas grande se da cuando uno se gana $30,000 y el otro nada y no cuando los dos se ganan $10,000.
El primer dato es que solo el 24.6% de ellos eligió jugar X. Las otras tres cuartas partes eligieron Y, por dos posibles razones. Una, que efectivamente si quisieran jugar X para producir $20,000 bien repartidos pero creyeron que el otro iba a jugar Y y por tanto no quieren quedarse en ceros. Eso daría mucha piedra. La otra razón, que querían ganarse los $30,000 y no les preocupó o molestó dejar al otro en ceros.
Debo aclarar que cualquiera de las dos opciones, X o Y, es “legal” en el juego, hace parte del reglamento.
Lo interesante es que cuando les pedimos que ordenaran los cuatro posibles escenarios del juego del más deseable al menos deseable, encontramos que el 54% de los participantes prefería la distribución de $30,000/$0 sobre la distribución $10,000/$10,000. Hasta aquí podría entenderse que los $30,000 son mas eficientes que $20,000 y que alguna figura redistributiva podría crear un impuesto al que ganó $30,000 para transferirlo al perdedor y así mantener una “senda de crecimiento” como dicen algunos colegas.
Sin embargo, en el mismo ejercicio les asignamos un nuevo juego en que las ganancias de $30,000 se bajaban a $17,000, es decir, la torta de $20,000 (10+10) era superior a la torta de $17,000 (17+0). Sorpresivamente también en esta ocasión un 57% de los jugadores preferían la distribución de $17,000/$0 a la distribución de $10,000/$10,000. O sea que se privilegia la segunda explicación: quieren ganar mas que el otro, y no les importa si es incluso peor en términos de eficiencia social.
La tragedia está en que tres cuartas partes de personas querían jugar Y. Así hay muy pocos trompos de poner para lograr los $17,000 o los $30,000. Al final muchos terminan con $1,000 cada uno.
