Por: Christian Jaramillo
La actual recesión ha causado una crisis de identidad en la teoría económica , en particular la macro. La proliferación de derivados financieros oscuros y malentendidos fue la causa próxima de la recesión, pero lo que abruma a los teóricos macro es que la magnitud del desbalance en los precios (la burbuja) es superior a lo que sus modelos anticipaban posible.
Con tantos macroeconomistas dedicados a hacer elucubraciones teóricas sobre lo que puede salir mal, ¿cómo es que a nadie se le había ocurrido un modelo apropiado? Las respuestas son de índole varia. El reciente Nobel Paul Krugman publicó un artículo en el New York Times , a mi juicio muy acertado, que ha causado revuelo. Krugman acusa a la profesión de buscar las llaves bajo la lámpara, donde hay luz, y no en el lugar oscuro donde se perdieron. La acusa de embelesarse con las matemáticas elegantes y olvidarse de la economía llena de barro en las botas. Pero la acusa de algo más: de encerrarse en ghettos enfrentados (economistas de agua dulce y agua salada) y discriminar profesionalmente las ideas de los que no toman bando.
Las reacciones de los acusados son dicientes. Unas señalan, con alguna razón, que Krugman es demasiado severo con la profesión, que algunas voces previeron lo que venía –pero no las escucharon mucho. Otras se deshacen en veneno ad hominem –rabia del ghetto. Pero ni Krugman ni sus interlocutores abordan directamente una pregunta que debería saltar a la vista. ¿Es que la profesión tiene tan poco conocimiento, tan poca conciencia de sí misma, que no se dio cuenta de lo que pasaba en su interior? Una profesión que se precia de medir discriminación y tensiones sociales, de ver la sociedad como es y no como cree ser, ¿no vio el monstruo en su casa?
Como todas las comunidades científicas (¡sí!), la de economistas tiene que contender con la naturaleza humana. Es por eso que son los problemas que aquejan a las gentes de la época, y no alguna ley universal e intemporal, los que determinan el tipo de teoría que se hace en un momento dado. Y es por eso que los egos e intrigas del gremio influyen en la ciencia que se hace. Lo primero es objeto de análisis de la Historia de Pensamiento Económico, lo segundo de la Sociología de la Ciencia. La primera está en declive en el gremio, la segunda ni siquiera está en el radar.
Tal vez sería hora de prestarles más atención. Un poco de conocimiento de sí misma le vendría bien a la profesión.
¡N'hombre! ¿Sociología de la ciencia? ¿Esa gente que no es capaz de tirarse de un edificio pero dice que el suicidio es una construcción social? ¡Eso ya lo acabó hace rato Sokal!
Mejor pongan a un selecto grupo de veinte economistas en un laboratorio de neurociencia a ver qué impulsos tienen sus cerebros cuando les muestran fotos de otros economistas o bonitas gráficas de regresiones, previo control haciéndoles comer chocolates (que a todo el mundo le gusta). Y después, también para controlar, que se masturben.
Eso sí es ciencia, carajo.
Suena bien. Vamos a necesitar un grupo de control de no-economistas.
lo importante es que haya chocolates y que se masturben.
Si hacen el experimento asi no van a poder atribuir el efecto observado a un estimulo o al otro, o al efecto de haber observado las regresiones. Esa es la vaina con el sobredeterminismo. Van a necesitar muchas personas para poderlo hacer bien hecho.
A proposito, Dan Ariely, que me contaron viene a Bogota, ya hizo experimentos con Loewenstein sobre el estimulo sexual y la toma de decisiones bajo riesgo:
http://www.predictablyirrational.com/pdfs/Heat_of_Moment.pdf
jc
Omar_Acosta
Un interesante articulo. Creo que la crisis de identidad no toca solamente a la economia, todas las ciencias sociales estan en crisis. Lo impresionate en el caso de la teoria micro y macro economica, es la impotencia que la economia tiene en estos momentos para contribuir a la comprension del contexto, y dar guia a la accion politica. Las ciencias sociales estan intentando entender como actuan y piensan los seres humanos, pero el cambio de paradigma es mas profundo, realmente estamos comprendiendo que vivimos en un mundo fundamentalmente incierto.
Recomiendo leer a Hayek (1957) The Sensory Order, y un articulo de North . Cognitive Science and the Study of "the Rules of the Game" in a World of Uncertainty. Norms and the Law. J. N. Drobak. Cambridge, Cambidge University Press. En el mismo libro publico Juan Camilo Cardenas.