
Por Bart van Hoof
Al sector de reciclaje le falta visión empresarial y formalización. Requieren profesionalisar su actividad y generar valor agregado a sus servicios, como cualquier otra empresa. También las empresas grandes que consumen volúmenes de materiales recuperados deben valorarlo. Nuevas regulaciones ya vigentes en Colombia, abren el paso a negocios de reciclaje.
Diez años atrás participé en un estudio sobre el reciclaje en Bogota. El estudio mostró la falta de integración de cadenas de reciclaje y carencia de mercados formales que ofrecieran valor agregado a la recuperación de material. La asociación de recicladores en aquella época buscaba defender los derechos al oficio de los recicladores de la calle; no propuesta alguna de valor. Como consecuencia, los recicladores y recolectores de materiales terminaban en manos de los bodegueros e intermediaros. El oficio era visto por algunos sectores de la sociedad como una actividad despectiva.
Hace unas semanas, colaboré en un foro sobre el futuro del reciclaje. Asistieron grupos representativos de recicladores, empresarios, y funcionarios públicos para discutir los desafíos de aquella época. En el evento, los representantes de los recicladores seguían abojando “su derecho” al reciclaje, reclamando que la sociedad no reconoce el valor ambiental y social de su actividad. Por su parte, representantes de la gran industria expusieron proyectos de reciclaje, poco relevantes. Pareciera que ni los recicladores, ni la gran industria se han percatado de las oportunidades a su alcance.
En México y Chile por ejemplo, han emergido negocios que atienden la demanda del mercado de materiales y servicios de recuperación. La empresa Chilena Triciclos vende puntos de recolección innovadores, a grandes cadenas como Homecenter, que ofrece el servicio a sus clientes. La Mejicana IMER, ha recuperado más de 12.000 toneladas sólo en plástico de botellas (PET). Empresas con alcance internacional, como TerraCycle, venden conceptos innovadores para eliminar residuos mediante estrategias de re-úso, recuperación, y prevención. Lankhorst Recycling, se dedica hace más de 25 años al reciclaje de plásticos. Son empresas formales que ofrecen productos de valor agregado. Generan empleos formales, pagan impustos y recuperan desechos. Se rigen por las reglas del mercado, antes que por subsidios o donaciones filantrópicas. En Colombia, empresas como Gaia Vitare y Coopreser son ejemplos consolidados de este tipo de emprendimiento.
Con la puesta en marcha de nuevas regulaciones del Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, el mercado del reciclaje en Colombia recibe un nuevo impulso. Obligan a la industria de bebidas, llantas, computadores, medicinas, pilas y lubricantes, a recoger sus productos, una vez desechados. Van a necesitar servicios especializados, que se hagan cargo de la recuperación y aprovechamiento de materiales desechados. Ya en Bogota hay más de 100 ecopuntos de recolección y el programa se esta extendiendo a ciudades regionales.
Los recicladores más especializados en su oficio, tienen la oportunidad de formar empresas y negociar sus servicios con cadenas industriales como cualquier otro proveedor. Para hacerlo, requieren emprender negocios con visión, capacidad de gestión, y ofrecer valor agregado.
De igual manera la gran industria debe dejar atrás sus proyectos míopicos. Debe pensar a escala industrial. Como empresas líderes, responsables de los residuos de sus productos, y como transformadores de materiales, deben impulsar nuevas cadenas de valor. Así podrán impulsar nuevos negocios y generar empleo.