Lo insólito del caso Colmenares es que el único condenado hasta ahora…Al menos al silencio…Es el propio padre de la víctima…
Valga decir que fue en parte por la intervención de los medios de comunicación que un expediente condenado a terminar archivado en un anaquel rotulado como suicidio, terminó convertido en una de las novelas mediáticas más sonoras del país.
Empezó como un homicidio que se trató de encubrir mediante todo tipo de maniobras, desde comunicados de prensa de la alcaldía local de Chapinero catalogando la muerte de Luis Andrés como un suicidio, hasta el dictamen de medicina legal corroborando esa teoría, pasando por las sospechosas actuaciones de los primeros funcionarios encargados de hacer la investigación y la aún no explicada participación del entonces Director Nacional de Fiscalías, Armando Novoa, para presuntamente tratar de desviar la indagación.
La visibilidad mediática influyó en ese primer momento para frenar el camino de impunidad que había empezado a transitar el expediente y permitió que los investigadores de la Dijin y de la fiscalía afianzaran, probatoria y científicamente, que no había sido un suicidio sino un homicidio el que se cometió en contra del joven estudiante.
Con base en ello se capturó y aseguró a varios de los implicados y se compulsaron copias para investigar a los funcionarios que por acción u omisión habrían participado en el presunto intento de desviación de las indagaciones.
Pero con la mediatización surgieron efectos colaterales nunca antes vistos en la Colombia judicial: los abogados de la defensa que venían actuando en el proceso cuando éste era de bajo perfil, dieron paso a los jugadores titulares incrementando la exposición mediática del proceso.
Las víctimas, la familia Colmenares accedió a que una de las mejores y mediáticas oficinas de abogados, prestara sus servicios sin costo para representar sus intereses. Empezamos a asistir a los primeros capítulos de la novela del caso Colmenares, el enfrentamiento de los abogados del expresidente Uribe que pasaban de ser socios en esa defensa a decirse cosas ante los medios en el caso Colmenares. Empezó a diluirse la importancia de los hechos y a tomar relevancia la disputa de los abogados Granados contra Lombana.
La defensa de los imputados contrató a una de las mas importantes firmas de investigadores forenses que hay hoy en Colombia, la empresa Adalid.
Al mismo tiempo, se hace patente la puesta en marcha de una estrategia comunicacional muy bien lograda.
Hemos visto en los medios que se han filtrado piezas procesales; se ha pretendido poner en tela de juicio la credibilidad de los testigos acudiendo al uso de información sobre su vida privada; se han suprimido del lenguaje las palabras "muerte" u "homicidio" y se han reemplazado por las de "lamentable accidente"; se han concedido entrevistas a medios de comunicación multi-canal, en las que cada aspecto ha sido previsto: los telones de fondo de los sitios en los que se conceden, los detalles de manejo corporal, las respuestas perfectamente pensadas para impactar al público, el vestuario, el maquillaje, la emotividad teatral en el momento preciso, etc.
Hasta espontáneos autores aparecieron en escena escribiendo libros express aprovechando las libertades literarias para difundir las tesis de la defensa.
Soy amigo de la familia Colmenares y se que a pesar de que cuenta con la suerte de estar representada por una gran firma de abogados que lo hace sin costo, no cuenta con los recursos para tener un equipo de investigadores a su disposición y está sujeta al personal que los organismos públicos asignen a su caso.
En cuanto a estrategias comunicacionales, solo hemos visto últimamente al padre de Luis Andrés salir desesperado a clamar justicia de manera vehemente ante los medios, lo cual le acarreó una sanción por parte del juez de la causa, quien lo conminó a guardar silencio y le impuso una multa .
En lo meramente judicial, el proceso logró dilatarse hasta el punto de que transcurridos quince meses desde las primeras capturas y mas de dos años del homicidio, apenas hasta la próxima semana se dará inicio al juicio; durante ese tiempo, todos los capturados y asegurados, fueron dejados en libertad bien por vencimiento de términos o porque los jueces de garantías no hallaron méritos para ordenar medidas de aseguramiento.
De las investigaciones ordenadas en contra de los funcionarios de medicina legal y de la fiscalía general de la nación por su presunta responsabilidad en la desviación de las pesquisas iniciales, nada se sabe.
De las copias compulsadas en contra del ex director nacional de Fiscalías por su presunta interferencia ilegal para torpedear la investigación, tampoco se conoce resultado alguno.
De otro lado, el fiscal que revivió la investigación y logró frenar el camino de impunidad que llevaba el proceso fue removido del caso y hoy se encuentra investigado por supuestas irregularidades denunciadas por la defensa en el desarrollo del mismo.
La fiscal que lo reemplazó, Martha Lucia Zamora, quien será la encargada de representar a la Fiscalía en el juicio, fue también denunciada penalmente por la defensa.
Los testigos han sido tildados no solamente de falsos sino que su credibilidad ha sido cuestionada a partir del escrutinio de su vida privada.
Es que hasta en eso el caso Colmenares ha sido paradigmático. Enfrenta dos realidades nacionales: la del nuevo rico, que a partir del crecimiento minero y con su trabajo legal acumula una fortuna que le permite contratar lo más ‘Granado’ de diferentes disciplinas y accede a las más encumbradas instancias de poder frente al servidor público de clase media que siendo la víctima debe enfrentarse con limitados recursos a un proceso largo, tortuoso, costoso y hasta revictimizante.
Como van las cosas y parodiando a Don Luis, el papá de Luis Andrés, el único culpable de algo en este caso será él a quien ya condenaron a vivir el resto de su vida rumiando su rabia sin poder hacer el más elemental de los duelos: el de hablar.
¡Que siga la función!

