En Estados Unidos la vida privada de los poderosos es pública. En Colombia, no. De eso los periodistas no solemos hablar (en público, por lo menos, porque en privado lo hacemos y es un insumo para entender la realidad sobre la que escribimos). Hay un tabú. La pregunta, recientemente en La Silla, ha sido si esto debe ser así o no.
Hay casos fáciles. Cuando circuló el rumor sobre los romances de los secuestrados antes de que los liberados escribieran sobre ellos (e incluso después) decidimos que ese no era un tema de La Silla. Es cierto que la tragedia del secuestro te vuelve una persona visible públicamente pero no por ser despojado de la libertad, se pierde también el derecho a la privacidad.
Pero cuando hace unas semanas lanzamos nuestra nueva sección Quién es Quién, que tiene un módulo sobre amigos, imitando el formato de Facebook, varios de nuestros usuarios más fieles alertaron sobre el peligro de que nos inmiscuyeramos en la vida privada de la gente, sumándonos a quienes desde los medios trivializan la política.
Luego, a raíz de un confidencial que hacía explícita la relación de pareja entre dos personajes públicos, uno de ellos me llamó a protestar. Creía que 'con quién se acostaba uno' no debía ser un tema periodístico.
Así es como vemos este polémico tema en La Silla: Los personajes públicos, así sus salarios sean pagados con recursos de los contribuyentes, tienen derecho a su privacidad y por ende, en principio, sus relaciones de amor y de amistad no deben ser tema de debate SALVO que puedan tener una potencial incidencia en la vida pública. Hay relaciones que eventualmente sí pueden importar, y que los ciudadanos deben conocer.
La política está montada en gran parte sobre redes de lealtad, sobre favores dados y recibidos, y en esa medida, conocer cómo llega la gente a los puestos, quién los apadrina, de qué otros personajes públicos es amigo es un tema de interés público. En nuestra sección de amigos del Quién es Quién, vamos poco a poco identificando a qué redes pertenece cada personaje, lo cual es otra forma de perfilar a quienes toman las decisiones importantes de este país.
Las relaciones personales entre los periodistas y los funcionarios públicos -sobre todo en este gobierno donde hay vínculos tan estrechos entre los medios y Santos y sus allegados- también han sido motivo de reflexión en La Silla a raíz de un artículo titulado Santos en sintonía con los medios. Un periodista no le debe su salario a los contribuyentes. Y sin embargo, es un personaje público, con mucho o poco poder -dependiendo del medio- y por ende, con una responsabilidad pública. ¿Es relevante contar que el dueño de un medio es a la vez hermano de un ministro?
Yo creo que sí. No necesariamente por existir un vínculo afectivo entre uno y la fuente que uno cubre se pierde de facto la independencia o tienes acceso privilegiado a información. Pero los afectos sí crean conflictos de interés. Si están sobre la mesa y uno sabe que los ciudadanos los conocen uno está más protegido de incurrir en una 'disociación cognitiva': de no ver lo que duele. Por eso es mejor que esos vínculos sean noticia.
¿Qué opinan los usuarios?
Juanita


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