Aquellos que se han interesado por analizar el conflicto armado colombiano han encontrado que más allá de una guerra contra el terrorismo, el colombiano, representa un conflicto por el aplazamiento de la solución al problema agrario*. La inequitativa concentración de la tierra –símbolo de poder político y económico– ha sido el principal detonante de la violencia política en nuestro país, incluso desde las guerras civiles del siglo XIX**. Por lo tanto, a nadie debe extrañar que en los últimos treinta años la violencia guerrillera, paramilitar y estatal tengan uno de sus orígenes en el problema agrario. En muchas regiones, incluso, la Violencia entre liberales y conservadores no fue más que una herramienta de despojo, concentración de tierras y consolidación del latifundio. Las Farc, el Eln y hasta el Epl nacieron en regiones de colonización, habitadas por campesinos –en su mayoría liberales y comunistas– desplazados y despojados por la violencia desde los años 30 que se llevó al extremo durante los años 50. Le siguieron las décadas de los 60 y 70, entusiastas con respecto a la movilización campesina representada en la ANUC, que finalmente terminó sin llevar a cabo la tan esperada reforma agraria. Entrados los años 80, una alianza de intereses entre la fuerza pública, los narcotraficantes y élites locales y regionales, los llevó a crear una máquina de guerra capaz de defender su statu quo del accionar guerrillero. Así se dio origen al paramilitarismo, que además de su papel antisubversivo, despojó más de 4’000.000*** de hectáreas al campesinado colombiano. Las décadas del noventa y esta que se encuentra próxima a terminar, han registrado las cifras más altas de población desplazada en nuestra historia, poniéndonos al lado de países como Sudán, siendo el conflicto armado la principal causa del desplazamiento, el tiempo pasa y el problema por la tierra en Colombia se sigue profundizando.
Así, no cabe en la cabeza que alguien diferente a los Dávila Abondano, Vives Lacouture, Vives Campo, Díaz Granados Pinedo, etc., quiera apoyar a Andrés Felipe Arias a su precandidatura presidencial, después de que el país conociera el grave escándalo de los dineros de Agro Ingreso Seguro, repartidos a familias ricas a lo largo y ancho del país. Todavía tuvo Arias la osadía de manifestar que optó por subsidiar a ricos y no a pobres, disque para asegurar el crecimiento económico del “país”. Personajes como este no hacen otra cosa que ahondar el conflicto por la tierra, y de paso, el conflicto armado colombiano, y lo peor, no lo hacen por ignorancia sino por convicción. Ahora se entiende porqué la obsesiva inclinación de Arias, y en general de la coalición uribista, por una salida militar al conflicto armado, que asegura mantener el poder político y económico forjado a expensas de los dineros públicos. Con un modelo de distribución del ingreso como este, nos esperan, como mínimo, otros 40 años de violencia.
Posdata: No hay que olvidar que Arias es alumno aventajado de Álvaro Uribe Vélez.
* Ver al respecto: Reyes, Alejandro. (2009) Guerreros y campesinos: el despojo de la tierra en Colombia; o el nuevo informe del Grupo de Memoria Histórica: El despojo de tierras y territorios: aproximación conceptual [1]; González, Fernán. Et al (2003) Violencia política en Colombia: de la nación fragmentada a la construcción del Estado; por citar solo algunos.
** González, Fernán. (2006) Partidos, guerras e iglesia en la construcción del Estado-nación en Colombia 1830-1900, Medellín, La Carreta Editores.
*** Cifra que puede llegar hasta 10'000.000 de hectáreas. Ver al respecto: Grupo de Memoria Histórica: El despojo de tierras y territorios: aproximación conceptual [1]. Pág. 21.
Diego Quiroga
Investigador
CINEP - ODECOFI
Enlaces:
[1] http://www.4shared.com/file/133648308/9609f274/el_despojo.html?cau2=403tnull