Poco antes de Navidad varios medios le dieron primera página a la dura disputa legal entre la empresa de tecnología colombiana PC Smart y Hewlett Packard por la marca Touch Smart, que no dudaron en calificar como una victoria de David sobre Goliat después de que un juez ordenara a la multinacional retirar sus productos mientras el Consejo de Estado se pronuncia de manera definitiva. Pero en realidad, la historia es más compleja.
En 2008, la empresa del colombiano Carlos Barahona registró en la Superintendencia de Industria y Comercio el nombre “Touch Smart” para la línea de tabletas que estaba desarrollando. Dos años después se percató de que Hewlett Packard estaba vendiendo productos de su línea “Touchsmart” en Colombia y le envió una carta solicitándole retirarlos. A los cuatro días, la multinacional presentó una solicitud a la Superintendencia de “HP Touchsmart”, argumentando que no quería exclusividad sobre la marca sino permiso para utilizarla porque consideraba que el término era descriptivo o genérico, como había sucedido con la palabra “loft” en el mundo de la construcción hace una década. Y la Superintendencia, en una decisión que admitió fue errática, dio su visto bueno a HP.
Ahí quedaron en evidencia varias omisiones y errores -por parte de los tres implicados- que darían pie a una tormenta perfecta. Hewlett Packard, que ideó el nombre “Touchsmart” en 2007 para sus computadores de pantalla táctil y solicitó desde ese año su registro en una decena de países (incluyendo Australia, Canadá, Francia, Gran Bretaña y Nueva Zelanda), nunca presentó una oposición a que PC Smart lo registrara en Colombia. Luego PC Smart no presentó oposición al registro de HP, pese a que había detectado el uso de su marca. Y la Superintendencia, que sí podía determinar que en efecto se trataba de un término genérico, no ha debido hacerlo mientras existiera fuera casi idéntico a una marca ya registrada. Ahora será el Consejo de Estado el que deberá decidir quién tiene la razón.
Y Colombia no es el único país donde se ha dado esta pelea. En Chile y México le negaron a PC Smart la exclusividad de la marca por pensar que el término sí podía ser genérico, mientras que en Ecuador y Perú se desestimó ese argumento.
El miércoles pasado, justo el día después de que la acción preferencial del Grupo Aval alcanzara su mayor precio histórico, El Tiempo publicó una nota en la primera página sobre esa acción, titulada “Acción del Grupo Aval, al alza en la bolsa”. Lo llamativo es que en ninguna parte se advirtió que El Tiempo y Aval son del mismo dueño, Luis Carlos Sarmiento Angulo.

También es curioso que si El Tiempo pusiera en primera página cada vez que la acción de una empresa está al alza, tendría que hacerlo todas las semanas. Además, la información de la nota interior básicamente dice que invertir en esa acción es una buena decisión. Aunque no aconseja directamente invertir en ella, sí afirma que los indicadores de rentabilidad del Grupo Aval son muy positivos, y mejores que competidores como Bancolombia y Davivienda.

La nota tiene una gráfica que muestra un incremento muy rápido del precio de la acción, y que indicaría que se acababa de doblar en valor entre el 14 y el 21 de mayo. Sin embargo, la acción en esas fechas solo había pasado de valer 1.270 a 1.345 pesos, un incremento de menos del 10 por ciento como se puede ver en el sitio web de la Bolsa de Valores de Colombia.
Sin embargo, la acción no tiene la mejor rentabilidad en la bolsa. Aval la emitió hace dos años a un valor de 1.300, y durante casi todo el tiempo que se ha transado ha estado por debajo de ese valor. Es decir, no ha sido una acción particularmente atractiva a largo plazo. Su alza de 40 pesos desde su emisión es menor que la inflación desde entonces.
Por eso entre algunos círculos financieros ha causado molestia el cubrimiento del medio de Sarmiento a la acción de su grupo económico y algunos incluso piensan que raya en problemas regulatorios.



