“El 66 por ciento del país está conservado porque no hemos podido entrar”

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Mañana arranca la reunión de presidentes sobre cambio climático más importante del mundo. Es convocada por la ONU y se realiza en Glasgow, Escocia. Con el panorama de que la temperatura global aumentará en 1.5 grados celsius inevitablemente en los próximos 20 años, todos los Gobiernos, incluido el de Iván Duque, establecerán sus compromisos.

Como los recursos para conservación son limitados, una investigación liderada por Andrés Etter, que es la foto más actualizada del estado de riesgo de los ecosistemas del país, resulta estratégica para saber dónde priorizar las acciones.   

Etter es director del Grupo de Investigación Ecología y Territorio de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Universidad Javeriana y coautor del libro “Ecosistemas colombianos: amenazas y riesgos. Una aplicación de la Lista Roja de Ecosistemas a los ecosistemas terrestres continentales” .

Con base en ese libro hicimos esta entrevista.

La Silla Académica

Andres Étter

Colombia es considerado el país con la avifauna más diversa del mundo (1910 especies). Los hallazgos de la investigación que usted realizó junto con Ángela Andrade, Kelly Saavedra, Paula Amaya, Juliana Cortés y Paulo Arévalo. ¿Qué implican en ese sentido?

Es importante tener en cuenta que las especies y los ecosistemas son una expresión de una misma cosa. Hay pájaros y plantas de diferentes colores porque los ecosistemas son diversos. Si bien en eso también influye que estemos al noreste de Suramérica y que seamos un puente entre Suramérica y Norteamérica. Así como el levantamiento de Los Andes.

Los ecosistemas son el nivel más grueso en que se expresa la diversidad de la vida. No es posible responder la pregunta de qué le está pasando a las especies sin responder la de qué le está pasando a los ecosistemas. Las especies dependen de las otras especies con las que interactúan y del lugar donde viven. Si sus hábitats empiezan a reducirse o a perder sus condiciones originales, las especies están en riesgo.

Nosotros identificamos 81 tipos de ecosistemas y mostramos cuáles son los que están más amenazados y cuáles tienen menos riesgo.

Aunque en la actualidad cerca de un 66 por ciento del país tiene ecosistemas en buen estado de conservación eso no se debe a una buena gestión. Responde más a que tenemos un país muy extenso con áreas de difícil acceso que hacen que la actividad humana sea muy poca.

En el mapa la mayor parte de la Amazonía tiene color verde que significa que no tiene un riesgo alto, pero porque el área que ha tenido un impacto negativo en comparación a la extensión total de la Amazonía —que es muy grande— es relativamente menor. Lo contrario ocurre en el Caribe o en la región andina. Sin embargo, las amenazas latentes en la Amazonia por la expansión acelerada de la frontera agrícola, el acaparamiento de tierras, y la minería ilegal, podrían llevar rápidamente a sus ecosistemas a niveles de riesgo críticos en el futuro.

La investigación que realizamos de los ecosistemas del país, muestra que estamos en situación de alarma y que estamos poniendo en riesgo la posibilidad de una sociedad sostenible en el futuro. 

En la COP26 el presidente Iván Duque reiterará unas promesas ambiciosas: 50 por ciento de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para 2030. Carbono neutralidad y cero deforestación para 2050. ¿Su estudio fue tenido en cuenta para el plan que el Gobierno va a trazar?

Si uno mira la relación entre los discursos del gobierno y sus buenas intenciones, y su verdadero impacto, las cifras nos indican que son muy poco efectivos: la expansión de la frontera agrícola y la minería ilegal siguen fuera de control.

Las metas que tiene el país están más enfocadas hacia la mitigación del cambio climático y dos de las actividades que más gases de efecto invernadero producen son la deforestación y la ganadería. Los efectos de las industrias son comparativamente bajos.

En esa línea nuestra investigación es útil para que si el Gobierno va a decir que va a reducir en por decir “200” mil hectáreas la deforestación, sepa dónde es prioritario hacerlo para tener un impacto positivo en los ecosistemas que tienen mayor riesgo.

Es importante que se tomen decisiones con la mejor información disponible.

Lo que aporta este estudio es que no nos sirve saber, por ejemplo, que se están perdiendo “500” mil hectáreas de bosque al año solamente, sino que nos permite saber qué tipo de bosques, dónde, a qué velocidad. No es lo mismo quitarle 50 mil hectáreas a un ecosistema del que hay 100 mil hectáreas, a uno que le quedan un millón. 

¿Qué es un ecosistema en palabras sencillas?

Los ecosistemas son resultado de la interacción entre seres vivos en condiciones de clima y suelos particulares. Son los paisajes que vemos cuando estamos en un mirador o nos asomamos por la ventana. Podemos reconocer los diferentes ecosistemas por su apariencia: su vegetación y las diferencias en la forma del terreno. Son la forma como está pintado nuestro territorio. 

Hay unos que tienen extensiones muy grandes y otras muy pequeñas. Nosotros somos parte de esos ecosistemas también, y con nuestras actividades producimos cambios en ellos, los transformamos. Un cultivo de papas, por ejemplo, es un ecosistema transformado, un agroecosistema, que depende del trabajo humano para mantenerse. Si lo abandonamos es probable que vuelva a su estado anterior. Eso dependerá de cuánto tiempo hayamos cultivado el suelo y cuánto se haya degradado y de su capacidad de recuperarse. 

Los sistemas urbanos también son ecosistemas lo que pasa es que su estructura y lo que pasa en ellos está muy determinada por los seres humanos: los suelos son pavimentados, en vez de ríos muchas veces hay canales, hay muchos edificios y casas. Pero allí también se evapora el agua y llueve, por poner un ejemplo. 

Los ecosistemas no están sólo donde no está la gente, y entre más intensa sea la actividad de las personas más se transforman y pierden la capacidad de recuperar sus condiciones anteriores. 

Los ecosistemas son la fuente de los servicios de los que depende la humanidad y todos los seres vivos en general para subsistir. 

¿Por qué es importante tener una lista roja de ecosistemas como la que construyeron ustedes?

Los Libros Rojos de Especies, como el libro rojo de las aves nos muestra cuáles están en riesgo de extinción, a qué velocidad lo están haciendo, cuáles son las principales amenazas. No teníamos un libro que nos dijera lo mismo para los ecosistemas. 

La Unidad de Conservación Nacional en 2014 lanzó el protocolo de la Lista Roja de Ecosistemas que a través de cuatro criterios permite determinar cuál es el estado de riesgo en que están los ecosistemas de nuestro país. 
Los ecosistemas a diferencia de las aves no se extinguen, sino que sufren un colapso ecológico que les dificulta mucho volver a una situación parecida a la que tenían anteriormente. Pero muchas veces los podemos reparar mediante procesos de restauración. Un ecosistema puede pasar de estado crítico a vulnerable (que es menor). Si se hace una buena gestión o actividades de restauración se puede echar para atrás el problema. 

Y no es que per se esté mal que se transformen, necesitamos ciertos niveles de transformación de ecosistemas para nuestro sustento. El problema es cuando entran en una espiral de degradación. En ese sentido no hay que eliminar la ganadería que tienen beneficios no sólo alimenticios sino económicos para la sociedad, pero si hay que llevarla a que no tenga un costo ambiental demasiado alto, tal como el que tiene en muchos casos actualmente. 

Las visiones demasiado fatalistas muchas veces destruyen nuestra capacidad de comunicación, e impiden encontrar soluciones.  

¿Cuáles son los criterios para establecer el riesgo de los ecosistemas?

El primero es el área que hay de un ecosistema (distribución). Por ejemplo, de los ecosistemas de bosque seco tropical —porque hay diferentes tipos— queda solo entre un uno y un siete por ciento según el tipo.

El segundo es la distribución de un ecosistema en el territorio (su patrón espacial). Entre más geográficamente concentrados estén los que quedan mayor riesgo de colapsar en caso de que ocurra una perturbación.

El tercero son las condiciones en que se encuentran los suelos, las aguas, el nivel de precipitación, de un ecosistema (procesos abióticos).

Por último, los componentes y procesos ecológicos, como las interacciones entre especies. En los ecosistemas de bosques húmedos tropicales, por ejemplo, el 85 por ciento de los árboles y plantas dependen de animales para la producción y dispersión de semillas para poder reproducirse. Lo que implica que la desaparición de ciertos pájaros en un bosque tropical puede conllevar la desaparición de las plantas. Eso no es tan importante en las zonas templadas, ni en las sabanas ni en los desiertos donde el viento transporta las semillas. 

Las cifras de los fenómenos de todo tipo en Colombia suelen ser desactualizadas, contradictorias, inexactas. ¿Su estudio marca una diferencia con esa tendencia y con la idea de que se investiga poco en el país?

Nuestro estudio integra una gran cantidad de información disponible y es la foto más cercana a la realidad de nuestros ecosistemas actualmente. Usamos datos del Ideam, del Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas —Sinchi—, del Instituto Von Humboldt, de las universidades y de muchas  ONGs. A partir de esa información logramos hacer cosas como proyectar qué puede pasar con la interacción de dos especies, por ejemplo, de un ave y de una planta, que depende de esa ave para reproducirse en un ecosistema determinado, con la deforestación y el cambio climático. Qué pasaría si sube dos, tres, cinco grados la temperatura o si deja de llover.  

En el país hay gente muy buena trabajando en esto, sin embargo la inversión en ciencia y tecnología sigue siendo mínima pese a la entrada a la OCDE, y a la promesa de que los recursos fueran cercanos al tres por ciento del PIB. Eso impacta seriamente las posibilidades de avanzar más en los estudios.

¿Cuáles son ejemplos de los 20 ecosistemas que están en estado crítico que podamos identificar las personas del común?

Prácticamente todos los ecosistemas de bosque seco tropical están en estado de riesgo crítico. 

Desde el norte de La Dorada hasta Neiva —por todo el valle del Magdalena—, así como, toda la Costa norte del país predominaban los ecosistemas de bosque seco tropical, y ya prácticamente no queda nada.  El Cañón del Chicamocha estaba cubierto de arbustales y bosques secos, que hoy están muy degradados. 

También los bosques secos de la periferia de la Sabana de Bogotá. Por la vía de La Mesa, en el área después de pasar Mosquera en dirección al Valle del Magdalena habían zonas de bosques bajos secos muy particulares, lo que se conocía como Desierto de Mondoñedo o Zabriskie Point. Hoy quedan muy pocos.

Pero también hay ecosistemas de sabanas del piedemonte llanero en estado crítico. Cuando la gente va a los Llanos le parece que todas se ven iguales, pero no es así. Lo mismo pasa con los bosques húmedos del piedemonte de Arauca, Casanare y parte del Meta, conocidos como las selvas del Sarare.  

En esta línea si Planeación Nacional, los ministerios y el gobierno en general quieren apostarle a recuperar la riqueza natural del país, y a construir el mejor futuro posible tanto para la gente como para el resto de especies y para el territorio general, nuestra investigación marca una hoja de ruta que indica cuales son las áreas más prioritarias para hacerlo. 

¿Cuál?

En la parte final del libro mostramos dónde sería mejor restaurar. Para eso tuvimos en cuenta la información de los ecosistemas que están en mayor riesgo en combinación con otras variables que permitan que sea eficiente. Si queremos tener el mayor impacto al menor costo lo ideal es restaurar cerca de áreas naturales. Donde los usos de la tierra sean lo menos productivos posibles, primero, para sacarlos de la frontera agrícola, es decir, de los lugares donde no debería haber ganadería o agricultura, por ejemplo. Segundo, para no competir con la rentabilidad de cultivos ya establecidos de palma africana o de caña de azúcar, o cualquier otro por el estilo, porque de lo contrario el costo de oportunidad es muy grande.  

En lugares que ojalá estén lejos de las carreteras lo que hace que el costo de la tierra sea menor. Y cerca a áreas protegidas. 

La conservación y la producción compiten por el espacio. No podemos dejar de producir comida y materias primas, lo que debemos es buscar es con hacerlo en los sitios más adecuados y con el menor impacto posible. La conservación tiene que operar también bajo una lógica económica porque los recursos no son ilimitados. 

¿Puede desarrollar más esta idea?

Si queremos recuperar parte de los ecosistemas que han desaparecido tenemos que restaurarlos. Puede ser por restauración activa que consiste, por ejemplo, en empezar a sembrar las especies que se han perdido, pero eso es costoso.

Pero también hay formas de restauración pasivas que en cambio son menos onerosas, que se basan en los procesos de regeneración naturales de los ecosistemas sin la intervención directa. 

La restauración ocurre la mayor parte de las veces en áreas donde hay gente viviendo, haciendo cosas. Hay que lograr entonces que se vayan de ahí, o que realicen actividades encaminadas a la restauración mediante el pago por  servicios ambientales. Sin embargo, en un país con niveles de gobernabilidad reducidos, muchas veces eso no funciona bien. 

Una opción alterna puede ser comprar áreas relativamente grandes y no tan costosas, en las que el suelo no esté tan degradado y que estén cerca a áreas naturales donde haya aves o murciélagos que puedan puedan llevar las semillas hasta allá, y permitan que los procesos de regeneración natural sean eficientes. De esa forma se pueden autorregenerar los ecosistemas.

En el libro identificamos cuáles son las que pueden considerarse prioritarias . 

Ustedes encontraron que sólo un cinco por ciento de los ecosistemas que están en estado crítico se encuentran en zonas protegidas. ¿Qué se debe hacer al respecto?

Priorizar ciertos ecosistemas críticos que tienen una baja representación en el sistema nacional de áreas protegidas e incluirlos en él con los recursos que haya disponibles, pues a pesar de que los parques naturales son figuras imperfectas, los estudios han demostrado que tienen un nivel razonable de efectividad en la protección.

El otro aporte importante que hace el estudio es que identificamos las principales amenazas para cada tipo de ecosistema: la ampliación de la frontera agrícola por la ganadería, los incendios que produce la deforestación, la minería, la construcción de carreteras. Entonces también permite saber cuáles actividades reducir en ciertas zonas.

Esa información la incluimos en la plataforma Tremarctos de la Anla. Con ella,  los potenciales inversores de una nueva carretera, por eiemplo, puedan visualizar y anticipar sus niveles de impacto, y con base en eso puedan tomar mejores decisiones,

¿Qué tanto se está teniendo en cuenta su estudio por parte del Gobierno?

No lo suficiente. Los resultados del estudio deben insertarse en la visión del país que queremos más allá de las decisiones inmediatas. 

Pero el mayor problema que tenemos es la falta de institucionalidad en muchas regiones y de continuidad de los proyectos. 

El discurso ambiental global contemporáneo, es que necesitamos conservar la mitad de las Tierra en condición de ecosistemas con buenos niveles de conservación. La investigación ayuda a identificar dónde se debe priorizar esa conservación.

 Andres Etter Rothlisberger

Andres Etter Rothlisberger

Transformación de ecosistemas, Transformación humana de ecosistemas

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