“La indignación de los jóvenes no necesariamente se traducirá en más votos para los extremos”

“La indignación de los jóvenes no necesariamente se traducirá en más votos para los extremos”

El paro nacional que Colombia vivió este año dejó una lección para todas las banderas políticas: los jóvenes son un sector de la población que deben tomarse más en serio.

No solo fueron ellos los protagonistas principales de más de un mes de movilizaciones, sino que los aspirantes a las presidenciales del otro año tomaron nota de un paro en el que se hizo explícito que hay unas deudas grandes con ellos: falta de empleo, educación y otras oportunidades que se vieron desdibujadas aún más con la pandemia.

Como saldo, ha cogido fuerza la idea de que la agenda de los jóvenes será central para definir las preferencias electorales del próximo año. 

Ante esto, el Gobierno ha respondido poniendo énfasis en sus “Pactos por la Juventud”, que buscan reeditar su fallida estrategia de Conversación Nacional y abrir múltiples programas de inversión para jóvenes. Mientras que Gustavo Petro, desde la oposición, dice que “la movilización más grande de la juventud debe ser hacia las registradurías para inscribir la cédula y cambiar el poder”, sugiriendo que entre los jóvenes hay una fuerza electoral para derrocar al uribismo. 

Para profundizar en este tema, la Silla Académica entrevistó a Alejandro Cheyne, Rector de la Universidad del Rosario, y a Andrés Sampayo, candidato a doctor en Estudios Políticos e Internacionales e investigador activo en el Grupo de Estudios Políticos e Internacionales en la misma universidad. 

Alejandro Cheyne lideró la tercera medición de la “Gran Encuesta Nacional sobre Jóvenes” en mayo de este año. Entrevistaron a 2.556 jóvenes en 13 ciudades del país sobre sus expectativas y frustraciones, en una tercera versión que ya se había realizado previamente en 2019 y 2020. Por su parte, Andrés Sampayo viene haciendo una serie de entregas para la Silla Llena con datos sobre comportamientos electorales, que permiten pensar en escenarios de votación para 2022, y que hacen parte de su tesis doctoral. 

Estos hallazgos permiten abordar la pregunta sobre qué tanto podrán influir los jóvenes en las elecciones del próximo año.

L.S.A. La Silla Académica

A.C. Alejandro Cheyne

L.S.A.: Usted lideró desde la Universidad del Rosario una encuesta nacional para preguntarles a los jóvenes qué piensan y sienten sobre el país. ¿Cuáles son los hallazgos clave que dejó esta encuesta?

A.C.Lo primero que hay que decir es que la encuesta la realizamos entre el 6 y 12 de mayo, es decir, en pleno paro, así que el clima emocional de ese momento se refleja en las impresiones que recibimos. 

Uno de los hallazgos clave es la falta de confianza que tienen los jóvenes en las instituciones de la democracia, algo que no empezó en este momento, pero sí se agudizó lo que venimos midiendo de las opiniones de los jóvenes desde 2019. 

Las instituciones en las que menos confían son el Congreso (7 por ciento), la presidencia (9 por ciento) y la Policía (13 por ciento), algo que contrasta con unos lugares en los que confían mucho, que incluyen a las universidades públicas y privadas, las redes sociales o los medios de comunicación independientes. 

Esta desconfianza en algunas instituciones tiene además como contraparte una participación creciente en las manifestaciones públicas. Mientras que en el 2019 el 45 por ciento de los jóvenes salió a protestar, este año fue el 73 por ciento, lo que significa que, en la medida que pasa el tiempo, hay más deseos de buscar en la calle las soluciones a problemas que no encuentran desde las instituciones. 

Esto, finalmente, va acompañado de unas emociones negativas. Cuando realizamos la primera encuesta —después de las manifestaciones pacíficas del 2019—, la alegría de los jóvenes en las 13 ciudades era del 66 por ciento. Después, con la pandemia, esa alegría bajó al 53 por ciento, y ahora en mayo fue apenas del 5 por ciento. Mientras tanto, ha aumentado la tristeza (33 por ciento) y la ira (27 por ciento).

L.S.A.: Cuando habla de jóvenes, ¿concretamente a quiénes se está refiriendo?

A.C.: A personas entre 18 y 32 años. Las 2.556 encuestas que hicimos fueron en 13 ciudades capitales de departamento, pero estadísticamente buscamos representar un universo de 4.4 millones de jóvenes en Colombia. 

Esta no es la misma categoría que maneja el Departamento Nacional de Estadística (DANE), que calcula la juventud como la etapa comprendida entre los 14 y 28 años, pero la medimos así porque queríamos que ese universo de encuestados representara a quienes pueden votar el próximo año y por eso comienza desde los 18.

Pero también porque hay muchas personas viviendo sin empleo y dependiendo de sus padres en los rangos entre los 28 y los 32 años, por lo que tienen problemáticas muy similares a los jóvenes de edades inferiores.

L.S.A.: ¿Esos jóvenes de los que habla Alejandro van a tener una mayor presencia en las elecciones del próximo año frente a la que tuvieron en 2018?

A.S. Andrés Sampayo

A.S.: Realmente no hay una diferencia dramática entre las personas jóvenes en edad de votar entre el 2018 y el 2022, pero los jóvenes sí van a tener una influencia grande, al menos en potencia, a la hora de elegir quién puede ser presidente. 

Por ejemplo, si miramos una imagen de la pirámide demográfica en el país que muestra el DANE, es claro que gran parte del censo electoral, es decir, las personas que están en capacidad de votar, están entre los 18 y los 40 años.

“La indignación de los jóvenes no necesariamente se traducirá en más votos para los extremos”

Fuente: Dane, 2018.

Como se ve, para 2005, el segmento poblacional más grande era el de la población entre 10 y 14 años. Para el 2018, se reduce el peso sobre el total de la población menor a 18 años, dejando a la población entre los 20 y los 24 años como la más grande. Sumando a este grupo anterior, los segmentos poblacionales entre los 25 y 40 años representan el grueso del electorado nacional, sin desconocer que la población entre 40 y 60 años es significativa y está en crecimiento.

El censo electoral se estima, provisionalmente, en 38 millones de votantes. En 2018 fue alrededor de 36 millones.

Pero como sabemos, no todos los que pueden votar lo hacen, y la tendencia es a que vote aproximadamente la mitad del censo. 

En 2018 lo hizo el 54 por ciento, siendo una de las más altas desde la Constitución de 1991. Así que la pregunta no es solo si los jóvenes son mayoría en la población, sino si van a votar y cómo lo van a hacer.

LSA: ¿Es posible estimar con datos si esa participación en las elecciones va a aumentar para el próximo año?

A.S.: Aquí nos sirve ver una gráfica de participación política.

“La indignación de los jóvenes no necesariamente se traducirá en más votos para los extremos”

Fuente: Visualizaciones y cálculos propios a partir de datos de la Registraduría Nacional del Estado Civil. Londoño & Sampayo.

En el último cuadro de la gráfica (a la derecha) se muestra la diferencia en términos de la participación electoral entre la primera vuelta de 2014 y la de 2018. Entre más verde aparecen los municipios, quiere decir que tuvieron un mayor aumento de la participación, mientras que el rojo simboliza una reducción de la participación. En términos generales, hay un aumento en la participación electoral en casi todos los municipios de Colombia, con algunas excepciones en la región Pacífico y Orinoquía.

Si bien se registró un aumento generalizado de la participación en todo el territorio nacional, un 54 por ciento sigue siendo bajo si se le compara a democracias más consolidadas como Alemania, España, Francia, Reino Unido o Canadá donde votan entre un 65 y 75 por ciento de las personas habilitadas.

Es plausible que la tendencia de aumento de la participación electoral se sostenga de cara a 2022. Aunque, siendo muy optimista, es difícil que la participación electoral supere el 60 por ciento (alrededor de 23 millones de votantes). Una participación que, en todo caso, ya es muy positiva si se compara con los procesos electorales más recientes.

Para cerrar, es importante decir que el hecho de que aumente la participación no implica necesariamente que todo el peso electoral va a recaer en los jóvenes. Esto teniendo en cuenta que habrá varios temas en juego como el desempleo, la pobreza, salud y educación, que tienen una afectación en toda la población en general.

LSA: Una lectura que hay sobre las consecuencias del paro es que este va a favorecer a las opciones que están mas a la izquierda y la derecha, pues le permite a Uribe capitalizar el miedo al caos y a Petro la indignación. ¿Se refleja esta tesis en los jóvenes?

A.C: No se refleja. En la encuesta con los jóvenes se ve una preferencia electoral por el centro: el 41 por ciento votaría por un candidato de centro, el 25 por ciento por uno de izquierda, y el 5 por ciento por uno de derecha. No definimos de antemano lo que significan esas categorías, sino que estábamos más interesados en lo que los mismos jóvenes identificaran como izquierda, derecha o centro.  

Este resultado yo lo interpreto como un rechazo contundente a la polarización en el país. Los jóvenes están aburridos de observar un escenario en el que les toca estar peleando necesariamente unos contra otros.  

Y a esto le sumo otra conclusión que nos deja la encuesta, y es que esos jóvenes van a votar. El 89 por ciento dice que tiene disposición de votar en las elecciones para presidente y para Congreso, así que si esa intención de voto se cumple, estas preferencias políticas van a tener un peso importante en las elecciones.

LSA: ¿Cómo interpretar ese hallazgo de que los jóvenes no necesariamente están interesados en votar por los extremos del espectro político?

A.S.: Aquí se puede hacer un cruce de datos interesante. Si volvemos a ver el mapa de crecimiento de la participación electoral, vemos que los lugares donde hay menor aumento (en las zonas más periféricas del país) es en donde la izquierda ha mostrado una fuerza creciente en el voto. 

Esto muestra que hay una ventana de oportunidad que tiene el centro político, pues sus fortines electorales en 2018 son zonas más urbanas, con mayor número de votantes y que sí están mostrando una alta participación electoral. 

Un error potencial que podrían cometer es concentrar todos sus esfuerzos en Bogotá (claramente sin descuidarla), cuando su desempeño muestra oportunidades en otras ciudades y sus áreas metropolitanas. 

Así que definitivamente hay una oportunidad de crecimiento del voto joven por un candidato de centro en las zonas urbanas, especialmente las de los departamentos que quedan en la zona andina del país.   

Los jóvenes no necesariamente se están polarizando. Muchos de ellos están en la calle buscando respuestas a problemas puntuales. ¿por qué después de graduarse del pregrado no logran conseguir trabajo? Y si lo consiguen ¿por qué devengan un salario mínimo?

Esto deja una lección y es que no necesariamente la indignación que se vio de los jóvenes en las marchas se traducirá en votos para los candidatos de los extremos del espectro político, como algunos han supuesto.

L.S.A.: Sigamos profundizando ese punto. Según los datos que ha ido presentando para la Silla Llena, ¿en qué lugares estas preferencias políticas de los jóvenes tienen más opciones de crecer?

A.S.: De cara a las presidenciales, el patrón que veo agregado de las elecciones pasadas lo he analizado con Sebastián Londoño (joven investigador de la Universidad del Rosario), por ahora, en tres regiones: Antioquia y el Eje Cafetero, la costa Caribe y Valle del Cauca.  

En las zonas urbanas de Antioquia y el Eje Cafetero hay mayor preferencia por un candidato de centro (Fajardo ganó en las tres capitales del Eje Cafetero). Aquí podrían tener una ventaja sobre la izquierda en términos de crecimiento electoral. No obstante, los municipios menos urbanos de esta zona tienen una preferencia mas marcada hacia la derecha.  

En la costa caribe (que para el análisis comprendió a Bolívar, Magdalena y Atlántico) el patrón es diferente. La izquierda, representada por Petro, tiene un mayor dominio y oportunidad de crecimiento si se le compara con el centro político. En las últimas elecciones presidenciales de 2018, el voto por Petro creció tanto en zonas urbanas grandes como en intermedias. Esto significó un dominio en casi 34 municipios de esta zona, con un desempeño promedio del 42 por ciento de la votación. Esto es un desempeño tremendo.

Mientras que en Valle del Cauca, en las zonas urbanas, existe una competencia importante entre el centro político y la izquierda, con posibilidades de crecer para ambos espectros. En contraste, no se ve una oportunidad de crecimiento para la derecha, que soporta su caudal en los municipios menos urbanos del norte.  

Este mapa resume para todo el país lo que acabo de decir.

“La indignación de los jóvenes no necesariamente se traducirá en más votos para los extremos”

Fuente: Visualizaciones y cálculos propios a partir de datos de la Registraduría Nacional del Estado Civil. Londoño & Sampayo.

Lo que se ve, en las elecciones presidenciales de 2018, es que el voto urbano andino (que comprende a los departamentos de Cundinamarca, Antioquia, Tolima, Boyacá y los santanderes) se comporta de manera diferente a la costa Caribe y Pacífica (exceptuando Valle). 

En la región Andina hubo mayor competencia entre el centro y la derecha. Las zonas azules son de dominio electoral de la derecha (donde ganó Duque) y las verdes donde hay más competencia con posibilidades para el centro o la izquierda. En verde están casi todas las ciudades: Medellín, Bucaramanga, todo el eje de Tunja, Sogamoso, Duitama, Ibagué y Bogotá. 

En contraste, en la costa Caribe y el Pacífico el dominio es más de la izquierda, que está señalado por el color morado, y fue donde Petro creció electoralmente. Siendo Valle del Cauca una excepción, porque ahí el voto está más peleado entre el centro y la izquierda.

L.S.A.:Este mapa contrasta con lo dicho por los jóvenes en la encuesta, porque muy pocos de ellos piensan votar por un candidato de derecha, pero las zonas azules muestran que a un candidato de derecha le puede ir bien una zona grande del país. ¿Qué piensa de esto?

A.S.: Lo que muestra el mapa es que el uribismo ha perdido fuerza en las zonas urbanas, eso es innegable. Esa gran porción del territorio a la que se refiere está relacionada con municipios pequeños, donde no hay tantos votos. 

Ahora, ese retroceso no necesariamente se traduce en un mal desempeño de este sector político en las zonas urbanas. Tener una votación cercana al 30 por ciento del voto en estas áreas, sumado a un dominio en zonas suburbanas y municipios más pequeños vuelven a poner en competencia a la derecha.
 
La reducción de la derecha en zonas urbanas muestra una oportunidad de crecimiento de sectores de centro e izquierda. No obstante, por su fragmentación le terminan dando la oportunidad a la derecha de seguir siendo competitiva. La dificultad del uribismo y la derecha en estas elecciones va a estar en encontrar un candidato y una estrategia que le permita ser más atractivo en zonas urbanas y lograr ampliar su caudal fuera del Eje Cafetero y Antioquia.

L.S.A.: para cerrar, ¿qué temas van a llevar los jóvenes a la campaña del otro año?

A.C.: Le preguntamos a los jóvenes si su situación ha empeorado o mejorado. En lo laboral dijeron que empeoró el 56 por ciento, en lo económico un 55 por ciento y en la seguridad personal un 60 por ciento. Es decir, la situación es realmente muy compleja para ellos. 

La agenda de las campañas va a estar determinada entonces por esos problemas: el empleo, la economía y la seguridad. Va a ser una agenda muy cercana a la vida cotidiana de las jóvenes, aunque estas son cosas que les preocupan a otros segmentos de la población también. 

Pero con los jóvenes hay un peso diferente: por un lado ven la situación con más pesimismo, pero también han sido cargados simbólicamente con el peso de que ellos pueden transformar la sociedad. En 1991 lograron detonar el proceso que llevó a una nueva Constitución. La pregunta es ahora a dónde llegará esta indignación que hemos visto desde 2019 y que este año, a 30 años de la Constitución, explotó con más fuerza.  

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* Los datos electorales presentados por Andrés Sampayo se basan en un análisis de la evolución de los resultados electorales para elecciones presidenciales (2010, 2014, 2018) a partir de un ejercicio de clustering k-means, que es un método en el que se segrega un número cualquiera de datos y se agrupa con sus similares. En este caso, los datos de los resultados de las elecciones que están disponibles en la Registraduría Nacional. La técnica permite ver los municipios que se agrupan de acuerdo con un patrón de voto hacia un candidato o partido específico. Al definir un valor medio por grupo y delimitar al resto de acuerdo con su cercanía con este valor, los municipios con patrones similares quedan agrupados entre sí, como se ve en el mapa de resultados presidenciales agrupados por clusters.  

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