Cinco razones para no poner todos los huevos en el ecoturismo

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A partir del caso de la Reserva de Encenillo en Guasca (Cundinamarca), el profesor del Rosario Felipe Rojas concluye que no es la panacea para los campesinos.

 

Muchos de los que impulsan las consultas mineras, ofrecen como alternativa de empleo el ecoturismo. El libro “Ayer mineros, hoy ecoguías y concesionarios” , escrito por el antropólogo y profesor de la Escuela de Ciencias Humanas de la Universidad del Rosario Felipe Rojas Arias, cuestiona esa ilusión.

El investigador realizó un estudio de campo en el 2012 y 2013 en la Reserva Biológica Encenillo (RBE) ubicada en el sector de Pueblo Viejo, municipio de Guasca, Cundinamarca, y encontró que las reservas naturales privadas también traen problemas para las comunidades.

La Reserva fue durante 61 años una mina administrada por la Compañía Explotadora de Cal. En 1992 la mina cerró y quince años después se convirtió en una reserva natural que administra la Fundación Natura de Colombia, que es la más antigua existente en el país.

La Fundación muestra éste como un caso exitoso de recuperación ambiental. Además de que la reserva hace parte del primer anillo (zona de amortiguación) del parque natural Chingaza, que es la fuente de agua más importante de Bogotá, el árbol de Encenillo, que ahora está protegido, había sido muy talado para madera y tintes.

Sin embargo, los pobladores añoran la mina porque aunque reconocen que era un trabajo duro tenían estabilidad, buenos salarios, prestaciones sociales y dotaciones y no tenían que desplazarse a ningún sitio para sobrevivir.

A partir de esa experiencia y de otras como la del Parque Nacional Natural Corales del Rosario y San Bernardo, el profesor Rojas concluye que el ecoturismo está lejos de ser la fórmula mágica para sustituir el empleo en lo rural por las siguientes razones:

1

El ecoturismo genera poco empleo e inestable

En varias zonas del país, se habla de “Nueva Ruralidad” que consiste en una economía movida ahora por servicios turísticos y ambientales que han entrado a reemplazar la explotación minera y agropecuaria que antes se hacía en el campo.

Pero el ecoturismo como fórmula económica para las poblaciones aledañas a zonas de conservación no siempre es efectiva.

Felipe Rojas cuenta en su libro que de 37 personas que trabajaban en Pueblo Viejo, sólo seis estaban colocadas en la Reserva Biológica del Encenillo, de las cuales 5 eran ocasionales, es decir, que sólo las ocupan entre 1 y 3 veces por semana. Mientras en la mina había más de treinta trabajadores.

Los maestros de obra locales también son llamados cuando se requiere instalar algo o hacer un arreglo pero eso pasa de vez en cuando y, en todo caso, en el momento que más fueron ocupados fue en el arranque de la reserva.

“Ya últimamente me estuvieron llamando, pero ya no tuve tiempo porque ya me metí a trabajar en una parte donde … uno tiene un sueldo fijo”.

Dice una de las vecinas del sector entrevistadas por el profesor.

“Porque …. allá … era una vez al mes o por allá cada dos meses. Entonces ya me metí a trabajar en una parte donde … se que me va a llegar quincenas.”

“¿Y sumercé dónde está trabajando?”, le pregunta el profesor. “Pues en el ordeño, pero de todas maneras es un sueldo fijo que un tiene”, le contesta.

Lo anterior conlleva a que el trabajo en la reserva sólo sea un ingreso complementario y tengan que irse u ocuparse en otras actividades como la ganadería.

Natura es consciente del problema de la falta de trabajo y aunque ha hecho esfuerzos para aumentar las visitas a la Reserva esto no es suficiente, reconoce el autor del libro, porque la actividad de conservar los bosques genera muchos gastos y pocos ingresos y fuentes de empleo, como los turistas sólo van algunos días a la semana y al mes, no hay mucho que poner a hacer a la gente.

La reserva tiene 200 hectáreas de las cuales 180 son bosque y 20 son pasto. Esta proporción muestra que no es posible sólo conservación sin producción. Felipe Rojas dice que la Fundación entiende eso y articuló la práctica común ganadera que había en el sector a través de la venta de pasto a los campesinos bajo la figura de concesión.

No pasa lo mismo con la actividad agrícola por el impacto ambiental que tiene el uso de agroquímicos.

 
2

El ecoturismo no retiene a los jóvenes ni a las mujeres

El desempleo en Guasca no es alto (16.2 por ciento) , pero esto no se atribuye a que realmente no haya sino a que la población en edad de trabajar una vez termina su bachillerato abandona el pueblo en busca de oportunidades.

La creciente urbanización de los municipios cercanos a Bogotá, genera empleo en condominios y clubes exclusivos en labores de construcción, servicio doméstico, jardinería, asistencia en deportes, cuidado de niños y mascotas.

“A la gente le toca salir, más que todo la juventud, … a buscar trabajo porque acá no hay”,

Dice otra de las entrevistadas.

dice otra de las entrevistadas. ”Acá lo único así es, pues lo ganadero [...] Juventud acá como tal no hay porque oportunidades de empleo no hay. Y si hay, no es nada seguro”.

En el caso de las mujeres, el problema aumenta. Por una lado no tienen muchas opciones de trabajo local diferentes al ordeño y las labores domésticas, que en todo caso no son pagas pues en las fincas, usualmente, le pagan sólo al mayordomo. Otros oficios en el campo se consideran labores pesadas para las que las mujeres no son aptas.

Y tener que irse a buscar trabajo a otros lugares les implica abandonar sus hogares.

 
3

El empleo local que provee es en labores domésticas

Las ganancias del ecoturismo generalmente no se quedan en las poblaciones locales sino en manos de los privados que suelen venir de las ciudades a administrar las reservas naturales.

Los trabajos que podían desempeñar las personas de Pueblo Viejo eran los de cocina, aseo, plateo (siembra y mantenimiento de árboles) y guía turístico, aunque también había guías traídos de afuera pues “no cualquiera podía ser ... a partir de sus conocimientos del lugar, debía pasar por un proceso educativo”, dice el autor del libro.

Por ello los campesinos reclaman que todos los empleos de guía deberían ser para ellos.

 
4

El ecoturismo suele desconocer los saberes locales

Los guías ecoturísticos son importados muchas veces pues se privilegia el conocimiento científico y formal sobre el empírico.

“Debían ocupar la gente de aquí”,

Dice un vecino del sector.

“Entonces esa reserva si estaría dándole beneficio a las personas del mismo municipio”.

El autor del libro critica que en 2008 estudiantes de Biología de la Universidad Incca de Colombia formaron como eco-guías a un grupo de ocho habitantes de la vereda como parte de su proyecto de grado en la Reserva y que en vez de valorar el conocimiento íntimo que tenían de la región los trataron de adoctrinar como si supieran muy poco sobre las especies animales y vegetales.

Además, de los ocho sólo dos se quedaron como ecoguías pero solo una vez por semana pues los otros nunca fueron llamados o se retiraron por falta de contrato fijo.

Y aunque algunos estaban contentos con haber podido aprender los nombres científicos de las plantas e incluso pidieron tener acceso a bibliotecas, otros lo criticaron:

“Imagínese habiendo gente acá, prácticamente capacitada. Yo creo que hasta ni se saben el nombre de los árboles o por qué, si … da unos frutos que se puede comer uno (y que) no”.

Dice un vecino, y otro lo complementa:

“Una persona de Bogotá qué historia le va a contar a uno”.

 
5

Reduce a los pobladores de las reservas naturales a empleados

Las reservas naturales se plantean como formas de aumentar el control de las poblaciones locales sobre sus territorios; sin embargo, el caso de la Reserva Biológica del Encenillo muestra que eso no es posible si no hay una verdadera participación de esas comunidades y si ellas no pueden derivar su sustento del uso de los recursos naturales.

Esta situación se agrava cuando se trata de reservas naturales de “la sociedad civil” como las del Encenillo, que son realmente de propiedad privada, de las que los dueños pueden disponer sin que los campesinos puedan exigir otra cosa.

“De lo contrario, solo seguirían siendo antiguos trabajadores mineros (o hijos de ellos) hoy convertidos en concesionarios y mano de obra del ecoturismo”, escribe Rojas.

Cuenta, por ejemplo, que los habitantes locales han querido desarrollar actividades que les puedan dar ingresos y que sean compatibles con el ecoturismo en la Reserva, como vender alimentos o hacer cabalgatas para los turistas, pero que éstas no han dado resultado.

“Pues no sé, a esa reserva le hace falta como un buen restaurante, como una caseta donde vendan golosinas. ... digamos, que yo quiero colocar mi negocio y le den a uno la oportunidad de colocarlo. Así toque dar alguna parte a la Fundación, pero que lo dejen trabajar a uno. Porque nosotros propusimos todo eso”,

Dice otra de las consultadas para la investigación.

“Cuando la cabalgata, … mi esposo compró los caballos y… fue como dos veces nada más y nunca lo volvieron a llamar…”.

El ecoturismo no es la contraparte de la minería, opina el autor del libro al criticar la polarización del debate ambiental. "Sí llegamos al extremo de sólo conservación y de prohibirle a los campesinos cultivar, talar, ¿de qué van a vivir?", concluye.

 
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