‘Detrás de muchas de las desigualdades, está la de no saber leer y escribir’

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Silvia Otero-Bahamón

Mucho se ha hablado de desigualdad con la pandemia. Un estudio de Silvia Otero, de la U. del Rosario, apunta a una que puede estar detrás de todas las demás: no saber leer y escribir, que varía significativamente de región en región.  

 

En la última década ha habido grandes avances en la disminución del analfabetismo en Colombia: de una tasa promedio del 8 por ciento en el censo de 2005, pasamos a una del 5 por ciento en el censo de 2018.

En Latinoamérica, comparativamente, con Chile y Perú, estamos en un nivel intermedio.

Esos son algunos de los hallazos de Silvia Otero Bahamón, profesora de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario, quien estudió con sus dos asistentes de investigación, Liney Álvarez y Camila Herrera, los avances no solo entre países sino al interior de estos en la investigación llamada: “¿Qué es lo subnacional de la desigualdad subnacional? Una mirada interseccional a la desigualdad en Latinoamérica” en proceso de publicación.

Aunque las tasas promedio muestran una realidad alentadora, en lo “subnacional” es decir cuando uno se va al detalle por país encuentra que esa cifra promedio del 5 por ciento, en el caso colombiano, puede llegar en algunas regiones a ser de más del 30 por ciento, como lo muestra la siguiente tabla con la que se puede interactuar.

*Para ver en la siguiente tabla los cambios en los porcentajes de analfabetismo por cada región, de clic y seleccione entre las variables posibles de sexo, urbano/rural y pertenencia étnico-racial.

 

 

Tasa de analfabetismo en Colombia por región, sexo, zona y etnia

Amazonía/Orinoquía

0%

Andina/Central

0%

Caribe

0%

Oriental

0%

Pacífica

0%

 

¿Qué incide para que eso se de?

Ser hombre o mujer; ser indígena, reconocerse como afrodescendiente, o, por el contrario, no tener ninguna pertenencia étnico racial; vivir en el campo o en la ciudad, vivir en una región o en otra y, sobre todo, las distintas combinaciones de esas características.

"A eso se refiere el enfoque “interseccional” según el cual las desventajas no se suman sino que se multiplican: las desventajas de una mujer afrodescendiente, por ejemplo, son mayores que la suma de desventajas de ser mujer y afro por separado", explica Otero.

Así se ven esas diferencias en Colombia, Perú y Chile.

Del cálculo de analfabetismo, por razones metodológicas, están excluidas las personas menores de 15 años porque la tasa de analfabetismo se calcula generalmente con mayores de 15; los que pertenecen a grupos distintos de negro-afro-palenquero, indígena, y ninguno, como los Rom, dado que tienen porcentajes muy pequeños, y los que en el censo tienen analfabetismo vacío: es decir que no son ni si, ni no. Chile no preguntó por analfabetismo en su último censo de 2017, entonces se tomaron las personas mayores de 15 años con menos de cuatro años de escolaridad dado que su primaria dura cuatro años. El comparativo de tasas de analfabetismo entre países se hizo con sus dos últimos censos: Colombia: 2005, 2018; Perú: 2007, 2017; Chile: 2002, 2017. Como cada país tiene una fecha de censo diferente, en las tablas se identifican los que se hicieron en la década que arrancó con el año 2000 como “2000s” y los que se hicieron en la década que arrancó con el año 2010 como “2010s”. Las cinco regiones de Colombia y los departamentos incluidos en cada una son: En Caribe: Atlántico, Cesar, Córdoba, Bolívar, Magdalena, Guajira, San Andrés Islas y Sucre. Andina Central:Antioquía, Huila, Tolima, Boyacá, Cundinamarca, Meta, Bogotá D.C.,Caldas, Quindío y Risaralda. Oriental: Arauca, Casanare, Norte de Santander, Santander. Pacífica: Chocó, Cauca, Valle del Cauca y Nariño. Amazonía - Orinoquía: Amazonas, Caquetá, Guaviare, Guainía, Putumayo y Vaupés, Vichada.

 

 

Este año que hemos hablado más de desigualdad que nunca, pues la pandemia nos ha afectado a todos de distinta forma, es clave poner la lupa en el rol del analfabetismo en producir muchas de las desigualdades que estamos viendo:

“No saber leer y escribir no es una condición necesaria, pero sí casi suficiente para ser pobre. Saber hacerlo es la puerta de entrada a una mejor educación, a un mejor ingreso y a una mayor integración social. Aumenta o disminuye drásticamente las probabilidades de alcanzar la vida deseada”, dice Otero. 

En Chile, vivir en el campo disminuye bastante la posibilidad de tener acceso a una educación básica que es lo más esencial para poder comunicarse con el mundo. En Perú, prácticamente, basta con ser mujer para tenerla cuesta arriba. 

En Colombia, en cambio, el género por sí solo no hace una gran diferencia; de hecho, en el agregado nacional, las mujeres tienen una tasa ligeramente menor que la de los hombres: 4.8 por ciento contra 5 por ciento según el censo de 2018.

Pero, la combinación -interseccionalidad como se le conoce técnicamente- entre ser mujer, vivir en el campo, ser indígena y estar en la Región Caribe, te lleva a la mayor tasa entre las combinaciones posibles: 31.69 por ciento, es decir, más de seis veces el promedio nacional.

En Colombia, hombres y mujeres indígenas rurales tienen las peores tasas, pero a los hombres les va un poco mejor: 27.37 por ciento en el Caribe, una diferencia de 4 puntos porcentuales (p.p.). En la única categoría en que hay una brecha marcada entre hombres y mujeres en el país es en la de los indígenas.

Las personas afrodescendientes, en cambio, tienen mejores oportunidades que los indígenas. De hecho, de forma llamativa, en la región Oriental, tanto hombres como mujeres afro que están en zonas urbanas, están entre las seis tasas más bajas de analfabetismo del país, por debajo del promedio nacional, 2,8 por ciento y 2,89 por ciento, respectivamente.

Aunque esas buenas tasas no se replican ni en el Pacífico (donde más población afro hay en el país) ni en el Caribe, que le sigue en proporción.

Y esta es quizá uno de los hallazgos más importantes de la investigación de Otero: “no todas las regiones repercuten igual en personas que ya tienen condiciones de identidad que pueden ser desfavorables para acceder a bienes y servicios".

Volviendo al caso de las mujeres rurales indígenas  del Caribe, todas las condiciones pesan en que tengan la tasa de analfabetismo más alta de entre todos los grupos, pero la pertenencia étnico-racial, y la región, mucho más.

“La condición de ruralidad, por sí sola, por ejemplo, no pone a las mujeres en situación de desventaja en Colombia”, de hecho en el campo les va mejor que a los hombres excepto en la Región Pacífica, pero con muy poca diferencia. Lo regional es característico de nuestro país: ni en Perú ni en Chile se encontraron diferencias tan marcadas.

En esa línea, para otra población con condiciones muy desfavorables en términos de analfabetismo como los indígenas, la experiencia de vida en la zona urbana de la región Oriental parece ser muy diferente a la de los afro: tiene tasas de entre 10 (para las mujeres) y 4 pp (para los hombres) por encima que las de los afro. 

Sobre esto hay que aclarar, en todo caso, que la cantidad de personas indígenas reportadas en el censo de 2018 en la zona urbana de esa región es sorprendentemente baja: 2.657 personas, versus casi 29 mil afros, que suscita la duda de si refleja la realidad o tiene que ver con alguna falla censal: “esto sería gravísimo pues el censo tiene la función radicalmente opuesta que es visibilizar a toda la población. En todo caso, el censo son los mejores datos disponibles”, anota Otero.

Ella se pregunta si esas brechas dentro de una misma región, en este caso la Oriental, tienen que ver con política pública o con procesos migratorios de personas afro, por ejemplo, que han llegado a la región y que pueden tener un conjunto de habilidades mayor que el de otros afro en otras zonas del país:

“La migración no está al alcance de todo el mundo” dice la investigadora, quienes migran son generalmente los que aspiran a una vida mejor y tienen más condiciones que les permiten adaptarse a otros medios.

Otras regiones como La Caribe, en cambio, tienen la particularidad que agravan en general condiciones de vulnerabilidad, pero también aquellas que en principio no son desfavorables como la de ser mujer y vivir en la ciudad: la tasa de analfabetismo de las mujeres urbanas sin identificación étnica en el Caribe casi dobla la de la Región Andina (4,55% por ciento versus 2,35 por ciento), y lo mismo pasa con los hombres.

Según Otero, alguien podría pensar que los distintos niveles de analfabetismo que se presentan en cada una de las regiones en el país tienen que ver con diferencias en su composición demográfica -la cantidad de personas que tienen con determinadas características-.

La investigadora encontró, sin embargo, que con la metodología Oaxaca-Blinder, si uno hiciera el ejercicio de ponerle a la región Caribe la misma composición de la región Andina Central, el analfabetismo sólo se reduciría un punto porcentual.

“No es algo que se pueda explicar solo por la discriminación racial, por ejemplo, porque entonces si la región Caribe tuviera la misma proporción de minorías étnicas que la región Andina la tasa sería más o menos la misma, lo que no ocurre. La brecha entre las regiones se explica por otros factores que agudizan la discriminación racial como la cantidad de escuelas, su cercanía, la estabilidad de su personal”, dice Otero.

Lo que significa que en las diferentes regiones hay unas dinámicas específicas, unos procesos históricos de rezago que van más allá de las características de su población y que tienen que ver con la formación misma del Estado colombiano.

Un estudioso de la desigualdad regional, y de la región Caribe, puntualmente, como Adolfo Meisel, rector de la Universidad del Norte, lo dice así en una entrevista para La Silla Académica:

“El Caribe tiene la mayor pobreza en Colombia. El ingreso per cápita está 30 por ciento por debajo del promedio nacional, y es todavía más bajo en Sucre o La Guajira. Aunque hay muchas explicaciones que tienen que ver hasta con el tipo de suelos y el clima, no tener incidencia en el poder central es uno de los determinantes. Esto último es cierto también para el resto de la periferia de Colombia”.

A lo que Otero justamente agrega que el desarrollo industrial del país se ha dado de manera prevalente en la región Andina Central que tiene a su vez las tasas más bajas de analfabetismo.

Aunque, no para todos los grupos y eso también es llamativo. Los indígenas de las zonas rurales de esa región tienen tasas entre 12 y 10 pp más altas que los del Amazonas.

“Es un resultado contraintuitivo porque dadas las condiciones de ubicación de la Región Andina Central uno supondría que hay mayores facilidades de acceso a la escuela”.

El analfabetismo de los indígenas es de todas maneras muy alto en todas las regiones de Colombia y también en Perú y Chile.

“Es la población que más capas de segregación ha tenido desde la Colonia. A pesar del discurso de la multiculturalidad no ha habido avances suficientes. Es una población a la que es más difícil escolarizar por su autonomía, pero también ha habido falta de interés del Estado en desarrollar modelos que se adapten a sus necesidades”, dice Otero.

Más allá de los promedios nacionales, el estudio de Otero muestra entonces que todavía hay regiones de Colombia con una alta concentración de personas sin acceso a algo tan básico como saber leer y escribir y donde el Estado podría focalizar sus esfuerzos incluso de una manera costo-eficiente.

Para citar: Otero-Bahamón, S. (2020). ¿Qué es lo subnacional de la desigualdad subnacional? Una mirada interseccional a la desigualdad en Latinoamérica. Working Paper.

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