“Estas elecciones nos movieron el piso de quién tiene legitimidad de gobernar"

“Estas elecciones nos movieron el piso de quién tiene legitimidad de gobernar"
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Cinco de los ocho candidatos a la vicepresidencia que están en la contienda son personas afro, algo sin precedentes en una sociedad a la que se le ha diagnosticado un racismo estructural. Un racismo que se le ha salido a personajes públicos como la cantante Marbelle, la periodista Paola Ochoa o la senadora María Fernanda Cabal.

La Silla Académica entrevistó a Mara Viveros, profesora de la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional y autora del libro: “El oxímoron de las clases medias negras. Movilidad social e interseccionalidad en Colombia” que lanzará la próxima semana.

Viveros analiza qué hizo posible el protagonismo que ha tenido la población afro en estas elecciones y qué falta para combatir la desigualdad racial. 

A veces se critica a los medios de comunicación porque nos cuesta registrar noticias positivas. Cuando hay cinco candidatos afro a la vicepresidencia, preferimos enfocarnos en el racismo ¿Cuál es su balance de la cuestión racial en estas elecciones?

Ha habido transformaciones sociales que han permitido que esto suceda, no se hizo de la nada ni de un día para otro.

Quienes hemos rastreado históricamente lo que podría ser la formación de clases en la sociedad colombiana y cuál ha sido la participación de la gente negra en ella, vemos que es un proceso de largo aliento, que comienza incluso en los años 30 del siglo XX.

Lo que vemos ahora es la punta del iceberg. La diferencia racial en estas elecciones es visible y es una novedad porque estábamos acostumbrados a imágenes —y hablo en términos de visualidad— bastante homogéneas de las clases dirigentes en Colombia. Esto nos mueve el piso en relación con el imaginario de quiénes tienen el derecho y la legitimidad de gobernar. Es disruptivo ver una presencia fuerte por primera vez de población afrodescendiente en el ámbito político.

Me llama la atención la focalización en la figura de Francia Márquez como si fuera la igualada. Están filmando una película sobre ella que tiene ese nombre. Ese adjetivo es bastante significativo porque implica alguien que se imagina con igual derecho a gobernar que el que han tenido los hombres blancos y mestizos en Colombia.

Hay que celebrar que empecemos a hablar tanto del voto afro como del voto feminista, adjetivos que nunca calificaban el voto. Se hablaba del voto popular o del voto de las clases medias. 

¿Por qué es importante que se esté hablando de voto afro y voto feminista?

Siempre pensamos las desigualdades en términos de clase. Hoy nos estamos dando cuenta que son un tema más complejo, que también incluye, por supuesto, temas de género y étnico-raciales.

Se hablaba de la bancada de las mujeres, pero no del voto feminista como una propuesta política del estilo del movimiento Estamos Listas. Los fenómenos del voto feminista y del voto afro muestran el desplazamiento del eje de la clase a un eje mucho más multidimensional de la desigualdad. 

Además de las fórmulas vicepresidenciales, hubo dos mujeres afro cabezas de lista al Senado…

Celebro que hayamos tenido como cabezas de lista de Senado a Katherine Ibargüen por el Partido de La U y a Mabel Lara por el Nuevo Liberalismo, eso es importante. También lo es que muchas personas no afrodescendientes hayan entendido que se podía votar por las curules afro. Sobre esto Aida Quilcue señalaba algo así en estos días: ‘Si los indígenas votamos por listas de no indígenas ¿Por qué no podría ser lo contrario posible?’.

Esa pregunta es reveladora porque muestra cómo se ha construido esa idea de que la mayoría tiene la la posibilidad de decidir todo lo que concierne a la minoría, pero la minoría no tiene la posibilidad de opinar sobre lo que le sucede a la mayoría.

No deberíamos hablar de minorías, como dice Francia Márquez: "salgamos de esa idea de que somos minoría, las que son minoría son las élites en Colombia, las otras personas han sido minorizadas". Es muy diferente ser minorizado a ser minoría. Ha habido cambios en todos estos aspectos.

Aunque con la polémica alrededor del candidato Miguel Polo Polo —cercano al Centro Democrático— por la curul afro, ha habido llamados para que sólo personas afro puedan votar por esas curules para garantizar que quienes las ocupan representen sus intereses…

Tienes razón. Son dos estrategias diferentes, pero que conducen a lo mismo: que las curules afro sean un tema de debate político para todo el país. Cuando se dice que solamente las personas afro elijan a las personas de las dos curules afro, se está poniendo en evidencia que es importante que representen los intereses de las poblaciones y de las comunidades afro en el país en toda su diversidad —hay diferencias políticas entre esas poblaciones, no hay que imaginarlas como un grupo homogéneo—.

El punto es que es importante que se discuta sobre la representatividad afro. Porque al igual que el feminismo, no es solamente un asunto de mujeres sino que es un proyecto político que le debe interesar a toda la población: a los hombres y a quienes se reconocen desde la diversidad sexual, también. 

De la misma forma en que la protesta social en el país se ha “contagiado” de la movilización social en la región y en el mundo, ¿lo que está pasando con la población afro en estas elecciones está conectado con movimientos como el “black lives matter” de EE.UU.?

Hay conexiones con Estados Unidos, pero no únicamente. Después del multiculturalismo que se dio con la Constitución de 1991 y que permitió la consolidación de una identidad étnica negra que antes no existía; y, sobre todo, de la conferencia de Durban contra el racismo convocada por la ONU en 2001, se empiezan a conectar los movimientos negros —lo llamo negridad diaspórica— en el mundo entero.

Una de las conexiones más interesantes es la de las mujeres negras. Hace como 12 años invitamos a la filósofa afro Angela Davis a la Escuela de Estudios de Género. En ese momento nuestras referentes eran efectivamente las mujeres afro estadounidenses. Pero el feminismo negro brasilero ha sido también una fuente de inspiración para nosotras en Colombia. Francia Márquez, por ejemplo, ha recibido toda la solidaridad del movimiento afrobrasilero con eco regional e internacionalmente. No en vano Francia fue la tercera más votada en el exterior.

Desde los 90 también ha habido movimientos importantes de mujeres afro uruguayas, caribeñas, dominicanas. Era muy difícil antes de 1991 pensarse como comunidad afro en el contexto de la ideología del mestizaje.

¿En qué consistió la ideología del mestizaje?

En construir un proyecto de nación a partir de la pretensión de que todos éramos iguales: todos éramos mestizos, todos éramos católicos, todos hablábamos español. Entonces no se reconocía la existencia de otras lenguas ni de otras religiones, y por supuesto no se hablaba en términos de reconocimiento de derechos a grupos étnicos. Para ser reconocidos teníamos que ser “blanqueados”; si queríamos ser igualados o que nos igualaran teníamos que parecernos a lo que se supone que son las mayorías. Esas mayorías que, como dice Francia, han minorizado a otros grupos de personas. 

¿Podría desarrollar más qué significa la palabra “igualada”, que es el título de la película sobre Francia Márquez? Vulgarmente se le dice “igualada” a la persona que pretende tener los mismos derechos que otra aunque no los tiene…

En ese caso la clave es preguntarnos: ¿Quién puede pronunciar la frase: “Alguien que pretende ejercer mis derechos”? ¿Ese "mis" a quiénes se refiere? Tal vez a quienes creen que son los únicos legitimados para gobernar o a la "gente de bien" que no entendió lo que estaba sucediendo en Cali durante el paro, por ejemplo, que se sintió amenazada y por eso reaccionó como lo hace la gente cuando se siente amenazada en Colombia: recurriendo a la justicia por la propia mano ante la percepción de que no existe justicia por parte del Estado.

¿Quiénes son los “igualados/as”?: Esos a quienes Francia llama "los nadie". Los nombra así implicando que pueden desafiar la democracia —que todavía no es incluyente —. Y con ello, invierte la carga negativa que ha tenido la expresión de igualados.

LSA: Cree que los cinco candidatos presidenciales que optaron por nombrar vices afro lo hicieron genuinamente, o están imitando o los ha influenciado lo que ha pasado en otros lugares como en Estados Unidos con el Gobierno Biden. 

Yo creo que es una imitación, pero las imitaciones son el primer paso para los cambios, así sean pequeños. Es importante hablar de la mímesis. El profesor de la Universidad de Harvard, Homi Bhabha, habla de que el colonizado suele imitar al colono porque también es su manera de subsistir, es la mímesis de un grupo dominado.

En el caso de los políticos colombianos es la mímesis del grupo dominante, que también se ha sentido cuestionado por lo que pasó. Es decir, que Francia Márquez tuviera mayor votación que Sergio Fajardo es una bofetada, algo que golpea. La reacción es defenderse: ‘no vamos a dejarles a unas personas que monopolicen el discurso sobre las regiones, sobre los territorios’.

¿En qué sentido se están defendiendo?

Cuando los electores dicen que "es más de lo mismo" se refieren muchas veces a la política centralista, alejada de la periferia y hecha por hombres blancos o mestizos. Así que en estas elecciones lo negro se volvió la forma de mostrar una relación con los territorios y las regiones: se volvió el significante de la diversidad.

Poner un rostro negro, un cuerpo negro que es visible y leído en esos términos, es lo que está garantizando como esa conexión que estaba perdida.

Quiero pensar con el deseo de que la imitación puede ser el inicio de un cambio bienvenido. No dudo, en todo caso, que en un mundo globalizado los políticos entienden la necesidad de incluir la diversidad.

¿Qué se necesita para que el discurso de la diversidad, de la inclusión, de la multiculturalidad, sea transformador?

Cuando la diversidad se desvincula de la desigualdad pierde su filo disruptivo, su filo político, y en ese sentido se ha manipulado esa expresión aquí y en muchas partes. Por eso es importante pensar que las clases medias negras tienen que posicionarse para no dejarse utilizar. Tenemos una responsabilidad histórica y política en relación con lo que sucede en este país. 

Usted acaba de publicar un libro sobre clases medias negras en Colombia ¿Cuáles son sus características y su historia?

El libro se llama el “El oxímoron de las clases medias negras”, algo así como “las improbables clases medias negras”, porque de entrada quería mostrar la contradicción lógica de ser de clase media y ser negro. Esto tiene que ver con la fuerza de los imaginarios sobre la gente negra, que se piensa como inevitablemente pobre. Eso es visto como una fatalidad, como un destino que no se puede transformar, y que cuando se pretende transformar se vive como una pretensión ilegítima, de ser igualados para volver al punto.

Pero al mismo tiempo me parecía importante cuestionar ese imaginario mostrando que desde hace un buen rato existe una pequeña capa de gente negra que no es pobre. Aunque evidentemente la inmensa mayoría de la gente negra vive en las peores condiciones de vida, esa pequeña capa accedió a la educación superior y vive como podría describirse que lo hacen las clases medias e, incluso, medias altas.

En este video del Laboratorio de Antropología Abierta se narra cómo se ha configurado una clase media negra en el país.




¿Cómo hizo su investigación?

Con equipos de las universidades Nacional y del Valle acudimos a un enfoque biográfico que nos permitió examinar historias de vida de miembros de 18 familias y tres generaciones distintas —así abarcamos casi 75 años de la historia del país— y originarias de regiones diversas: del Pacífico y también del Caribe continental e insular. Así cubrimos la población negra, afrocolombiana, raizal y palenquera.

Mi enfoque sobre movilidad social no es el clásico de los economistas o los sociólogos, sino una aproximación interseccional, entendiendo la forma en que todo el tiempo están interactuando la clase, el género y la raza en sociedades como la nuestra, colonizadas por Occidente. Esos son nuestros tres ejes principales de la desigualdad social. La frase más bien reciente: "el feminismo será antirracista o no será" es producto de la conciencia de esa interrelación.

¿Cuáles fueron algunos de los hallazgos?

Todas las personas pasaron por Bogotá, lo que es explicable porque el ascenso social implica la migración hacia los ámbitos urbanos y el acceso a la educación superior que está, precisamente, en las grandes ciudades: Bogotá, Medellín, Cali. Son personas originarias de las regiones —lo que llamamos hoy “los territorios”-, pero pasaron por Bogotá e incluso se establecieron aquí. La última generación es bogotana, aunque tenga la piel oscura, lo que también encierra como una contradicción de acuerdo a los estereotipos que hay de la gente bogotana.

Ese ingreso a la clase media en algunos casos fue gradual y, en otros es más viejo: encontramos personas nacidas a comienzos del siglo XX y que habían estudiado en la universidad, o que digamos en los años 40 estaban en la universidad como mi propio padre. Y un hallazgo importante fue que las madres fueron claves inculcando el valor de estudiar, y las maestras negras claves en el acceso a la educación en los primeros años de este proceso.

Entonces esto de estas elecciones que parece como el logro de este nuevo milenio se remonta a un cambio que se empezó a dar años atrás. 

¿Cuál es la conexión entre la participación política de las personas afro en estas elecciones con el proceso histórico de formación de las clases medias negras?

Muchas de las personas de clase media negra en ascenso tuvieron cargos de representación política desde los años 40 del siglo XX. En ese sentido lo que está pasando no es una novedad.

La novedad es presentarse ya no en nombre, por ejemplo, de los partidos tradicionales, del Partido Liberal o el Partido Conservador —que en todo caso sigue ocurriendo—, sino de una perspectiva antirracista.

Yo creo que la palabra antirracista no se utilizaba en Colombia hace apenas tres años. Sólo se puso en el radar noticioso a raíz de lo que sucedió con George Floyd en Estados Unidos, con el movimiento de Black Lives Matter y las luchas antirracistas globales.

Con la pandemia, que mostró que todos no fuimos afectados de la misma forma, también se habla por primera vez del racismo institucional, algo que no hacía parte del vocabulario ni político ni académico, ni del de los medios de comunicación locales.

Por eso que en la campaña aparezcan menciones al antirracismo es inédito. También lo es que ahora la gente negra se represente a sí misma como un poder, con un potencial político, y que los políticos tradicionales intenten ganarse el voto afro como un voto particular. No porque no haya habido participación política previa, sino porque se ha cualificado, ha habido una politización de la pertenencia étnica

Eso cambia las posibilidades de ascenso social para la gente negra en Colombia en el futuro, porque hasta ahora han sido posibilidades individuales: ‘Está bien que alguien de la familia se destaque y tenga un cargo público, pero que ya toda la familia se destaque es complicado’, y mucho menos que pretendan hacer alguna reivindicación, por ejemplo, crear una asociación profesional con tintes étnicos.

O sea, en Colombia ha sido muy difícil pensar en asociaciones profesionales de negros comolas que existen en Estados Unidos,. La representación afro hace rato que existe allá porque está muy ligada a la lucha por los derechos civiles, por lo menos desde los años 60; acá ha sido un proceso que arrancó con la multiculturalidad que estableció la Constitución del 91. 

La mayoría de personas de las clases medias en Colombia son vulnerables, ante cualquier hecho inesperado pueden caer en la pobreza ¿Esto aplica de la misma forma para las personas afro?

El historiador Ricardo López Pedreros en su libro sobre las clases medias en Colombia en los 60 y 70 muestra que la movilidad social se vio siempre como una manera de superar las desigualdades sociales características de países "subdesarrollados" y de escapar del comunismo (eran los años después del triunfo de la Revolución Cubana y Estados Unidos estaba muy preocupado por el futuro de la región). Muchos de los programas de desarrollo que se pusieron en marcha buscaban generar desarrollo económico, y también estabilidad política.

En esa línea, las clases medias en estos países se convirtieron en la expresión de los distintos modelos económicos, concretamente del neoliberalismo a partir de los 90. Encarnaron al emprendedor, al pequeño empresario cuya mentalidad es individual. Entonces la única forma en que es admitida la gente negra como clase media es si tiene un ascenso social individual, si renuncia a cualquier pertenencia colectiva. En ese contexto surgieron las clases medias negras, que comparten la debilidad de cualquier proyecto centrado en lo individual y aún más en un sistema racista. 

¿Qué cree que reflejan los comentarios racistas que han surgido esta semana desde cantantes, líderes políticos y de opinión: Marbelle, María Fernanda Cabal, Paola Ochoa?

La persistencia de un racismo que nos resistimos a reconocer. Las leyes antidiscriminación que surgieron desde 2005 son importantes, pero me parece que tenemos que movernos de la discriminación, que es algo individual, a hablar de racismo sistémico. No podemos ver esas reacciones racistas como simples exageraciones anómalas, desvinculadas de lo que autoriza poder decirlas. En eso los medios de comunicación tienen un rol fundamental en no reproducir los estereotipos.
Y no puedo dejar de reconocer que la respuesta de Francia: "A Marbelle le mando un abrazo… para que se cure”, es genial. ¡El racismo enferma!

Algunas personas se han quejado de que no pueden hacerle cuestionamientos a Francia, o exigirle más experiencia o que responda ciertas preguntas, por el riesgo de ser calificados como racistas ¿Cómo se logra un equilibrio entre no incurrir en racismo y ser crítico con figuras públicas o líderes políticos?

Cuando una persona denuncia el racismo se la suele tildar de resentida. Estamos aún en proceso de legitimar esa palabra. Pero más allá de eso Francia necesita que la gente se pueda comunicar con ella y que no la sienta como alguien distante.

Por supuesto que es muy importante mantener el espíritu crítico frente a quienes gobiernan, y creo que Francia está dispuesta y tiene la capacidad de escuchar la crítica, si la hay. Lo que pasa es que la violencia que tenemos interiorizada nos dificulta aceptar las opiniones distintas sin que nos la tomemos a título personal, y al mismo tiempo nos dificulta hacer críticas políticas que no sean insidiosas, que no terminen inmiscuyendo asuntos personales en ellas, lo que no tiene presentación. 



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Mara Viveros Vigolla

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Intersecciones de género, Sexualidad, Clase, Raza y Etnicidad

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