“La economía popular no es la desarrolladora del capitalismo, como dice Petro”

“La economía popular no es la desarrolladora del capitalismo, como dice Petro”
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El Gobierno de Gustavo Petro logró aprobar la reforma tributaria más grande de la historia reciente, con un recaudo de unos 20 billones de pesos en promedio entre el 2023 y el 2026. Gran parte de ese recaudo vendrá de las empresas, sobre todo del sector de hidrocarburos, ahondando una dependencia del sistema tributario colombiano en las personas jurídicas.

Paralelo a esta apuesta, Petro ha exaltado la “economía popular”, el concepto con el que nombra el conjunto de la economía informal en el país. En un Congreso de empresas pequeñas y medianas, en octubre, dijo: “la economía popular es el eje para desarrollar la economía colombiana en una época de recesión. El verdadero capitalismo de Colombia está en la economía popular”. Y dijo que es necesario reducir la informalidad, pero sin precarizar aún más a los trabajadores del país.

Para entender la diferencia entre estas dos actitudes del gobierno actual frente a la economía formal e informal, y profundizar sobre si la reforma tributaria ataca o ahonda el problema de la informalidad, La Silla Académica entrevistó a Alejandro Barrera Escobar y a Héctor Mauricio Serna, profesores de la Facultad de Ciencias Contables, Económicas y Administrativas de la Universidad de Manizales. Ambos son autores del artículo: “Efectos en el empleo en las micro y pequeñas empresas generados por la emergencia del COVID-19: caso Colombia”, que informa ésta entrevista. 

es La Silla Académica

es Alejandro Barrera Escobar

es Héctor Mauricio Serna

Colombia es un país con muchos trabajadores que pertenecen a la economía informal. En un artículo ustedes afirman que esto es producto de la pandemia y que varía según las regiones. ¿Cómo argumentan esto?

Sin duda un punto de partida innegable es que venimos del contexto de la pandemia, que le pegó al empleo en todas las ciudades e incrementó la informalidad en todo el país. Sólo en América Latina se estima que entre el 35% y 40% de las pequeñas y medianas empresas cerraron por el impacto de la pandemia.

En Colombia, que ya venía de tener niveles superiores al 50% de informalidad laboral antes de la crisis, se estimó en 2021 que la informalidad puede ser hasta del 80% entre trabajadores con empleos por cuenta propia y del 33% en trabajadores asalariados, para un total de 58% de trabajadores informales.

Pero esta imagen de la informalidad cambia mucho según el tipo de región donde nos ubicamos. Actualmente tenemos ciudades con una mayor informalidad, como es el caso de Cúcuta, donde 6 de cada 10 trabajadores están en el sector informal. Diferente a lugares como Manizales, Medellín o Bogotá, donde hay una capacidad empresarial mayor en el territorio y eso reduce la informalidad. 

¿Cómo estamos midiendo la informalidad laboral?

La informalidad laboral se mide, de manera general, con el dato sobre si los trabajadores pagan salud y pensión. En Colombia, es el DANE el que dice quiénes son los ocupados informales con base en la Encuesta Integrada de Hogares que tiene unos diez criterios para hablar de informalidad.

Pero hay que tener en cuenta que la noción de informalidad abarca distintos niveles, por ejemplo, según estructuras económicas sectoriales o actividades de negocios, hay comercios al por menor donde trabajan cinco personas hasta otros más vulnerables, como son, por ejemplo, la venta ambulante. El abanico de la informalidad es muy grande, y hace que las categorías formal e informal a secas sean a veces muy simplistas.

Así mismo, hay diferentes estimaciones que miden la informalidad. Se puede hablar de otras variables para referirnos, más generalmente, a la calidad del empleo, y ahí entran criterios más amplios como el sitio del trabajo, si los trabajadores gozan de salud ocupacional, las categorías de los contratos, los ingresos, etc.

En la última actualización de esa encuesta, se ven ciudades con niveles de informalidad graves. A pesar de que Cúcuta estuvo mucho tiempo en los primeros lugares, han entrado otras ciudades con una informalidad muy alta, como son Quibdó, Sincelejo, Riohacha o Santa Marta. 

En esa investigación ustedes ahondan en factores que hacen que en algunas regiones la informalidad sea más alta o más baja. ¿Cuáles son?

La informalidad está estrechamente relacionada con las estructuras económicas productivas. Le voy a poner un ejemplo con la ciudad de Manizales, que generalmente ocupa el primer o segundo lugar en el país de las ciudades con menores niveles de informalidad laboral.

En Manizales, eso ocurre porque los empleos están estrechamente relacionados con el sector privado y empresarial que tienen organizaciones formales, es decir, que tienen registros mercantiles, contables, y que están en sectores que tienen mayor sofisticación, como el sector de tecnologías de la información y un sector de servicios profesionales.

Cuando hablamos de formalidad tenemos que hablar del piso de los tejidos empresariales de cada una de las regiones del país. Y es por eso que es difícil que el gobierno Petro pueda hacer algo contundente para acabar con la informalidad laboral, pues es un tema muy estructural de la economía. 

Con la reforma tributaria recién aprobada, es un hecho que gran parte del recaudo vendrá de los empresarios. ¿Cómo evalúan esta reforma?

Me gustaría responder a esto desde el libro de Roberto Junguito, “Cien episodios de historia económica de Colombia”, donde él afirmaba que en Colombia no se ha logrado nunca tener una “reforma tributaria real”. ¿Qué quiero decir con esto? Que la reforma tributaria actual hace parte de ese “combo” de políticas y reformas que no se hacen pensando en problemas estructurales, sino en resolver necesidades coyunturales.

Se podría pensar que la reforma tributaria está pensada para aumentar el recaudo frente a problemas, como que nos quitan un grado de inversión y los mercados están un poco inquietos frente a la sostenibilidad. Pero realmente esta tributaria responde a la necesidad coyuntural que ha transmitido el presidente Petro de necesitar más plata para ejecutar los programas sociales y de inversión pública que prometió en campaña, aumentando el gasto público. 

Claro que se necesita más plata e inversión pública, y en ese sentido la tributaria es necesaria. ¿Pero basta simplemente con tener más plata? Necesitamos discutir seriamente cómo se está distribuyendo y focalizando ese dinero.

¿Al aumentar los costos de operación de los empresarios no se afecta el objetivo de política social de bajar la informalidad?

En este país nos hemos caracterizado por hacer reformas tributarias que terminan siendo también decisiones de política económica que están totalmente desconectadas del ciclo económico. Usted está cambiando las reglas de juego constantemente y no las está cambiando para solucionar problemas estructurales. Pensemos, por un momento, en un empresario: venimos de aumentos del salario mínimo del 10% y hoy se está caldeando la idea de que puede subir al 13,5%, y algunos sindicatos incluso hablan del 25%.

Esos son aumentos insostenibles porque usted no puede golpear tanto al sector de generación de riqueza en este país, que es el sector privado, que genera productividad y empleo. Con problemáticas, por mejorar, por supuesto, pero es el que genera la riqueza. En esta tributaria el 25% del recaudo de impuestos recae sobre empresas y el 6% sobre personas naturales. Eso mientras que el 80% del recaudo del impuesto de renta recae sobre 3 mil o 4 mil empresas que son consideradas las grandes contribuyentes.

Los empresarios que le están apostando hoy a la formalidad de sus negocios arrastran unos costos laborales muy altos, y unos que van aumentando en un ciclo económico de inflación y de poco crecimiento económico.

Las proyecciones de este año hablan de un crecimiento del 7% y las del próximo año están en 3% o 4%. En ese ciclo de contracción se está generando una política fiscal que desconoce las condiciones de ese ciclo. Es como si usted viera a alguien caminando sobre piso mojado, y en vez de ayudarle le echa más agua y lo empuja. No es una política que ayude a reducir la informalidad y puede, en cambio, incentivarla.

No estoy diciendo que Petro sea un enemigo de los empresarios o algo así como los opositores han dicho. Lo que digo es que hay un cortocircuito entre la política fiscal y las condiciones tan difíciles que tienen que lidiar los actores económicos con una inflación que este país no había conocido en treinta años.     

Sí, añadiría que actualmente es muy costoso generar empleo formal, principalmente porque los pagos a pensiones y cajas de compensación familiar incrementan considerablemente la contratación, llevando a que el pequeño empresario no pueda asumir dichas cargas. Esta situación afecta a la totalidad del sector empresarial y, en general, a la generación de empleo en el país, ya que los costos laborales extrasalariales son excesivos en Colombia (superan el 60% del valor del sueldo que recibe el empleado).

Petro ha dicho que el verdadero capitalismo de Colombia está en la economía popular, y ha sugerido políticas concretas para esta economía como la creación de un sistema de crédito cooperativo público. ¿Cómo evalúan estas ideas? 

Las dinámicas de quienes “emprenden” o hacen parte de esta “economía popular” son notables porque la mayoría de personas que la componen lo hacen para fines de subsistencia, y una barrera fundamental de ese sector es el acceso a financiación.

Por eso el sector financiero puede jugar un papel para generar mecanismos de disminución de la informalidad. Yo no puedo exigir a un empresario que efectivamente crezca y se desarrolle si no tiene capital para desarrollarse. La idea de una línea de crédito que propone Petro es un punto que ataca este problema y creo que es positivo, pues no siempre la banca privada está dispuesta efectivamente a darle créditos con bajas tasas de interés a personas que no tienen tantas garantías para pagar.

En ese sentido, más líneas de crédito para informales puede ayudar a quitarles incentivos a que acudan al mecanismo de préstamo del gota a gota, que en esencia es una falla de mercado de la economía popular.  

También considero que son medidas interesantes, pero que no son perfectas y están lejos de tener resultados que uno podría decir espectaculares para la reducción de la informalidad. De entrada, me preocupa que esas estrategias de las que estamos hablando de los microcréditos vayan acompañadas de las declaraciones del señor presidente de que la “economía popular” es la verdadera desarrolladora del capitalismo, eso no es cierto.

Habría que hacer una discusión de economía política. ¿Qué entiende él por capitalismo? Porque yo les digo una definición muy sencilla: el capitalismo se da gracias a la acumulación de capital y esa acumulación de capital que con el tiempo hace procesos de inversión de ese capital para la generación y la reproducción de los mismos capitales y de la riqueza. Si yo me baso en esa definición, si hay algo que no hacen esos negocios de la economía popular es acumular capital y reinvertirlo.

Ahí el punto central de la discusión es que usted les puede dar acceso a financiamiento, pero la pregunta es ¿qué van a hacer con ese financiamiento? Usted con su plata puede hacer lo que le dé la gana, pero el punto central que quiero decir es que si esas políticas de financiamiento no están acompañadas de acompañamiento y fortalecimiento empresarial, puede que los resultados de esas políticas sean casi inobservables en términos de generación de riqueza.

El problema de muchos emprendimientos informales no es solamente que muchos dependan del gota a gota, sino que puede que la idea de negocio no sea tan rentable o que la estructura de costos no sea sostenible. Si no se acompañan estos emprendimientos con consejos y prácticas para hacer empresa, muchos de esos negocios seguirán en la informalidad.

La mayoría de PYMES se quedan en el mismo tamaño por 20 o 30 años al no haber ese acompañamiento. Una acción de financiamiento no va a solucionar estos problemas. Puede que simplemente les esté dando un pañito de agua tibia e incluso que no los haga crecer.

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Alejandro Barrera Escobar

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 Héctor Mauricio Serna Gómez

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Administración de empresas, Economía, Trabajo

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