“La mentira en política pasó de ser una herramienta a un pilar de Estado”

“La mentira en política pasó de ser una herramienta a un pilar de Estado”
Portada-LSA.jpg

Juan Samuel Santos (izquierda) y Gustavo Gómez (derecha) profesores de la U. Javeriana

En la campaña presidencial los candidatos se han atacado personalmente usando información falsa o imprecisa. Ha habido campañas de desinformación en redes y de publicidad negra.

“Pero el problema de la mentira en la política va más allá de creencias sobre hechos concretos. Lo que está en juego no es tanto lo que la gente termina creyendo sino cómo termina comportándose. La actitud que adopta frente a la información que recibe”, dice Juan Samuel Santos, profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad Javeriana.

Santos con Gustavo Gómez, también profesor de la universidad, coeditaron el libro “Mentira y engaño en política. Perspectivas filosóficas y diálogos desde la academia”, que salió recientemente, en el que participaron varios filósofos y filósofas. También coeditaron el número de la revista de Filosofía de la Javeriana: “Mentira, Engaño y democracia”.

La Silla Académica los entrevistó con base en este libro y organizó la conversación con ellos en cinco puntos que muestran cómo ha evolucionado la mentira política en el tiempo, sus riesgos y potencialidades.

La mentira pasó de ser una herramienta a ser un pilar del Estado moderno

“Los diplomáticos, los gobernantes solían decir mentiras para salir de aprietos o para obtener alguna ventaja política. Un ejemplo de ello fue la filtración de información de inteligencia falsa que hicieron los países aliados en la Segunda Guerra Mundial: desplegaron a los largo de la costa sur de Inglaterra réplicas de sus tanques de guerra, para hacerles creer a los nazis que iban a desembarcar en un lugar distinto a Normandía. Muchos justificaron estas estrategias de engaño porque era la única forma de vencer a Hitler.

Pero hubo una profundización de la mentira. En el libro los orígenes del totalitarismo, Hannah Arendt cuenta cómo el nazismo no solamente propagó la idea falsa de que había una raza aria que era superior a las demás sino que una vez en el poder les exigió a los ciudadanos actuar con base en esa mentira. Para acceder a un trabajo o a un servicio básico tenían que aportar su partida de nacimiento o demostrar algún tipo de parentesco, por ejemplo. No era que la gente fuera crédula. Es que era suicida contrariar esa ideología.

Los políticos modernos aprendieron de los totalitarismos del siglo XX que se puede producir mentiras a niveles industriales. Y la mentira pasó de ser una herramienta a ser una política de muchos gobiernos para socavar los cimientos de la realidad misma e impedir que la gente pueda distinguir lo que es verdadero de lo que no lo es.

En el libro “Mentira y engaño en política” la mentira política se entiende como un principio de gobierno que se apoya en el poder económico, el poder social, el poder político y que por lo tanto no se puede contrarrestar señalando simplemente que X mintió sobre Y hecho.

Regina Rini en su libro "Weaponized Skepticism" muestra que la estrategia de desinformación del Gobierno ruso para incidir en las elecciones que ganó Trump en 2016 consistió en difundir mentiras abiertamente, sin darles apariencia de verdad. El propósito no era tanto que la gente se las creyera, sino que los ciudadanos tuvieran la percepción generalizada de que no se puede confiar en ninguna fuente de información: ni en los medios, ni en las ong, ni en las autoridades. Le apostaron a aumentar el escepticismo y el aislamiento. Como la gente no puede confiar en nadie terminan actuando intuitivamente, de acuerdo con sus creencias, prejuicios y experiencias previas. 


En Colombia se ha usado la mentira como política de Estado

“Los falsos positivos que consistieron en hacer pasar cerca de 6402 campesinos y jóvenes humildes, por guerrilleros dados de baja en combate, es un ejemplo de la mentira como política de Estado. Así ha quedado demostrado con el trabajo que ha hecho la Jurisdicción Especial para La Paz —JEP— y la Comisión de la Verdad.

El gobierno de EE.UU. alteró los reportes para hacerles creer a los ciudadanos que estaban ganando la Guerra de Vietnam. Pero en Colombia los militares y agentes involucrados fueron más allá. Fabricaron la evidencia para que los reportes no fueran falsos, algo que habría hecho que fuera menos costoso moralmente.

La versión de Otoniel , el exjefe de las AGC, —aunque no ha sido comprobada— es que a muchos desmovilizados del EPL, altos mandos del Ejército los convirtieron en paramilitares en los 90. Según él, los hicieron pasar como desmovilizados, pero en realidad los trasladaron a otros sitios para que siguieran actuando como paramilitares.

Las mentiras de la guerra funcionaron porque ocurrieron lejos de los centros urbanos, del alcance de los medios de comunicación independientes y de la clase política que podía hacer oposición.

Germán Bula, otro de los filósofos que participa en el libro, habla de la “metrocosmética”, que es el apego por las cifras y los indicadores aún cuando no reflejan la realidad o la distorsionan. Los gobiernos enfatizan en mejorar las estadísticas, pero no en resolver los problemas. De hecho crean otros problemas para encubrir la realidad como pasó con los falsos positivos”.


La intención al hacer una afirmación importa más que su veracidad o falsedad

“Lo que está en juego con las mentiras no es lo que la gente termina creyendo sino cómo termina comportándose. El engaño corrompe la forma cómo evaluamos e intercambiamos la información, las prácticas sociales que aseguran que quienes hacemos parte de una sociedad compartamos interpretaciones más o menos parecidas del mundo en que vivimos. Y eso es mucho más importante que la simple disputa sobre creencias concretas.

Recientemente, circuló en redes la información de que Francia Márquez, la fórmula vicepresidencial de Gustavo Petro, estaba registrada en el Sisbén y era beneficiaria de Ingreso Solidario. Una información que resultó ser cierta. Pero más allá de la veracidad, la intención con que se esparció y el efecto que tuvo fue sembrar un manto de duda sobre su legitimidad como líder. Porque requería esfuerzo hacer el ejercicio de revisar por qué tenía derecho a ser elegible o si obedeció a un momento determinado, para luego sí juzgar el hecho.

Hernán Medina habla en el libro de que más importante que la búsqueda de la verdad es la solidaridad. Cuando uno no tiene todas las herramientas para saber a ciencia cierta lo que está pasando, intuitivamente uno puede reconocer si el efecto de una información es que genera empatía, diálogos con los demás, o, por el contrario, los cierra y profundiza la división. Y eso también es importante a la hora de evaluarla.

La autoentrevista de Iván Duque, en inglés, después del paro creó un espacio de representación de sí mismo que no tenía ningún anclaje con la realidad: nadie lo estaba entrevistando. No había ningún periodista. No estaba reaccionando a alguna situación específica. La intención era difundir la idea de que el presidente era una víctima de un complot.

En este caso, no era simplemente decir una mentira o dar una información errónea. Sino hacer una lectura diferente de la realidad, crear una percepción distinta de las movilizaciones sociales de 2021”.


Las comisiones más que constructoras son liberadoras de verdad

“La política es la discusión sobre las diferentes interpretaciones del mundo y eso no es un problema. No hay que oponer lo objetivo a lo subjetivo. En política, las verdades, como muestra Arendt, se construyen intersubjetivamente y no son independientes de la perspectiva ni de las experiencias de las personas.

El conflicto y el disenso es parte de la vida en sociedad. El problema es que la mentira y el engaño son trampas que impiden que las discusiones ocurran normalmente. Como cuando se eliminan los registros de algo que pasó. O incluso se exterminan pueblos enteros o grupos sociales para borrar su memoria física sobre ciertos hechos. Esto provoca que una interpretación se vuelve predominante porque se impone por la fuerza, la manipulación o el exterminio.

El rol de las comisiones de la verdad es entonces abrir espacios de libertad para escuchar a aquellos que no han sido tenidos en cuenta en su versión de los hechos.

La verdad o las verdades hablan por sí solas. Según la filósofa Ángela Calvo y la lectura de Freud que hace en el libro, el problema de la represión es que no es una supresión. Los traumas son experiencias que no logramos digerir. Y es mejor integrar a nuestra vida lo que reprimimos o acallamos para que no se conviertan en neurosis, psicosis.

A nivel político sucede algo similar. Si como sociedad logramos verbalizar lo que nos ha pasado para liberar lo que quedó atascado, evitamos que se convierta en una fuerza destructora”.


Hay mentiras en política que valen la pena 

“Tradicionalmente se ha creído que Maquiavelo defiende que los políticos están obligados a mentir. Pero lo que él defendía en realidad era la virtud de la hipocresía bajo ciertas circunstancias, para garantizar la convivencia, como cuando hay un conflicto de valores en el que nadie está dispuesto a ceder. En esos casos se justifica decir o hacer algo que no se piensa, para evitar la confrontación directa y el vicio de la crueldad como lo llamaba Maquiavelo.

Ahora, si uno entiende la mentira como las estrategias de ciertos gobiernos para falsear la realidad hay cierta similitud entre eso y lo que han hecho grandes líderes como Ghandi o Martin Luther King que es contagiar a la gente de entusiasmo por un ideal. Les dijeron mentiras sobre las posibilidades de que el mundo fuera distinto. Fue una especie de engaño colectivo por el que mucha gente se hizo matar incluso.

Gaitán o Galán en Colombia lograron engañar a tantos ciudadanos que se convirtieron en peligrosos porque movilizaron la esperanza de muchos.

La política tiene en ese sentido una relación estrecha con la esperanza. Todo político tiene que vender promesas y hay mentiras que valen la pena porque la política no tiene que ver sólo con resolver problemas técnicos sino con configurar un ideal de comunidad. Se trata a veces de apuntarle a algo que no existe porque el futuro no está dado, hay que imaginárnoslo. Prometer es también decir que vas a hacer algo cuando tu no sabes si realmente lo vas a poder hacer y en ese sentido es un engaño.

Pero si hay una mentira que posibilita la inclusión de más puntos de vista, que nos abre a la construcción colectiva de una verdad como propone Hernán Medina en el libro, es preferible a aquella que cierra más puntos de vista. 

Publicaciones

 Juan Samuel Santos Castro

Juan Samuel Santos Castro

Historia de la filosofía moderna, Filosofía moral, Filosofía jurídica

Contactar
Gustavo Gómez Pérez

Gustavo Gómez Pérez

Heidegger, Merleau-Ponty, Fenomenología.

Contactar
Compartir
Preloader
  • Amigo
  • Lector
  • Usuario

Cargando...

Preloader
  • Los periodistas están prendiendo sus computadores
  • Micrófonos encendidos
  • Estamos cargando últimas noticias