Las siete disculpas para no pagar el Impuesto de Renta (y cómo enfrentarlas)

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Muchas personas están presentando ahora su declaración de renta. Aunque la norma establece quiénes están obligados y en qué condiciones, el margen de discrecionalidad de cada contribuyente es alto y, al final, cuánto paga tiene más que ver con su “moral tributaria” o predisposición a pagar impuestos que con la ley.

Según Victor Castañeda, profesor de la Escuela de Administración y Contaduría Pública de la Universidad Nacional, factores que van desde la edad o el género hasta el grado de equidad que perciben en el sistema tributario y de corrupción de un país influyen en la decisión que toman las personas.

Así lo demuestra en su artículo titulado “La equidad del sistema tributario y su relación con la moral tributaria. Un estudio para América Latina” donde somete a pruebas estadísticas la relación entre esas variables y una mayor o menor justificación de la evasión. 

Esto aplica especialmente para el impuesto de renta. Según Castañeda la presentación de la declaración —que no implica necesariamente pagar— conlleva un proceso más consciente. Las personas tienen que depurar el ingreso, restar los costos y gastos. Aplicar los beneficios tributarios.

“El IVA, en cambio, está un poco encubierto en el mismo precio de las cosas o servicios que compramos. Muy pocas personas revisan la factura del supermercado para saber cuánto pagaron en impuestos”, dice Castañeda. 

La evasión fiscal en Latinoamérica para el impuesto de renta está en promedio en un 50 por ciento y en Colombia es cercana al 35 por ciento. Y se eleva al 36-37 por ciento si son personas naturales. Lo que se suma a que vía impuesto de renta de personas naturales sólo se recauda cerca de un 1.9 por ciento del PIB. En los países nórdicos esa cifra alcanza el 10 por ciento.

Aún así, explica Castañeda, la evasión es menor a lo que predecirían los modelos ortodoxos. De acuerdo a su enfoque punitivo, el comportamiento tributario de una persona está determinado por la probabilidad de ser auditado y sancionado.

“En Colombia es poco probable que la administración de impuestos encuentre que una persona está evadiendo el pago de impuestos y la penalice. Si sólo nos basáramos en eso la evasión sería mayor a lo que corresponde en la realidad. Por eso hay que ver cuáles son los otros factores que influyen en el cumplimiento, pues esos mismos arrojan luces sobre la evasión”. 

Hay estudios también como el del sociólogo Marcelo Bergman, que muestran, según Castañeda, que así un ciudadano haya sido auditado y castigado no tiene después un mejor comportamiento tributario. Lo que ratifica que hay otros aspectos que tiene más peso en su moral tributaria. 

Para corrupción y evasión los cálculos son en todo caso estimativos porque las entidades públicas no tienen capacidad para fiscalizar todo lo que pasa. 

Las cifras, explica Castañeda, dependen de la metodología utilizada. Se pueden basar, por ejemplo, en la proyección de los hallazgos que hace la Dian de las declaraciones que sí audita. 

También cruzan información o relacionan variables. Los estimados de evasión (pérdida) se hacen, por ejemplo, calculando la brecha entre lo recaudado efectivamente en un sector económico versus lo que se había proyectado recaudar de acuerdo, por ejemplo, al comportamiento del consumo de electricidad de las industrias de dicho sector. 

“Si una empresa de un año a otro —explica Castañeda— presenta en su declaración unos ingresos inferiores, pero su consumo de energía —que está asociado a su nivel de producción— aumentó en ese mismo período, esa es una señal de posible evasión”. 

Una informalidad superior al 50 por ciento en Colombia, significa también que un porcentaje similar de personas están por fuera del radar de la administración de impuestos. 

Pero los hallazgos de la investigación de Castañeda muestran que si se fortalecen otros aspectos que inciden en el grado de moral tributaria de las personas, el Estado puede mejorar el recaudo sin tener que aumentar los impuestos. 

“Los contribuyentes no sólo persiguen un beneficio material con la evasión sino que muchas veces están expresando que consideran injusto el pago de impuestos”, dice Castañeda. 

Y señala también que la aprobación de beneficios tributarios no sólo disminuye lo que le entra en impuestos al gobierno, sino que afecta la disposición de cumplir que tienen otros sectores comprometidos con el pago de tributos. 

“Las proyecciones de recaudo cuando se hacen reformas muchas veces están sobreestimadas porque no tienen en cuenta mayores tasas de evasión como respuesta de los contribuyentes”, dice Castañeda. 

Estos son siete factores que influyen en el pago del impuesto de renta en Colombia de acuerdo con la investigación de Castañeda:

1. Una percepción de corrupción alta

Uno de los factores que más influye en el comportamiento tributario de las personas es la percepción general de corrupción que tiene el país. Castañeda para esto se basó en el índice de corrupción de Transparencia Internacional y en la encuesta de Latinobarómetro practicada en 2010, a más de 20 mil personas en 18 países incluído Colombia.

No es relevante, en cambio, que el contribuyente o alguien cercano a él hayan sido víctimas de corrupción, por ejemplo, que hayan tenido que pagar un soborno para agilizar un trámite. Así lo muestra Castañeda en su artículo: “La moral tributaria en América Latina y la corrupción como uno de sus determinantes”

“La evasión es más reprochable cuando se considera que el gasto público es necesario y que el gobierno lo gestiona para proveer bienes y servicios para la mayoría de la gente. Cuando se percibe que no es así, la amenaza de una sanción no es suficiente para hacer cumplir a un contribuyente”, señala Castañeda.

Incluso a modo de círculo vicioso hay estudios que sostienen que algunos empresarios prefieren permanecer en la informalidad para evitar ser víctimas de actos de corrupción más que para evitar pagar impuestos, aunque tenga ese efecto indirecto.

“El paro que acaba de pasar muestra una inconformidad grande de las personas con relación a sus gobernantes. Sienten que están de espaldas a sus necesidades. Y eso pasará su cuenta de cobro en el recaudo. Va a haber personas que si tienen la posibilidad de hacerlo van a reducir artificialmente sus ingresos”, dice Castañeda.

Dado que no hay una relación directa entre el monto que paga de impuestos una persona y el gasto público del que se beneficia, “la discusión pública en la elaboración del presupuesto nacional y sus prioridades, así como, su posterior ejecución adecuada, son claves para que los contribuyentes tengan una mejor disposición a pagar”, anota el investigador. 

Para aumentar la presión tributaria es necesario, según Castañeda, fortalecer la educación y aumentar el grado de rechazo social frente a actos de corrupción. Que no se acepten en ningún caso. Y reducir la impunidad. También es importante que los funcionarios públicos sean más transparentes en sus actuaciones.

2. La inequidad vertical y horizontal del sistema tributario

La equidad vertical parte del supuesto que quienes tienen mayor capacidad de pago deben soportar una mayor carga tributaria. Esto se ve afectado por las exenciones especiales o tarifas diferenciales de que gozan algunos sectores. Normalmente, explica Castañeda, esos beneficios obedecen a la fuente del ingreso de la persona y no a su capacidad de pago. Las rentas de capital tienen mayores prerrogativas que las rentas del trabajo, explica Castañeda. Y eso se percibe como inequitativo. 

La equidad horizontal tributaria, por otro lado, supone que personas que tienen una capacidad de pago similar deberían pagar lo mismo. 

Para calcular esas equidades Castañeda se basó en dos índices. El de Atkinson-Plotnick que hace una especie de Gini de la distribución de ingresos antes y después de la aplicación de impuestos en un país. Y el de Kakwani, que mide qué tan progresivos son los impuestos. 

Lo que el investigador encontró aplicando cerca de 1200 encuestas y combinándolas con el grado de inequidad vertical y horizontal que arrojan esos índices para cada país, es que hay una relación directa entre un mayor índice de inequidad tributaria y una mayor justificación de la evasión. 

“Países con mayores grados de inequidad son países donde hay una mayor cantidad de personas que justifican la evasión tributaria”, dice Castañeda. 

“La mayoría de países de América Latina—agrega— se caracterizan por tener sistemas tributarios poco progresivos que recaudan mucho de IVA, poco de renta”.  

El investigador critica por esa razón las propuestas del Fondo Monetario Internacional y del Banco Interamericano de Desarrollo para simplificar los sistemas tributarios a costa de su progresividad porque este último factor es lo que más incide en el pago.

3. Una ideología política más cercana a la derecha

Normalmente, las personas que se identifican con una ideología de derecha defienden la libertad de mercado y creen que el Estado debe intervenir lo menos posible en regularlo porque la libre competencia asegura una distribución eficiente de los recursos. En esa línea pueden tener una moral tributaria menor.

Los que se ubican más en el espectro ideológico de izquierda creen, en cambio, que el Estado debe asegurar una redistribución de los recursos de acuerdo a las necesidades de las personas y un sistema tributario progresivo es una herramienta para ello. Por eso su moral tributaria puede ser mayor, explica Castañeda.

4. Una moral individual baja

El grado de aprobación de comportamientos que transgreden las normas o que van en contravía del interés general, es un buen predictor de la mayor posibilidad de evadir el pago de impuestos.

Según Castañeda, algunos estudios demuestran que quienes reconocen haber consumido algo en un bar sin pagar o que aprueban descargar música pirata, mentir sobre estar enfermo para no ir a trabajar, o no votar en las elecciones, justifican con mayor frecuencia la evasión.

De igual forma, si está naturalizado en una sociedad evadir impuestos, eso aumenta las posibilidades de que las personas imiten los comportamientos de los demás.

5. Un escaso sentido de pertenencia

Las personas que tienen un mayor arraigo a la comunidad donde viven o al grupo social del que hacen parte pueden tener una mayor moral tributaria.

Esto pasa con los adultos mayores, por ejemplo, que por haber vivido más años en un lugar o haber tenido relaciones más estrechas con sus vecinos tienen un sentido de pertenencia alto frente a su comunidad y están menos dispuestos a afrontar el escarnio público de no pagar impuestos. Algo parecido sucede con las mujeres que por lo general tienen mayor aversión al riesgo, aunque hay resultados que prueban esto y otros que lo contradicen, aclara Castañeda. 

De igual forma hay estudios, según el investigador, que establecen una correlación positiva entre ser practicante de una religión o ir frecuentemente a un culto y pagar impuestos. Estas personas pueden tener mayor sentido del bien común o ser más altruistas.

“Aunque depende mucho del tipo de religión. Los estudios que se han hecho en la región latinoamericana, donde prevalece el catolicismo, apuntan a lo contrario”. Castañeda dice que no todas las religiones promueven el mismo grado de cohesión social y que quienes pagan impuestos no pueden asegurar que se inviertan en beneficio del grupo al que pertenecen. 

“En el caso de la religión católica, además, los escándalos en que han estado involucrados muchos jerarcas de la Iglesia, no favorecen la moral tributaria”, dice.

6. Una menor formación académica

Quienes han alcanzado un mayor nivel educativo pueden tener más conciencia, según Castañeda, de la importancia de que el Estado pueda proveer más bienes y servicios y estar más dispuestos a financiarlos. 

Al mismo tiempo, explica Castañeda, tener un mayor conocimiento, sobre todo en derecho o administración, puede favorecer que las personas identifiquen oportunidades para evadir. 

Por lo que en algunos casos la formación académica favorece la moral tributaria y en otros puede jugar en contra.

7. Una menor capacidad de pago

Por un lado, cuenta Castañeda, que hay estudios que señalan que quienes dependen menos de los bienes y servicios públicos para satisfacer sus necesidades, pueden tener menor disposición a pagar impuestos. Pero lo que más influye al final es la capacidad de pago de las personas. Si tienen dinero para pagar, probablemente lo hagan.

Las personas pobres, en cambio, aunque necesitan más del Estado no tienen una mayor moral tributaria necesariamente. Tener ingresos bajos la afecta porque pagar impuestos puede muchas veces poner en riesgo su satisfacción de necesidades básicas o disminuir su ya reducida capacidad de consumo.

En todo caso, aclara Castañeda, que hay unas condiciones que dificultan la evasión más allá del nivel de ingresos. Para los trabajadores formales es difícil incumplir porque en la información que presentan las empresas a la Dian (información exógena) van a aparecer los pagos que ha recibido y la administración va a detectar más fácilmente una anomalía. Incluso en virtud de la retención en la fuente, el pago de los impuestos ya se ha hecho efectivo durante el año antes de presentar la declaración. 

“Lo que puede ocurrir es que se trate de amañar información para obtener ciertos beneficios. Inventarse dependientes económicos que dan lugar a una deducción o inflar los pagos de salud prepagada”, explica Castañeda. “Pero quienes sin duda tienen mayores posibilidades de evasión son los trabajadores por cuenta propia”, concluye.

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