Lo que la diplomacia colombiana puede aprender de la crisis en Ucrania

Lo que la diplomacia colombiana puede aprender de la crisis en Ucrania
thumbs_b_c_f9375d534ed1c2e1ac24fc76898d7b8f.jpg

Reunión entre el presidente Vladimir Putin, de la Federación Rusa, y Emmanuel Macron, presidente de Francia, acerca de la Crisis de Ucrania.

Esta semana se inauguraron los juegos olímpicos de invierno en Beijing. En la ceremonia se vieron complacidos el anfitrión, el presidente chino, Xi Jinping, y el presidente ruso, Vladimir Putin. Mientras tanto el resto del mundo está en vilo por la amenaza de este último de invadir a su vecino Ucrania y es el riesgo de conflicto más grande en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Esta es la foto de la geopolítica de un mundo cada vez más multipolar, en el que la otrora hegemonía de EE.UU. está en disputa. Y frente a este panorama la relación bilateral y de subordinación que ha mantenido Colombia con Washington es una desventaja.

Por eso la situación en Ucrania trae lecciones para la diplomacia colombiana. En un escenario de fragmentación del poder global refleja un enfoque frágil de la política exterior de nuestro país: La nula relación del Gobierno colombiano con Venezuela—aliado de Rusia y China— , una alianza con beneficios inciertos con la Otan, y un manejo de las relaciones exteriores errático. Para analizar hacia dónde deberían dirigirse los esfuerzos diplomáticos, La Silla Académica entrevistó a Rafael Piñeros, docente investigador del pregrado de Relaciones Internacionales de la Universidad Externado y autor del artículo: “Problematizando los abordajes de la seguridad híbrida en América Latina”.

Lo que está pasando en Ucrania

Desde diciembre de 2021 el despliegue militar de Rusia en la frontera con Ucrania ha ido en aumento. Esto es según Vladimir Putin, el presidente ruso, la respuesta a la injerencia que ha venido teniendo Occidente en el antiguo territorio de la Unión Soviética.

En el trasfondo de esta crisis está el reacomodamiento de las fuerzas de poder en el mundo con Rusia y China, de un lado, y con EE.UU, y Europa del otro. EE.UU. ya no tiene el poder hegemónico que solía tener.

Rusia es una potencia militar y China una potencia económica. Desde comienzos del siglo XXI Rusia arrancó a mejorar su capacidad armamentística. Dmitri Medvédev y Vladimir Putin, sucesivamente, han invertido los recursos de la renta petrolera en modernizar sus fuerzas armadas.

Rusia, según el profesor Piñeros, tiene hoy el segundo ejército más fuerte del mundo y el segundo arsenal más importante de armas nucleares. “Es una potencia en ciencia, tecnología, e innovación. Tiene vacuna propia —en términos de la coyuntura actual— y tiene una influencia muy fuerte en materia petrolera y de energía nuclear, es decir, en muchos ámbitos de lo que significa poder Rusia es fuerte, aunque desde acá lo veamos muy distante”, dice.

Su plan es expandirse sobre otros pueblos exhibiendo su superioridad —en este caso militar—como mecanismo de resolución de problemas como lo está haciendo ahora con Ucrania. Pero más allá de eso, lo que está tratando de evitar Rusia es que continúe la tendencia de desacoplamiento político y económico de Ucrania en el que ha tenido mucho que ver Occidente. Y con ese país, de otros, como Bielorusia, que son indispensables en su balance de poder.

“Cuando hablo de desacoplamiento me refiero al efecto que ha tenido en Ucrania el ingreso de varios países de Europa del este a la Unión Europea y a la Otan: Polonia y Hungría —antiguos satélites de la Unión Soviética— en la década del 90. Estonia, Letonia y Lituania —antiguos países de la Unión Soviética— en la década del 2000. Para eso tuvieron que hacer reformas: disminuir el peso de los militares en la política, y el gasto militar, por ejemplo. Y dado que les ha ido relativamente bien en esas organizaciones, eso le ha mandado un mensaje a Ucrania. Podría recorrer el mismo camino para fortalecer su Estado de derecho y entrar en el flujo de la economía de mercado. Pero al mismo tiempo rompería relaciones con Rusia, con su hermano mayor, con quien tiene lazos socioculturales estrechos ”, dice Piñeros.

Rusia ya le ganó un pulso a Occidente en el 2014 cuando invadió y se apropió de la península de Crimea que le corresponde a Ucrania. Desde entonces buena parte de la Comunidad Internacional y la Otan han presionado a Moscú, sin mayores resultados, para que la devuelva. En agosto del año pasado crearon para ese fin la Plataforma de Crimea junto con el Gobierno ucraniano. Ese es un antecedente claro del conflicto que se vive hoy.

Aunque EE.UU. y los países miembros de la Otan están respaldando a Ucrania frente a la amenaza de invasión rusa, no es claro si se irían a una guerra con Rusia en su defensa o cómo actuarían frente a la eventualidad de un ataque. De hecho este conflicto ha dejado en evidencia los problemas de acción colectiva en materia de seguridad que tienen.

La Otan fue creada en 1949 para garantizar la defensa de norteamérica y Europa occidental bajo el esquema de que si atacan a uno, atacan a todos. Posteriormente se fundó a comienzos de los 70 la Organización para la Seguridad Colectiva de Europa —Osce— que privilegiaba los métodos pacíficos para tramitar los conflictos entre países, de la que hizo parte la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas —Urss. Y en los 90 con el surgimiento de la Unión Europea se desarrolló una fuerza de tarea rápida para responder los ataques que sólo involucran a los países europeos y no al resto de países de la Otan.

Pero a los países europeos les ha quedado muy difícil ponerse de acuerdo en acciones fuertes de imposición de la paz. Porque tienen diferencias grandes en los recursos y capacidad militar. En las experiencias con la guerra y en su postura frente a la misma. Y hay muchas organizaciones, además, que se sobreponen unas a otras, comenta el profesor Piñeros. La forma de actuar con respecto a EE.UU. también es muy distante.

En efecto, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, tuvo que pedirle al presidente Joe Biden que dejara de generar alerta sobre lo que calificaba como una inminente invasión de Rusia porque estaba a punto de hacer que se cumpliera su autoprofecía. EE.UU. ya ha desplegado 3 mil soldados en la frontera. Inglaterra, con Boris Johnson, ha tenido una postura similar. Pero Emmanuel Macron, presidente de Francia, o Mario Draghi, primer ministro italiano, han, en cambio, priorizado las salidas diplomáticas. Han apelado a las llamadas para persuadir a Putin.

Lo que la crisis de Ucrania muestra de la política exterior colombiana

¿Cómo se conecta eso con América Latina?

“El razonamiento de Rusia, que es el mismo de la Unión Soviética en la década del 60, es que ‘si Estados Unidos tiene una pata en Europa, yo quiero tener una pata en América Latina’”, dice Piñeros.

Y Venezuela ha sido un aliado clave para eso. Según Piñeros, ese país, a diferencia de Colombia, se ha caracterizado por su pragmatismo. “Chávez los llamaba Yankis, les decía cachorros del imperio, pero tenía buenos lazos económicos y comerciales con EE.UU. Nos pelamos los dientes, nos sacamos las uñas, pero la plata y la compra del petróleo era muy segura, muy sólida y los acuerdos eran para cumplirlos” dice.

El deterioro político de las relaciones entre Venezuela y EE.UU. coincidió, según Piñeros, con el repunte de Rusia y China que han aprovechado el espacio que se abrió para extender su área de influencia. “Y Venezuela ha aprovechado para balancear sus aliados. Le pide entonces plata prestada a China y al mismo tiempo le compra armas a Rusia”, dice.

Al tiempo que se han estrechado entonces esas relaciones, ha habido un deterioro cada vez mayor de las relaciones entre el régimen de Maduro y los gobiernos colombianos. Que hoy con el presidente Iván Duque son nulas a pesar de compartir una frontera porosa de 2219 kilómetros cuadrados en los que hay presencia de al menos tres grupos armados ilegales que amenazan la seguridad nacional.

Tenemos, en cambio, la imagen bien ganada de ser una plataforma de EE.UU. en la región. Y por esa vía Colombia termina metida en el pulso de fuerzas entre Rusia y Ucrania.

Al vicecanciller ruso, Sergei Ryabkov, le preguntaron si Rusia enviaría tropas a Venezuela y Cuba en caso de que la Otan se expandiera hacia el este de Europa, hacia Kiev, la capital ucraniana. Él respondió que “no podía confirmar o descartar”.

Pero las posibilidades de un ataque o de una invasión de Venezuela a Colombia con ayuda rusa son muy bajas. Así el Ministro de Defensa, Diego Molano, diga lo contrario. Piñeros aclara que el hecho de que Rusia no descarte el envío de tropas a Venezuela no es lo mismo que esté pensando en hacerlo. “Se trata de un juego diplomático”, anota.

Pero es una carta que Rusia seguirá jugando y en un ambiente de tensión alta donde los países están defendiendo su seguridad, cualquier error militar, cualquier malentendido, cualquier sobrevuelo por accidente, puede ser muy costoso. Eso agarra a Colombia bastante mal posicionada. Primero porque EE.UU. ya no es el único polo de poder en el mundo sino que se lo disputan otras dos grandes potencias: China y Rusia, con un aliado que es Venezuela. Pese a eso Colombia mantiene su relación de subordinación en materia internacional frente a EE.UU. y peor aún, de enemistad absoluta con Venezuela, y relaciones débiles con los demás países dentro y fuera de la región.

Sus movidas diplomáticas suelen tener pocos beneficios y grandes costos en términos de mejorar sus relaciones internacionales. Colombia es desde 2018 “miembro global” de la Otan y a finales de 2021 se amplió el alcance de la alianza, pero no es miembro pleno. ¿Qué significa eso? En el escenario actual de crisis entre Rusia y Ucrania, por ejemplo, no hay obligaciones de defensa mutua entre Colombia y los demás países de la Otan. O sea que frente a la posibilidad de un ataque de Venezuela con apoyo ruso —así sea poco probable—, no recibiríamos ayuda por ese lado. Pero aún así, sí somos vistos por Rusia como un aliado de uno de sus principales enemigos que es la Otan.

Martha Ardila, profesora de Relaciones Internacional de la Universidad Externado, dice que Colombia es vista por los países vecinos como “un territorio para las bases militares de EE.UU., que podría servir en algún momento para invadirlos, eventualmente, como en el caso de Venezuela o, vigilarlos”.

Y eso ni siquiera se ha traducido en una inversión de recursos descomunal por parte de EE.UU. en Colombia, “ni siquiera tomando en cuenta el Plan Patriota, el Plan Colombia, o el dinero para la implementación del Acuerdo de paz. Tampoco las ayudas para la atención de la migración venezolana”, concluye. Colombia sí recibió, en el contexto de las tensiones con Rusia, la visita de Victoria Nuland, subsecretaria de Estado para asuntos políticos, una espaldarazo de la cuarta funcionaria de mayor rango en la cancillería de Estados Unidos. Sin embargo, se trata de un aliado que, en todo el mundo, está en un retroceso gradual de su influencia exterior. 

Lo que Colombia puede aprender de la crisis de Ucrania

Colombia ha sido muy “torpe” históricamente en sus relaciones con otros países. “No reconoció a la República Popular China cuando se conformó en el año 49. No tuvo relaciones con Tailandia ni con Vietnam porque eran regímenes comunistas sino hasta casi finales de los 80. Y más recientemente el presidente Duque apeló a la estrategia fracasada del cerco diplomático que parte de una superioridad moral que no tenemos”, dice Piñeros.

“Cometemos torpezas —continúa— como la del ministro de Defensa Molano que acusa en un momento de alta tensión a Rusia de desestabilizar nuestra democracia, como si nuestra democracia no se desestabilizara sola”, anota Piñeros.

La estrategia de Colombia, en cambio, debería ser establecer alianzas, tantas como pueda. “A pesar de que la República Islámica de Irán o la Federación Rusa tienen embajadas históricas en Colombia, les hemos dado un portazo. Nunca les hemos hecho alguna invitación de gran nivel” dice Piñeros. Eso no implicaría renunciar a una alianza cercana con Washington.

Por eso, según el profesor, Colombia debería apelar a los diferentes puentes diplomáticos que existen. Cuando el intercambio económico o comercial no es sencillo como en el caso de Colombia y Rusia en el que hay otros jugadores por delante, “estrechar los lazos culturales es una de las estrategias fuertes para mantener en paz pueblos que no han tenido una buena relación”, según Piñeros.

“El Museo de Arte de Nueva York tiene relaciones ininterrumpidas con el Museo de Teherán desde hace más de 60 años. El Museo Británico nunca ha dejado de tener relaciones con el Museo Nacional de Irán, por poner dos ejemplos”, concluye Piñeros.

A Rusia en vez de estarle endilgado responsabilidad en el problema de falta de soberanía que tiene Colombia en su frontera con Venezuela, deberíamos, según Piñeros, tenerlo como país invitado de la Feria del Libro, por ejemplo. “No hemos hecho una exposición en el Museo Nacional sobre el Imperio Ruso o Persa a través de los años”, agrega. 

Para citar:

- Piñeros Ayala, R. E. (2021). Problematizando los abordajes de la seguridad híbrida en América Latina. Relaciones Internacionales, (48), 193–211. https://doi.org/10.15366/relacionesinternacionales2021.48.010


Publicaciones

Rafael Enrique Piñeros Ayala

Rafael Enrique Piñeros Ayala

Seguridad y defensa, Política exterior, Diplomacia pública

Contactar
Compartir
Preloader
  • Amigo
  • Lector
  • Usuario

Cargando...

Preloader
  • Los periodistas están prendiendo sus computadores
  • Micrófonos encendidos
  • Estamos cargando últimas noticias