“Muchos votos en blanco dirían que la gente no vio a ninguno como un mal menor”

“Muchos votos en blanco dirían que la gente no vio a ninguno como un mal menor”
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Yann Basset, profesor de Facultad de la facultdad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario

El voto en blanco en primera vuelta fue muy reducido: 1.73 por ciento, pero para esta segunda lo que muestran las encuestas es que ha crecido el número de indecisos y de quienes están considerando votar en blanco.

Los cálculos van desde un 5.8 por ciento (GAD3) a un 12.4 por ciento. Y líderes nacionales como Sergio Fajardo y Jorge Enrique Robledo ya anunciaron que no votarán por ninguno de los dos contendores.

Dada la tendencia de empate técnico entre Gustavo Petro y Rodolfo Hernández esos votos en blanco pueden ser decisivos.

La Silla Académica entrevistó a Yann Basset, profesor de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario y coautor del libro “Radiografía del Desencanto en Colombia”. Basset cuestiona la pertinencia de que siga habiendo voto en blanco en segunda vuelta.

La Silla Académica

Yann Basset

¿Cómo opera el voto en blanco en Colombia?

En las últimas décadas ha habido una tendencia a reconocer el voto en blanco.

Porque originalmente no se contaba, sino que estaba subsumido en el fenómeno de los votos no marcados o nulos.

En las últimas décadas ha habido la tendencia contraria: a contarlo, ponerlo en los resultados y sumarlo en la base de votos válidos sobre los que se sacan los porcentajes de los resultados electorales.

En Colombia desde la Constitución del 91 se le dio además efectos políticos: el valor de un voto que no es para ninguno de los candidatos que se presentan, con el mensaje de: ‘no quiero ninguno de estos candidatos, sáquenlos y denme otros’. Pues en primera vuelta si el voto en blanco logra la mitad más uno de los votos, tiene que repetirse la elección con unos nuevos candidatos. En segunda vuelta sí no tiene ningún efecto jurídico.

En Estados Unidos tiene un sentido similar. En el tarjetón la opción aparece con las siglas NOTA: None of the above (Ninguno de los que aparecen).

¿El voto en blanco debería tener los mismos efectos en segunda vuelta, que en primera?

El voto en blanco en segunda vuelta no puede tener los mismos efectos que en primera porque, de lo contrario, encerraría una contradicción entre dos mensajes. El de la primera vuelta en el que la gente seleccionó a los dos mejores para que pasaran a la siguiente ronda. Y el de una segunda vuelta en la que el ganador fuera el voto en blanco. La razón es que eso significaría que las dos opciones—que ya habían pasado el primer filtro—eran en realidad inaceptables. Se tornaría en un círculo vicioso que desacreditaría todo el procedimiento electoral. Y podría prestarse para que todos los vencidos de la primera vuelta se alíen para bajar a los vencedores, algo bastante problemático.

Esto es en todo caso un debate que tenemos que tener con calma y no en el marco de una campaña. 

Mongolia es según usted un ejemplo un poco absurdo de eso…

Allá para que un candidato gane en segunda vuelta tiene que sacar el 51 por ciento de los votos. De lo contrario se repite la elección.

Y entonces el voto en blanco sirve finalmente para hacer que ninguno gane, porque como se cuenta como un voto válido, pues el hecho de votar en blanco dificulta que el candidato ganador llegue al 50 por ciento.

En las elecciones presidenciales de 2017, casi tienen que rehacer la elección. El que ganó lo hizo con un 50 y punta por ciento, pero hubo muchos votos blancos, un ocho por ciento, seguramente de los que venían de las campañas eliminadas. Si la gente sabe que su opción tiene un efecto, pues hace el esfuerzo. 

El voto en blanco es una institución, ¿pero al mismo tiempo es desinstitucionalizador? 

La naturaleza del voto en blanco es en ese sentido ambigua porque es una opción institucional válida, pero al mismo tiempo —sobre todo en primera vuelta, por los efectos que tiene— expresa una voz de insatisfacción, de protesta de cierto modo, y eso hace que sea difícil que quepa totalmente en las formas válidas legítimas.

Pienso mucho en lo que los argentinos llamaron el “voto bronca” en 2001, cuando era presidente De La Rúa, y el país estaba afrontando una gran crisis inflacionaria y de deuda pública. En las elecciones legislativas de octubre en las que se renovó la mitad del Congreso, los votos en blanco rondaron los 2 millones, como un 10 por ciento. No estaba en juego el mandato del presidente, pero el mensaje de insatisfacción fue muy fuerte y anticipó el estallido social que hubo dos meses después y que obligó al Presidente a renunciar. 

Usted cree que el voto en blanco en segunda vuelta —aún si no tiene efectos— riñe con la finalidad de la misma de dar mayor legitimidad. ¿Por qué?

Mi punto es que el voto en blanco en segunda vuelta puede afectar la cantidad de votos con los que un candidato gana la Presidencia.

Una de las finalidades de la segunda vuelta es posibilitar que el candidato que gane lo haga con una mayor legitimidad, que tenga un respaldo grande de por lo menos la mitad del electorado.

La segunda vuelta da una impresión de polarización porque hay dos candidatos, ¿cierto?, y lo lógico es que nos dividimos en dos y es uno contra el otro y es blanco y negro. Pero al mismo tiempo, la segunda vuelta tiene también una lógica de que para ganar tienen que convencer a los eliminados, quienes se vuelven un poco el fiel de la balanza. Es una polarización hasta cierto punto artificial porque se busca finalmente la moderación para poder armar alianzas con otros.

Si el voto en blanco fuera alto en las próximas elecciones enviaría el mensaje de que básicamente las dos campañas generaron resistencia y que no se logró cumplir exactamente con el propósito de la segunda vuelta, que es tratar de ampliar la base social de los candidatos, de armar coaliciones más allá de la que cada uno tuvo en primera vuelta. Mucha gente no habría visto a alguno de los candidatos ni siquiera como un mal menor.

Aún sin ser un voto decisivo, usted dice que votar en blanco en segunda vuelta es algo así como ser un mal perdedor…

Me parece raro protestar contra los que ganaron en primera vuelta, porque justo ganaron. O sea, así son las reglas. No hay que patalear ahí. Uno de los dos va a ser Presidente, ¿no?

Por supuesto que un voto de segunda vuelta es un voto distinto de la primera vuelta: en la primera, votas por el que tú prefieres, en la segunda vuelta por alguno de los dos que hay.

Me inclino por la política del mal menor. Este ejemplo lo ilustra bien: recuerdo mucho las elecciones de 2002 en Francia, cuando Jean-Marie Le Pen pasó a segunda vuelta junto con Jacques Chirac. La izquierda se unió entonces para votar por Chirac que era el candidato de la derecha para impedir que ganara Le Pen, el de la extrema derecha.  

Desde 2006 el voto en blanco en segunda vuelta ha aumentado levemente. En la segunda vuelta de 2018 fue de 4,2 por ciento. Ahora se estima entre 5,8%(GAD3) y 12,4% (CNC). ¿Cree que va a ser muy alto?

Es absolutamente irracional ir a votar si no sirve para nada. La gente lo hace más por un asunto identitario y político: ‘queremos apoyar los nuestros’, ‘queremos evitar que los malos ganen’. Es una cuestión de sentirse incluido, de decir “aquí estoy y mi voto vale”. Pero si uno lo ve desde el punto de vista del cálculo racional, francamente es mejor irse a pescar.

Es muy difícil que el voto en blanco realmente llegue a un nivel muy alto si solo tiene un efecto simbólico, algo que confirman las estadísticas de segunda vuelta es que suele ser muy marginal.

En esa línea es poco probable que alcance un 8 por ciento como han mostrado algunas encuestas. Lo más seguro es que las personas se decanten finalmente por un candidato o que simplemente no vayan a votar. 

¿Cuál es la diferencia simbólica entre abstenerse y votar en blanco?

Es diferente quedarse en la casa, que salir a votar en blanco. Siempre ha habido interpretaciones de que quienes se abstienen es porque no están de acuerdo con el sistema. Eso no lo sabemos. Puede ser indiferencia, también.

Con el voto en blanco hay un gesto de adhesión al sistema como tal —si bien como dije arriba ambiguo—: ‘Voy a votar, considero que es importante, me desplazo hasta el puesto de votación para mostrar que aquí estoy. Cumplo con mi deber, pero no me gusta ninguno’. 

Aunque el voto en blanco se contabiliza aparte, puede resultar favoreciendo a alguno de los dos candidatos en disputa. En 2018 se dijo que el voto en blanco favorecía a Iván Duque y ahora se dice que favorecería a Petro…

Parte de la idea de que es probable que una buena parte de los indecisos se inclinen más hacia Rodolfo Hernández, que hacia Gustavo Petro, que es una hipótesis plausible, dado el hecho de que Rodolfo pasó a segunda vuelta por una movilización en el último minuto de los indecisos.

Petro es parte del paisaje político desde hace mucho tiempo. No es un personaje que genere tantas dudas porque ya tiene sus partidarios y sus opositores. A Rodolfo antes de la primera vuelta mucha gente no lo conocía. Eso explica en parte la tendencia que muestran las encuestas de que ha perdido algo de la base con que llegó a segunda vuelta. En la medida que la gente lo conoce empieza a haber vacilaciones frente a sus declaraciones, su gestión durante la Alcaldía, etc.

Debe haber una incertidumbre mucho más fuerte entre votar en blanco y votar por Hernández, que entre votar en blanco y votar por Petro. Sí hay dudas de todos modos, pero pues es algo que no es nuevo.

¿Por qué se empezó a dar reconocimiento al voto en blanco en Colombia?

Una de las razones es que la Constitución del 91 es bastante antipolítica. Rodolfo Hernández llega sobre terreno abonado. Es decir, la antipolítica es una pasión colombiana que viene desde hace tiempo. La Constitución la hicieron tres movimientos muy críticos de la política: el M-19, el Partido Liberal, pero en su versión galanista crítica del oficialismo liberal, y el movimiento de Salvación Nacional que hacía lo propio por el lado conservador.

La idea de valorar y de darle efectos al voto en blanco está muy informada, entonces, por la experiencia de exclusión durante el Frente Nacional.

La otra razón fue la violencia. Una forma de contrarrestar el fenómeno de las candidaturas únicas que era común en las décadas más duras de la violencia política, en los años 90 y en la primera década de los años 2000. Los grupos armados tenían atemorizado a todo el mundo y entonces era este candidato y nadie más y el otro que tratara de presentarse, lo mataban.

El voto blanco fue pensado como una opción que permitía justamente tener otra opción sin tomar tantos riesgos. 

¿Ha funcionado bien?

Rápidamente se constató que era muy difícil que el voto en blanco ganara. No era fácil movilizar a la gente para votar por ninguno, que la gente invirtiera dinero, tiempo, se desplazara y votara.

Sólo hemos tenido un caso famoso de victoria del voto blanco, en Bello, Antioquia. El único candidato era Germán Londoño, del Partido Conservador y del grupo de los Suárez Mira. No fue una cuestión de violencia en el territorio, sino que, básicamente, hizo acuerdos con toda la clase política y tenía la elección más o menos amarrada.

Hubo un movimiento ciudadano a favor del voto en blanco y esta opción ganó.

La paradoja es que en la elección que se repitió volvió a ganar un candidato del mismo partido y del mismo grupo, básicamente.

Donde suele tener algún efecto entonces es en las elecciones uninominales, en los municipios pequeños, a nivel local que es donde puede surtir efectos.  

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Dinámicas territoriales del voto,Partidos políticos,Participación electoral

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