¡No más machos en las vías!

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El machismo genera muchos problemas, y entre ellos, mayor accidentalidad en las vías. Con La Silla Vacía, hicimos un hackathon para encontrar, junto con varios expertos, soluciones a este problema.

Hemos visto con demasiada frecuencia situaciones en que hay dos personas peleando porque “les quitaron” un estacionamiento, porque “se les metieron”, o incluso “echando carreras” mientras zigzaguean a velocidades excesivas en medio de la ciudad. Algunas personas hemos visto que esto termina en heridos y muertos y que, en una gran proporción, estas situaciones son protagonizadas por hombres y, en varias, las víctimas son las mujeres. Es una de las formas en que se manifiesta la masculinidad tóxica, con consecuencias nefastas.

El machismo (y la masculinidad tóxica) es un fenómeno que permea nuestra sociedad y genera muchos problemas, pero no se ha dado la discusión de manera tan detallada en torno a su efecto en el transporte, desde el acoso en transporte público hasta el atropellamiento de peatones por exceso de velocidad. Aunque ha habido algunas iniciativas concretas para afrontar esto (particularmente el acoso en transporte público), puede fortalecerse en particular el trabajo en torno a comportamientos agresivos al conducir buses, automóviles, motocicletas e incluso bicicletas.

Entonces, para actuar al respecto, hicimos dos cosas: revisamos mejor de qué se trata el problema y cómo se manifiesta (según la literatura académica) y, con base en eso, invitamos a algunas personas a un ejercicio para discutir el tema; esto lo hicimos el 26 de noviembre de 2020 durante un desayuno virtual. Como una iniciativa de La Silla Llena, en alianza con Bancolombia, estuve a cargo de preparar y dirigir la discusión. Acá les dejo un resumen de lo que hablamos.

Los datos

Al revisar la literatura al respecto, encontramos que varias investigaciones ya habían identificado el problema del machismo en las vías y sus consecuencias, y que permea aspectos más amplios que simplemente la conducción. Por ejemplo, Lupton (2002) encontró una fuerte diferencia social y de género en la forma como las personas entrevistadas describían sus respuestas emocionales a las frustraciones al conducir. Sigurdardottir (2009) también dijo que “los hombres han sido identificados como más propensos al riesgo que las mujeres”. Por su parte, Sansone y Sansone (2010) vieron que “los infractores más comunes eran hombres jóvenes”. Y Sullman y sus colaboradores (2015) encontraron que “los conductores hombres más jóvenes reportaron niveles más altos de expresión agresiva”.

Al mirar datos de siniestralidad, vimos que en países europeos “los hombres mueren principalmente como conductores de carro y motocicleta, mientras que las mujeres como peatonas y pasajeras de automóvil” (de OCDE), y en España “el porcentaje del censo de conductores hombres implicados en accidentes, tanto de vehículo único como de colisiones entre dos turismos, es superior al de mujeres, para todas las franjas de edad” (de DGT España). En Bogotá encontramos datos similares, descritos en detalle en el Anuario de Siniestralidad Vial de 2019 donde no solo los datos respaldan estos hallazgos sino que se reporta cómo la gente en Bogotá también es consciente de estos problemas.

El problema va más allá. Algunos investigadores han hablado de la “petro-masculinidad” (“petro” referido a petróleo, en este caso), que indica que el uso de combustibles fósiles “puede funcionar como una práctica compensatoria violenta como reacción a problemas de género y clima” (según Daggett). Y, para empeorar las cosas, la investigadora Perez-Criado describe en su libro de 2019 cómo cuando una mujer se estrella, tiene 47 por ciento más probabilidad de lesiones graves, 71 por ciento más probabilidad de sufrir lesiones moderadas, es 17 por ciento más probable que muera - y todo esto, indica ella, es a causa del diseño del automóvil y de los "dummies" con que hacen pruebas de choques (de Perez-Criado, 2019).

La discusión con actores clave

Con esto en mano, realizamos la actividad donde quisimos activar la discusión y la reflexión sobre un tema del que poco se habla pero que tiene muchas consecuencias indeseables en la vida de los ciudadanos: el machismo en las vías. Siendo conscientes de que en dos horas es imposible ofrecer una solución definitiva al problema, este ejercicio se plantea como el inicio de una conversación que esperamos seguir manteniendo vigente.

Para buscar soluciones al problema del comportamiento masculino tóxico en las vías y reducir sus consecuencias negativas, se realizó una reunión con 24 personas con diferentes profesiones y conocimiento (de distintas redes de La Silla Llena, del sector transporte, expertas de género, de movilidad, de urbanismo, de comportamiento social, de academia, sociedad civil, sector privado y público) para que pudiesen discutir el problema y buscar soluciones.

La discusión: ¿por qué pasa esto?

En síntesis, la discusión tuvo tres ejes: las causas del problema, los catalizadores y las consecuencias. 

En términos de causas, se identificó reiteradamente (y en todos los grupos) la masculinidad tóxica que proviene de estereotipos, representaciones culturales, imaginarios que han establecido ciertos comportamientos “machos” como algo que se espera de los hombres y a los que los hombres deben aspirar. Esto se presenta claramente al conducir un vehículo, y es básicamente en el sentido de ser “dueños del espacio”, y con conductas de conducción temerarias y agresivas donde el hombre se muestra “hábil” al poder conducir un vehículo de manera veloz y “ganar” entre los demás. Esto también se asocia con creencias en relación con lo que debe hacer un hombre en vía. Esto está en contraposición directa con la visión más “femenina” de una cultura de cuidado. Algunas personas relacionaron esto también con falta de autoestima.

Una frase escrita por una participante lo resume claramente: “versiones de masculinidad que legitiman la conducción arriesgada (invulnerabilidad, valoración positiva y placentera del riesgo, competencia, temeridad, feminización de la conducta de rechazo del alcohol)”.

Otras causas que se mencionaron fueron la forma como se ha planificado la ciudad (para viajes pendulares al inicio y al final del día, y para actividades de trabajo, y no de cuidado), y el diseño de las calles (“la calle nos vuelve agresivos”).

En términos de catalizadores (es decir, factores que amplifican y exacerban el problema o dificultan el avance en su mejoría), se mencionaron la publicidad y comerciales en medios de comunicación, la visión de organismos de control (que no ha reconocido este problema de manera explícita), la falta de datos y monitoreo o medición que ayuden a comprender el fenómeno, la invisibilidad del problema y el hecho de que no se hace explícito. Finalmente, la existencia de modelos que perpetúan el comportamiento macho tóxico al conducir se mencionó como un catalizador.

En términos de las consecuencias del problema, se mencionaron:

  • Muertes y heridos en vía por siniestros viales

  • Las familias pierden un miembro de familia (o, de sobrevivir, muchas veces deben cuidar de ellas sin tener un ingreso económico)

  • Las peleas entre actores viales

  • Los piques ilegales

  • El discurso de “dueños” del espacio

Las propuestas: ¿cómo se puede mejorar?

En términos generales, las propuestas aportadas por los participantes pueden sintetizarse de la manera siguiente:

  • Campañas donde se hagan cambios de valores para promover el cuidado y valores menos asociados a la masculinidad tóxica

  • Amuletos asociados al cuidado y no a la agresividad en la vía

  • Stickers que promuevan valores de cuidado, y que denuncien comportamientos masculinos tóxicos

  • Campañas en redes sociales promoviendo valores de cuidado, no montarse a carros con personas que exhiban comportamientos tóxicos

  • Regulación que controle los mensajes de masculinidad tóxica en publicidad y que no permita promover esos valores

  • Actividades que generen empatía hacia actores más vulnerables y que generalmente sufren más de las consecuencias de la masculinidad tóxica en vía.

  • Sanciones sociales y morales que presenten los riesgos de comportarse como un “macho” en la vía

  • Actividades de capacitación para obtener la licencia de conducción que incluyan formación y capacitación en este tema

  • Alianzas de empresas que promuevan comportamientos adecuados en la vía (no tóxicos) entre sus conductores

  • La creación de espacios específicos y controlados para experimentar el riesgo (y que no sea “en plena vía”): por ejemplo, pistas de automovilismo, entre otros.

  • Recolección de datos que pueda hacer más claro el problema y que permita conocer el fenómeno e identificar sus causas más claramente: entre otras, la caracterización del "macho tóxico".

¿Y ahora?

El ejercicio que hicimos, que duró dos horas, reveló la importancia que tiene este tema para los expertos, y la necesidad de seguir abriendo espacios para reflexionar y trabajar sobre este. Ya dos de los participantes al hackathon escribieron columnas sobre este tema. Las pueden leer acá mismo:

Machos en las vías y un método para soluciones conductuales, de Santiago Borda, experto de la Red de Innovación.

La movilidad también es un problema de género, de María Fernanda Molinares, de la Red de Mujeres.

Este es el comienzo de la discusión. Seguiremos abriendo espacios de trabajo similares para contribuir a superar el problema del machismo en las vías, ya sea para desarrollar las ideas de este primer ejercicio, para debatir nuevas ideas o para valorar otras alternativas de mejorar las condiciones de movilidad y reducir la masculinidad tóxica en las vías, y con esto reducir el riesgo de siniestralidad, los heridos y las muertes.

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*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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