100 días de Petro en el Caribe: entre la expectativa y las próximas elecciones

100 días de Petro en el Caribe: entre la expectativa y las próximas elecciones
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La semana pasada se cumplieron 100 días del presidente Petro en el poder. Según los expertos -desde la época del presidente Roosevelt-, este lapso de tiempo marca la pauta de lo que serán los periodos presidenciales de cualquier gobierno. Es un interludio prudencial en donde se dejan improntas y se marca una senda de los mandatarios. 

¿Cómo ha sido la relación de Petro con el Caribe desde el cambio de Gobierno?

Es importante responder esta pregunta en una zona del país que le dio en gran parte el triunfo al nuevo Gobierno, con la que el nuevo presidente tiene un especial vínculo por su familia, y -como recurrentemente lo advierte Adolfo Meisel-, por ser una de las zonas del país más rezagadas en pobreza y desigualdad.

Los caribeños se volcaron a las urnas, y fue en esta región donde más creció el voto a favor del primer mandatario de primera a segunda vuelta, sobre todo en los departamentos de la Guajira y el Atlántico -donde su hijo mayor es diputado-, en donde Petro arrasó. 

No es de extrañar que en las primeras de cambio del nuevo gobierno la ubiquen como una de las zonas del país más visitadas. Un reciente análisis de La Silla Vacía así lo señala. 

Ha sido muy importante la presencia de Petro debido a las altas expectativas de la ciudadanía por empezar a sentir las definiciones del Gobierno expresadas en las promesas de campaña y los anhelos de cambio de esta parte del país. Que el presidente esté en el territorio es fundamental.

Esto se vio expresado en las masivas asistencias a los diálogos regionales vinculantes; se llenaron totalmente cada uno de los lugares y hubo activa y propositiva participación ciudadana. La gente se volcó a dialogar con el Gobierno, demostrando compromiso por transformar sus realidades de manera conjunta. El Caribe respondió.

Sin embargo, y a pesar de este positivo primer tanteo Gobierno-ciudadanía, se comienzan a vislumbrar algunas incertidumbres en temas sensibles y frente a los que se esperan respuestas rápidas y oportunas. En sus apariciones, el presidente toca los temas, habla de las problemáticas y sus causas, pero no se concretan las soluciones.

El más sensible de todos: las tarifas de energía. Se nota poca consistencia en las soluciones de fondo y los paliativos que se han dado poco o nada han tenido efectos en las altas tarifas que sigue sufriendo la ciudadanía y el empresariado de la región.

También, la violencia en los principales centros urbanos sigue desatada y no sentimos los efectos de la Paz Total que ha producido ciertos alivios en otras zonas del país como en Buenaventura. Aquí no conocemos la hoja de ruta del Gobierno, no hay sinergias con los gobiernos locales y los muertos siguen. 

Finalmente, y no menos importante, la crisis de la educación superior continúa y nuestras universidades públicas siguen tomadas por el clientelismo y la corrupción. Como si no se hubiera dado un cambio, en un reciente informe el congresista Ariel Ávila advierte del desangre y saqueo del que son objeto varias universidades, algunas de ellas de la región Caribe.

Mucha presencia, pero ¿Qué tan efectiva en temas álgidos, urgentes y que requieren respuestas rápidas? La mayoría, heredadas del anterior Gobierno, pero que han aflorado con más fuerza en este segundo semestre del 2022.

Una de las barreras es que la interlocución ha estado concentrada en los alfiles de Petro en la región o directamente con la ciudadanía (en su mayoría del pacto histórico). Se necesita una mayor pluralidad de actores que le brinden al Gobierno nuevas perspectivas, soluciones creativas y conjuntas para una mayor agilidad en las respuestas. ¿Cuántas reuniones se han sostenido con gremios regionales, universidades, ONG, movimientos sociales o sociedad civil organizada?

Un cambio de lógica de las gobernabilidades locales (importantes), hacia la gobernanza local (indispensable). En esa dirección, debe romperse los patrones clientelares tradicionales con nuestra clase política que solo entiende el lenguaje de los puestos y la corrupción. Hay que promover el control social ciudadano.

También hay mucha preocupación en la representación regional de los costeños en el Gobierno. Como lo advierte Adolfo Meisel, mientras no haya ministros o altos funcionarios costeños (no costeños bogotanizados) seguirán sin entender en las altas esferas del Gobierno las realidades e intríngulis de nuestra región.

Tampoco ayuda la representación congresional de costeños alternativos en el Pacto. Algunos de ellos no responden a las capacidades que requiere empujar temas y estrategias de la región. No aparecen en los temas difíciles antes mencionados y, a lo sumo, son protagonistas para alentar disputas regionales o intentar cuotas de poder en el nuevo Gobierno.

En estos primeros 100 días es palpable la presencia y el interés de nuestro presidente por la región. Sin embargo, se pude caer en el inmediatismo de pensar más en las próximas elecciones que en la necesidad de ofrecer respuestas rápidas al electorado del cambio.

Se requiere una mayor concreción y articulación local para que los y las caribeñas empiecen a sentir el cambio en su cotidianidad. De lo contrario, comenzará el malestar y los efectos negativos que no ayudarían a terminar de consolidar la transición democrática en las regiones. 

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