5 recomendaciones para los procesos de educación financiera en contextos rurales

5 recomendaciones para los procesos de educación financiera en contextos rurales
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La educación financiera, según la Ocde, se define como la combinación de conciencia, conocimiento, competencias, actitudes y comportamientos necesarios para adoptar buenas decisiones financieras y alcanzar el bienestar financiero individual. De esta manera se evidencia que la educación financiera va mucho más allá del acceso a servicios y productos financieros, o la inclusión financiera per se, sino que se sitúa en el ámbito de lograr mejorar la calidad de vida de las personas y por ende de los negocios, lo cual impacta positivamente el desarrollo socioeconómico.

En este camino, diferentes organizaciones han desarrollado iniciativas de educación financiera y se ha identificado la importancia de contar con ofertas diferenciadas según las necesidades de cada grupo poblacional, teniendo en cuenta que las personas que poseen un menor nivel de conocimientos financieros en Colombia son las mujeres, personas en condiciones de vulnerabilidad socioeconómica, personas migrantes, adultos mayores y personas que habitan en la ruralidad. 

Para el caso de las mujeres, los estudios demuestran que existe una brecha de género importante que surge desde la infancia, dadas las barreras estructurales y normas sociales existentes; esto hace que una gran proporción de mujeres posean menores conocimientos financieros que los hombres, así como menor nivel de confianza en sí mismas, lo cual afecta sus procesos de toma de decisión tanto en la esfera pública como privada.

Es así como la educación económica y financiera debería comprender tanto el uso de productos financieros y el desarrollo de habilidades que les permitan tomar decisiones informadas, ejerciendo autonomía en términos de sus derechos y responsabilidades.

Por otra parte, en las poblaciones rurales, los programas de educación financiera ofertados no siempre contemplan las particularidades de la vida en el campo, aun cuando se identifican las diferencias socioeconómicas entre lo rural y lo urbano. Así lo evidencia la Cepal, afirmando que persisten importantes brechas de inclusión financiera en poblaciones rurales que han sido desatendidas por los proveedores tradicionales de servicios financieros y las capacitaciones que se les brinda no siempre son acorde a sus necesidades. 

A esto se le suman deficiencias en cuanto a las habilidades de la población, particularmente en cuanto a lecto-escritura y aritmética básica, junto con barreras relacionadas a la conectividad digital, y a la tenencia de dispositivos móviles y computadores para realizar un uso efectivo de los canales dispuestos para realizar procesos de capacitación, transacciones financieras, entre otros.

Todo lo anterior también repercute en las capacidades de ahorro, en el uso adecuado de créditos y fondos de pensión, y en el bienestar financiero de las familias.

Atendiendo a estas situaciones, se presentan algunas recomendaciones para desarrollar programas que respondan a las necesidades de la población y contribuyan a cerrar las brechas existentes:

  1. Es fundamental apostar por contenidos pedagógicos que se adapten a las dinámicas de la ruralidad y a las habilidades de las personas que toman los cursos. Esto implica conocer el contexto cotidiano de las personas, sus concentraciones en grupos de edad avanzada para generar contenidos donde se involucren sus experiencias como un insumo principal para entender los conceptos planteados. En los casos que se han podido conocer por parte de organizaciones que trabajan en estos contextos, se privilegia el uso de materiales audiovisuales y representativos para lograr la comprensión de los conceptos y herramientas de educación financiera.
  2. En caso de diseñarse programas virtuales se deben mitigar las brechas de acceso y uso de las TIC en la ruralidad. En términos de acceso, se debe considerar tanto los dispositivos móviles (tablets, celulares o computadores), como la conectividad y el acceso a internet (módems, antenas de servicios locales de internet, entre otras); adicionalmente, es importante contar con plataformas que funcionen bajo la modalidad offline. Es importante considerar estrategias que incidan en el desarrollo de habilidades digitales en la población, como pueden ser ofertas de alfabetización digital, promoviendo lazos de solidaridad y apoyo intergeneracionales entre jóvenes y adultos mayores.
  3. En las ofertas de educación financiera en la ruralidad, en especial las dirigidas a mujeres, es importante tener en cuenta al núcleo familiar para la puesta en práctica de las herramientas adquiridas. En experiencias previas con iniciativas en estos contextos, las economías rurales acostumbran contar con un carácter familiar fuerte y arraigado, lo que en ocasiones produce desigualdades entre hombres y mujeres en el acceso y uso de recursos financieros. Sin un trabajo que reconozca e involucre estos roles de género, la sostenibilidad e impacto de estas acciones se vería comprometido.
  4. Las alianzas resultan claves para desarrollar iniciativas, específicamente con otras entidades que ya tengan experiencia, conocimiento y trabajo con estos territorios y poblaciones. Es esencial el acompañamiento de una persona local, con conocimiento de las necesidades de la población, dinámicas ambientales y de seguridad de los territorios donde se llevará a cabo la capacitación.
  5. Por último, para contribuir al cierre de brechas de educación financiera en la ruralidad además de comprender las dinámicas sociales y económicas (infraestructura, cobertura de servicios básicos, presencia institucional) es importante contemplar los aspectos culturales que pueden expresarse en la presencia de grupos étnicos y campesinos con tradiciones, formas de organización, redes comunitarias y familiares propias, que configuran las dinámicas alrededor del manejo de las finanzas.

Así, es importante reconocer estas particularidades de los contextos rurales para el diseño, desarrollo y evaluación de iniciativas de educación financiera en la ruralidad, con el propósito de generar estrategias contextualizadas que tengan en consideración los retos estructurales e individuales a los que se enfrenta la población y en especial las mujeres de todas las edades.

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