7 de agosto de 2022: faltan 9 de PR y detenidos políticos y detenidas políticas

7 de agosto de 2022: faltan 9 de PR y detenidos políticos y detenidas políticas
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Hoy es un día de mucha resistencia y aguante. Abundan los saludos, las esperanzas y los mejores deseos para que a la sociedad colombiana le vaya bien en los proyectos que escribirán este momento histórico en que un Gobierno de espectro de izquierda y demócrata dirigirá las instituciones nacionales.

Sin embargo, es necesario preguntar: ¿dónde están las y los manifestantes que, valientes, le hablaron al país desde Puerto Resistencia? ¿Qué está haciendo la sociedad nacional por las y los manifestantes de Puerto Resistencia perfilados, detenidos, juzgados y encarcelados por el sistema de justicia vigente? ¿Qué estamos haciendo por las personas que, como ellos, están en las cárceles pagando condenas por crímenes políticos?

Hoy también hay agradecimientos por doquier a tantas personas que ayudaron a construir el camino. Hasta la prensa, la radio y la televisión hegemónica muestran la fuerza de la presencia popular.

La gente comparte sin pausa fotografías, textos, videos y un sinnúmero de productos comunicativos que reflejan la alegría de las personas. Sabiendo del dolor profundo de la represión, la exclusión y la guerra hoy reclaman su derecho a la esperanza y la alegría. Todo se ve, oye y siente muy bonito.

La diáspora colombiana exiliada por la persecución política está con mente y corazón en el terruño, aunque esté lejos dispersa en decenas de países en todos los diferentes continentes. Hoy es cierto el sentimiento de ser parte de un sueño que otras personas soñaron desde sus apuestas revolucionarias y de transformación. Aunque no fue la primera vez que se buscó llegar al Gobierno, sí es la primera vez que la unidad permitió ganar presencia significativa en el Congreso y obtener la Presidencia y Vicepresidencia de la República.

Claro, el ruido de la extrema derecha abandonando el Gobierno pretende enmudecer con sus mentiras y violencias a la izquierda, a los demócratas, a los movimientos sociales y populares, a las organizaciones e instituciones y al conjunto de expresiones que triunfaron a nivel electoral.

Desde la tierra de los nevados, mares, ríos, colores, valles, montañas, litorales y ciudades llegan las caras campesinas, indígenas, gitanas, afrodescendientes, mestizas y blancas a soñar. Vienen a la ciudad capital para que algún día el Estado se parche en los territorios. Que sea la hora en que el Estado vuele, camine, navegue y conduzca sus acciones por todos los lugares de Colombia, tanto en el centro como en los territorios periféricos donde las comunidades podrían ser mucho más felices sin el miedo al asesinato, la masacre, el desplazamiento, el confinamiento, el bombardeo, la pobreza, el extractivismo y la miseria.

La palabra, la espiritualidad, la economía, la sabiduría, las autoridades y los territorios de las comunidades y los pueblos son materialización de la dignidad y es un imperativo que el Gobierno nacional y el Estado lo sepan y lo asuman. El reconocimiento de las comunidades y los pueblos debe significar el fin de la estigmatización y el tratamiento como delincuentes a quienes salvaguardan la sabiduría ancestral y las formas alternativas de comprender la realidad y el cosmos.

Las mujeres y hombres de la nación merecen otra patria u otra matria porque es ahí donde siempre ha estado la identidad legítima de la nación que, pese a la persecución atroz, nunca ha sido destruida. Pero la destrucción no ha cesado porque la represión continúa a través de la violencia estatal, paramilitar y mafiosa y a través de la aplicación injusta de las leyes.

Estas leyes son dóciles con el paramilitarismo urbano y los grandes narcotraficantes, pero duras y rudas contra quienes hace algunos meses entre las muchedumbres se concentraban en distintos espacios de manifestación para protestar contra el saliente Gobierno y su paquete de reformas políticas. Ese hecho histórico inscrito ya en la historia nacional como Paro Nacional tuvo especial fuerza en un lugar que hoy vive en la memoria colectiva de Colombia y el mundo con el nombre de Puerto Resistencia.

En ese tiempo del Paro Nacional a Puerto Resistencia llegaron las cuchas a brindarlo todo. Con su presencia organizada en la movilización las mujeres dieron a la juventud y a la población vida, felicidad, comida y sabiduría. En esos días con sus noches la esperanza desbordante no menguaba pese a las necesidades, angustias y miedos avasallantes. Algunas de ellas son las madres que hoy visitan a sus hijos e hijas en las cárceles adonde fueron llevados por la Fiscalía General de la Nación y demás instituciones policiales, militares y judiciales del Estado dominante.

Ellas y muchas personas leales siguen creyendo en las ideas de la juventud y en sus talentos al servicio de la protesta social y de la capacidad organizativa del Pueblo. Aunque el poder económico, político, comunicativo y militar ha cuestionado y colocado en tela de juicio las acciones de los y las manifestantes durante el Paro Nacional, son las mujeres madres, hermanas, hijas y parejas quienes siguen hoy como ayer creyendo y acompañando a las y los presos políticos encarcelados injustamente.

Quienes se creen dueños del país y han encerrado, amurallado y privatizado sin pudor al Estado para usufructuarlo en beneficio particular utilizan palabras como terrorismo, vandalismo y violencia para referirse a la movilización y la protesta social. Es una élite cómplice de genocidas, corruptos y explotares que sólo cuando el pueblo levanta barricadas se rasga las vestiduras.

Las y los manifestantes perseguidos y detenidos en las cárceles del Estado de Colombia son gente muy valiente, parada y frentera cuyo crimen fue defender los puntos de resistencia y el derecho a la protesta social. Lógicamente hay preocupaciones, sustos y miedos porque la persecución ha sido atroz. Recordando los meses del Paro Nacional vuelven a la memoria los sobrevuelos de helicópteros, las embestidas de las tanquetas, los disparos de precisión letal y la indiscriminada agresión con gases lacrimógenos.

Lo que el Pueblo reclama está enmarcado en la Constitución Política y el bloque de constitucionalidad. Nadie está pidiendo limosnas. Los jóvenes que hoy son tachados de criminales y terroristas han atestiguado toda la vida como “la cucha” se levanta a las cuatro de la mañana a alistar lo del día. Si hubiera trabajo, democracia y justicia no habría protesta. Pero donde no hay empleo ni libertades ni garantías es urgente y necesario levantar la voz y movilizarse.

¡Nada regalado! Los miles comunidades trabajadoras saben esforzarse día y noche para construir la República. Ha sido el desplazamiento, el destierro y exilio de las comunidades lo que ha impedido que Colombia esté mejor.

En los meses del Paro Nacional siempre hubo participación activa, acompañamiento y solidaridad. La Universidad salió de los muros y las aulas para llegar a los puntos de resistencia a enseñar. Los medios de comunicación extranjeros y nacionales registraban todo y escuchaban para producir piezas de información. Las iglesias se manifestaron de distintos modos en procura de respaldar la dinámica popular. Había espacios de discusión y estudio para hablar de la salud, el techo, la comida, los servicios públicos, el vestido ropa para toda la gente. Y ello era posible porque un grupo de personas, en su mayoría jóvenes, estuvo en primera línea dispuesta a sacrificar su vida, su integridad y libertad para permitir la protesta social. Hoy algunas de esas personas que pusieron el pecho a la brisa están en las cárceles.

En Puerto Resistencia y otros puntos de referencia del Paro Nacional hubo un desborde de creación e invención. En Santiago de Cali, en el Distrito de Aguablanca, a ritmo de salsa y salsa choque, rap y otras músicas, al vaivén del fútbol y otros juegos, entre el sancocho espectacular, las lentejas, el tinto y el agua de panela de la olla comunitaria, se celebró la vida y con la bendición de los arrullos se despidió con dolor profundo a las víctimas de la represión.

Se estaba inventando otra Colombia. Escribiendo una historia donde no maten a los líderes y lideresas. Construyendo un poder decidido a mejorar las aulas, las calles, a cuidar las selvas, a cultivar la tierra, a proteger los ríos, los mares y las llanuras, a curar el agua y ayudar a salvar el mundo produciendo alimentos orgánicos, cambiando a fuentes de energía que no maten la Tierra y protegiendo la flora, la fauna, el agua, el aire y los territorios.

Ese magnífico y tenaz esfuerzo contribuyó para que hoy se dé la posibilidad desde el Gobierno popular del Pacto Histórico y el Gran Acuerdo Nacional de avanzar en un modelo económico al servicio de la vida, una industria que modifique sus dinámicas contaminantes, un conocimiento científico, tecnológico y técnico que en juntanza con la naturaleza y el clima habiten de otras maneras lo urbano y lo rural. Pero en este tiempo de avance de la utopía de paz y justicia no están todas las personas que soñaron porque muchas mujeres y hombres están en las cárceles del poder hegemónico condenadas por el crimen de protestar.

En Puerto Resistencia y otros lugares la gente lo dio todo. Cada punto de concentración buscó otro nombre para resignificar el presente y apropiarse de la resistencia. En esos meses de zozobra hubo quienes se fortalecieron en su fe religiosa y en sus espiritualidades, otras personas se sostuvieron con la teoría y muchas más en la experiencia.

En los días y noches del Paro Nacional de mayor desasosiego se oró a Dios, los Espíritus y los Orishas clamando por protección, fortaleza y sabiduría para que no pasara nada malo. Gracias al aguante y a la terquedad se logró alcanzar algunos de los propósitos planteados. Después vino la natural dispersión, el aislamiento y soledad. Y más adelante el entusiasmo de las campañas electorales. Mientras tanto la Fiscalía General de la Nación y el Poder Judicial actuaron contra la izquierda y los sectores populares. Claramente poco y nada han hecho para castigar los crímenes bastante documentados de la extrema derecha.

Hoy está en la cárcel una parte de esos muchachos y muchachas que se pusieron máscaras, cascos, gafas, guantes, pañoletas y que usaron escudos y demás elementos de protección para cuidar la protesta social. Jóvenes que venían de las universidades, de los institutos como el Sena, de los colegios públicos y privados y, sobre todo, de los barrios aledaños y la periferia excluida del Distrito de Aguablanca en el oriente de Santiago de Cali.

Jóvenes que exigieron que haya transparencia, derechos humanos, paz, democracia y que no haya corrupción, pobreza, desigualdad, violencia y dictadura. Son jóvenes que reclamaron respeto, dignidad y amor. Y sabiendo que debían darla toda actuaron en consecuencia y hoy se encuentran privados de la libertad.

El 11 de mayo de 2021 los y las manifestantes presentaron desde Puerto Resistencia un primer Pliego de Peticiones en el cual dijeron que salieron a las calles con el ánimo de exigir el cumplimiento y el respeto constitucional de los derechos fundamentales y el cese de la acción policial descomunal e injustificada contra la población colombiana: pidieron respeto por los procesos organizativos, castigo para la policía, el Esmad y los responsables de los abusos contra los civiles; reclamaron reparación directa a las víctimas, retiro del Proyecto de Ley 010, derogatoria de la Ley 100, un nuevo proyecto de ley que contara con la participación y respaldo del personal de salud de todo el país y fin del abuso de las EPS; demandaron el retiro del proyecto de ley que pretendía atentar contra la poca estabilidad laboral, la eliminación del Decreto 274 que buscaba legalizar la contratación por horas y una reforma laboral y pensional concertada con el pueblo trabajador y no con los grandes patrones, empresarios y banqueros.

En su Pliego de Peticiones, las personas de Puerto Resistencia exigieron la eliminación de los sueldos vitalicios y la reducción de los sueldos excesivamente altos que tienen diferentes funcionarios del Estado. También exigieron la reducción de los impuestos para las pequeñas y medianas empresas, y el apoyo con capital semilla para estas empresas y para los pequeños y medianos emprendimientos. Requirieron a la Procuraduría General de la Nación sancionar de acuerdo a la Ley 1881 de 2018 la corrupción de los Congresistas.

Solicitaron diálogo en paz y sin represión, sin mentiras, ni traiciones, que no se estigmatizara la protesta social ni se hicieran emboscadas para masacrar a quienes osan manifestarse, y justicia para las víctimas y castigo para los responsables de los asesinatos, las heridas, las desapariciones, las agresiones, la violencia sexual y todas las vulneraciones ocurridas durante el Paro Nacional, incluida la reforma de la policía y el fin del Esmad.

A nivel de reclamos y pedidos específicos la gente movilizada en Puerto Resistencia demandó políticas públicas para la juventud de Cali y Colombia, presupuestos participativos que impacten en las áreas de cultura, deporte, salud y educación. La construcción de la Biblioteca y el Museo Público Municipal Puerto Resistencia como tributo a la memoria de los y las manifestantes víctimas de la represión. Y desde una mirada y consciencia ancestral apelaron a un trato de amor, respecto y gratitud para las comunidades indígenas, negras, afrocolombianas, palenqueras, raizales, campesinas y de los barrios populares.

Según la Fiscalía General de la Nación y un Juez de Control de Garantías, los nueve jóvenes deben estar en la cárcel acusados de actos de violencia y vandalismo por hechos sucedidos en el marco de las protestas del Paro Nacional del 2021. La FGN argumenta que, al asumir el control del sector de Puerto Rellena, afectaron la movilidad ciudadanía, controlaron el paso de las personas y revisaron sus pertenencias. Según las autoridades los acusados se aliaron con grupos de delincuencia.

Específicamente, se les acusa de presunto secuestro y tortura de un oficial de la Policía Nacional el 15 de junio de 2021, de un presunto asesinato de un integrante de la primera línea el 31 de mayo de 2021, de presunto el homicidio de un vigilante del sector de San Andresito de Oriente el 12 de junio de 2021, de presunto ataque y destrucción de una patrulla de la Policía Nacional el 4 de junio de 2021 y de la presunta vandalización al CAI Villa del Sur y la agresión a sus ocupantes el 29 de abril de 2021.

Los nueve manifestantes de Puerto Resistencia detenidos y trasladados al Complejo Carcelario y Penitenciario de Jamundí bajo autoridad del Inpec están imputados por los delitos de homicidio, concierto para delinquir, secuestro, tortura, fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones, perturbación en servicio público de transporte oficial e incendio.

Los 9 de PR hoy presos por el Estado de Colombia son Rolando Quintero Ramírez, Jhon Alejandro Hernández, Alejandro Blandón Ordóñez, Yeinshon Giner Hernández Realpe, Jofren Alberto Ordóñez Angulo, Anderson David Cifuentes Montaño, Wilson Stiven Murillo Ordóñez, Iván Ricardo Bermeo Carabalí y Diego Fernando Ángel Agudelo. Los manifestantes no aceptaron los cargos de los cuales son acusados.

Defender la Libertad Un Asuntos de Todas (una red de organizaciones que trabaja para denunciar las detenciones arbitrarias, la persecución judicial y la criminalización de la protesta social en Colombia) denunció a través de un comunicado que en el marco del "Plan Democracia" se realización 57 operaciones contra las primeras líneas en los que capturaron a 267 personas, ante ello expresaron:

"Luego del Paro Nacional de 2021, el contexto de estigmatización, criminalización y judicialización hacia liderazgos sociales aumentó vertiginosamente, en especial durante las últimas semanas en medio de la coyuntura electoral, la cual se ha caracterizado por la intervención indebida del presidente Iván Duque, el general Eduardo Zapateiro y el uso político de la Fiscalía General de la Nación [...] Una vez más, las detenciones y judicializaciones se convierten en una manera de estigmatizar, castigar y aleccionar a la población que pone en cuestión un gobierno antidemocrático. Recordamos a las autoridades administrativas, policiales y al Gobierno Nacional, que la protesta social es un derecho fundamental, y este no está condicionado a estar de acuerdo con los resultados electorales ,quienes consideren manifestarse por estar conformes o no, se les debe respetar y garantizar el ejercicio de dicho derecho".

Hoy, mientras asciende al Gobierno nacional el primer presidente y la primera vicepresidenta de origen popular y de izquierda en Colombia, nueve integrantes de la Primera Línea de Puerto Resistencia de Cali están privados de la libertad. Como ellos, otras personas están en las cárceles por participar decididamente en la defensa del derecho a la protesta y a la movilización social durante los meses del Paro Nacional. Son los detenidos y las detenidas políticas de la actualidad

¡Este siete de agosto, día de la posesión presidencial y vicepresidencial, no estamos todos y todas porque faltan los y las manifestantes en prisión, víctimas de la persecución por razones políticas!

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