A Bogotá le faltan trenes en la red multimodal

Esta columna fue escrita en coautoría con Sergio Montero.

Esta nota está escrita en dos partes. La primera, por Darío Hidalgo, expandiendo una discusión en twitter. La segunda, por Sergio Montero, dando respuesta. Un esfuerzo de llevar el desordenado intercambio en redes a una discusión más profunda, aunque siga siendo incompleta.

Un trino no es una tesis, pero el de Sergio Montero me pareció una argumentación llamativa y di respuesta con dos trinos usando la lógica del texto

“No entiendo por qué la mayoría de las ciudades europeas, de Estados Unidos, Canadá y Australia no cierran cientos de kilómetros de vías para carros y las dedican a bicicletas, al menos los domingos y festivos como Bogotá. Lo peor es que ya tienen esas calles desde hace décadas”.

“No entiendo por qué la mayoría de las ciudades europeas, de Estados Unidos, Canadá y Australia no dedican cientos de kilómetros de vías para carros a los buses que mueven la mayor parte de sus viajes en transporte público. Lo peor es que ya tienen esas calles desde hace décadas”.

Pude poner otra foto de autopistas urbanas comunes en muchas ciudades, pero no por eso la forma de lograr ciudades sostenibles.

El punto que traté de compartir es que no es una buena justificación decir que como muchas ciudades tienen algo, o que parezca muy lógico algo, otras ciudades deben replicar la experiencia. Creo en la evaluación de alternativas como herramienta de política pública.

Luego dije que estás dos respuestas son una muestra de lo difícil que es la discusión de políticas públicas a partir de una foto y prejuicios. Indiqué (de manera equivocada) que el profesor Sergio Montero opinaba en este caso como persona del común y desde su experiencia de vida en Europa.

No solo desperté a mis "troles" (normal), desperté también la molestia del profesor Montero. Primero preguntó que cuáles eran los prejuicios a los que me refería, y apeló a su experiencia como investigador de Bogotá (durante diez años) y habitante de nuestra ciudad (durante seis años), como argumento de autoridad.

Sergio indicó que yo usaba la falacia del hombre de paja: cuando alguien toma un argumento de otra persona y lo distorsiona o exagera, y luego ataca la exageración como si eso fuera realmente lo que esa persona estaba diciendo.

Tiene razón. El trino de Sergio Montero en ningún caso estaba diciendo que todo lo que Bogotá necesita son trenes, ni estaba atacando al sistema que existe hasta ahora: los corredores de buses de TransMilenio. Sin embargo, Sergio usó la misma falacia del hombre de paja para decir que mis posiciones y comentarios han hecho mucho daño a la ciudad. Trino que no comparto, pero despertó solidaridad en algunas personas que se empeñan en mantener un debate entre modos, incluyendo a la presidente del Concejo de Bogotá, María Fernanda Rojas.

Este intercambio anecdótico refleja también lo difícil que es el debate público en Twitter, la facilidad con la que caemos en interpretaciones equivocadas y el sesgo con el que defendemos posiciones.

Yo llevo varias etiquetas puestas que mis troles se encargan de replicar. Normalmente me atacan con ellas, no controvierten los argumentos ni los datos que comparto. Creo que es valioso insistir en opinar, en argumentar y en escuchar a los otros.

He aprendido varias cosas, espero seguirlo haciendo. Mi posición es que se requiere una red multimodal, y que cada corredor debe ser evaluado por sus costos e impactos, en evaluaciones bien hechas (Ver: Financiar el Transporte Público (Segunda Parte): El Plan Multimodal 2035).

Eso sigue siendo un sesgo tecnocrático utópico. Así no se han tomado y no se tomarán las decisiones, al menos en Bogotá.

Lo que vemos es a líderes iluminados decidiendo, y luego grupos de técnicos tratando de justificar las decisiones, y a los opositores usando múltiples mecanismos para que los proyectos no avancen. Los proyectos atacados y defendidos por quien los originó, no porque tengan cosas positivas o negativas en si mismas. Se convierte todo en una discusión de “buenos” y “malos” (Ver TransMilenio o Metro ¿Debate Imposible?).

Admito que se me fue la mano en la reacción frente al trino original de Sergio Montero. Es un investigador que ha documentado tanto la discusión en Bogotá como su influencia en otras partes (que incluyen análisis muy interesantes sobre la ciclovía bogotana y la influencia de organizaciones filantrópicas en la difusión de ideas, como el "Bus Rapid Transit"). Ofrezco disculpas y tomo el intercambio como una oportunidad de seguir aprendiendo.

Repuesta de Sergio Montero

Agradezco la posibilidad de extender un poco más en este artículo mi posición. No es un tema fácil de resolver y menos en Twitter o en un corto artículo de opinión. En cualquier caso, me pareció curioso ver las respuestas tan efusivas y personales que mi trino sobre vías férreas inutilizadas en Bogotá generó en Darío Hidalgo.

Creo que es muy diciente que Darío señale en su respuesta a mi trino inicial que yo estaba opinando “como una persona del común”.

Tal vez esperaba de mí, como académico, una respuesta con números, citas de autores y una evaluación técnica de alternativas. Pero no, Twitter no es un "journal" ni una conferencia académica. Y justamente eso lo hace interesante por otras razones. Por ejemplo, no es infrecuente ver que discusiones que ocurren en Twitter lleguen al día siguiente a los principales medios de comunicación. Claro, en Twitter también hay muchos sesgos.

Por una parte, la existencia de troles y personas que se basan en ataques personales más que argumentativos y que buscan la controversia más que una discusión seria sobre un tema. Por otra parte, el uso de Twitter está limitado a un grupo pequeño de personas y es, muchas veces, manipulado por bodegas de ciertos políticos o ideologías.

En ningún caso Twitter va a sustituir los informes de evaluación de políticas públicas o la rigurosidad que implica una evaluación de pares de un artículo académico. Sin embargo, las discusiones en la red social suelen tener bastante visibilidad mediática y contribuyen a poner temas en la opinión pública de una manera que los documentos técnicos o académicos -o las burocráticas reuniones de “socialización” de proyectos urbanos de la alcaldía- no logran.

Hay algo que Darío sabe y reconoce finalmente en su hilo de trinos, pero que pareciera querer evitar al principio. En planeación urbana, las discusiones técnicas suelen seguir a las decisiones políticas.

Hay técnicos -y tecnócratas- a quienes eso les parece terrible y sueñan con un Estado en el que las decisiones de política pública se tomaran con base en números, planos y estudios hechos por los mejores técnicos y expertos del momento.

Sin embargo, ese “sueño tecnócrata” en el que los grandes expertos deciden cómo planear la ciudad con base en criterios aparentemente objetivos y apolíticos ha tenido claras debilidades y duras críticas. Un buen ejemplo es la arquitectura moderna de mediados del siglo XX, del cual Le Corbusier es tal vez la figura más conocida. Muchas han sido las críticas a ese paradigma "top-down" modernista guiado por arquitectos “expertos” pero desconectados de las necesidades de las personas para quienes construían.

Hoy en día estamos en un momento complejo, pero también interesante, para la planificación urbana y regional en el que las decisiones ya no pueden tomarse sin tener en cuenta a las “personas del común". 

En Colombia, tanto la Constitución de 1991 como la Ley 388 de 1997 nos dicen que la planeación debe ser participativa.

Eso implica que la planeación no puede seguir siendo un tema solamente técnico ni tampoco solamente político, sino que justamente ambos ámbitos deben estar presentes y, sobre todo, los dos ámbitos deben estar en sintonía con esas personas del común. No nos pongamos tan rápido el sombrero y el lenguaje de “expertos” en urbanismo.

Twitter tampoco representa el sentir de la mayoría de la sociedad. Tiene muchos sesgos, sin duda. Pero cuando el río suena, piedras lleva.

Darío quiso interpretar la viralidad de mi trino como un desprecio a la evaluación técnica de las diferentes alternativas de transporte masivo que debe hacerse antes de tomar una decisión sobre un corredor. Yo lo leo de otra forma.

Lo veo como una muestra de la frustración de muchos bogotanos y bogotanas con la negación constante del transporte férreo en la ciudad; de la necesidad de que se abra el debate de manera seria en esta ciudad sobre el transporte férreo; de tener un sistema de transporte masivo multimodal no solamente basado en el modo que ha prevalecido en las últimas dos décadas en la ciudad: el Bus Rapid Transit (BRT), es decir, Transmilenio. Sobre todo si estamos en la actualidad discutiendo la posibilidad de pensar y planear a Bogotá en una escala regional y metropolitana, el BRT no va a ser suficiente.

Entonces sí, a Bogotá le faltan trenes, como dice el título de este artículo. Algunos lectores pensarán: ¿y por qué esta discusión ahora, si ya están aprobadas una línea de metro urbana y otra de tren regional (RegioTram Occidente)? Solo hay que mirar la historia del transporte férreo de esta ciudad para ver que han existido numerosos estudios técnicos a favor de esos sistemas.

Lo que ha faltado es una movilización ciudadana y una voluntad política firme para que esos estudios técnicos se cumplan más allá de los estudios técnicos y los planes. Estamos en un momento crucial en el que el transporte férreo parece que por fin volverá a la ciudad y a la región. Y eso hará que podamos soñar con una región metropolitana policéntrica con nodos multimodales que descentralicen y descongestionen a Bogotá.

Esto no es un tema solo para evaluadores y expertos en transporte. Es un tema que se relaciona también directamente con qué modelo de ciudad y región queremos para Bogotá. Y eso debe construirse desde un debate amplio con participación ciudadana que debe ir más allá de las y los expertos en transporte de siempre. Y, claramente, más allá de Twitter.

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