¿A qué están jugando los alternativos para 2022?

¿A qué están jugando los alternativos para 2022?
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Parecen estar cumpliéndose los peores presagios impensables hace unos meses. Como lo señala Ariel Ávila, los alternativos necesitarían cometer muchos errores para no llegar con fuerzas a las próximas elecciones y lograr un apabullante triunfo. Pues bien, parece estar sucediendo y están en el camino de repetir los errores de hace cuatro años. 

Por un lado, el pacto histórico -en un afán de desmarcarse de la izquierda y la radicalización a la que han sido sometidos- parece estar convirtiéndose en una colcha de retazos de exiliados de otras colectividades, empresarios aliados con los sectores hegemónicos y hasta grupos cristianos buscando escampadero temprano.

Una mezcolanza sin norte que desdibuja su sentido como alternativa de izquierda y ahuyenta a los votantes de centro que esperan propuestas claras. No alianzas sin bases sólidas con quienes siempre se ha tenido agudas controversias y que han aterrizado con sus mismas prácticas. Como el nepotismo de Roy Barreras con su esposa, o las alianzas territoriales cuestionables de Benedetti en Barranquilla.

Pero si en la izquierda llueve, para el centro no escampa y parece ocurrir lo contrario. Hay una excesiva reticencia a la consolidación de alianzas. Ahora parece que ni en las mismas candidaturas que representan este segmento político hay unos mínimos acuerdos. El portazo de Fajardo al recién llegado Gaviria es una muestra fehaciente de la falta de un norte político claro, un "déjà vu" con lo ocurrido hace cuatro años.

Claro que se pueden hacer alianzas. Es lo normal en las democracias modernas en donde incluso hay que hacer Gobierno con “rivales” de toda la vida.

Así ocurrió en España con el Partido Socialista (Psoe) y Podemos, quienes parecían tener diferencias irreconciliables, pero que les tocó ceder para conformar Gobierno en medio de una profunda crisis de gobernabilidad en la democracia española.

También es célebre la forma en que votaron los socialistas franceses -con la nariz tapada- en las elecciones de 2002 por Chirac para impedir que llegara al poder su verdadera némesis, Jean-Marie Le Pen. "Haremos lo que debemos hacer porque somos republicanos y demócratas", decía en ese entonces el secretario del partido socialista François Hollande.

Claro que no es lo mismo un régimen presidencialista a uno parlamentario, pero justamente la Constitución del 91 y las continuas reformas políticas han ido mutando hacia un camino hacia la necesidad de gobernabilidades plurales: La segunda vuelta, las consultas y las listas interpartidistas han ido prefigurando un camino hacia gobiernos de coalición.

Pero en Colombia también hay ejemplos, y la alianza de Verdes que apoyó a Petro en segunda vuelta buscó justamente entender el mecanismo. Mockus y Claudia escribieron en mármol 12 puntos indispensables para apoyar a Petro. Alianzas con reglas claras. Se puede ceder sin claudicar.

La respuesta de Fajardo a una alianza con el Partido Liberal sonó destemplada y generalizando hacia un partido que ha contado con personas que han hecho diferencia en la vida republicana del país. Un asunto personal con César Gaviria -que hay que decirlo: tiene sus notorias máculas clientelistas- no puede englobar un partido que promovió la constituyente y defendió la paz hasta el final. Pero que, además, cuenta con un nutrido grupo de jóvenes que quieren el cambio para el país. ¿Van a meterlos en el mismo saco?

Se trata entonces, no de que haya cama para todo el mundo, pero tampoco dar portazos a alianzas en un país que necesita -más que nunca- propósitos comunes. El votante de centro prefiere la estabilidad y unión frente a las dificultades de gobernabilidad. Después de la polarización y desgobierno ese será un ideal que buscarán muchos ciudadanos.

Son especiales los momentos que vive el país y requieren la grandeza de quienes quieren gobernar la nación. No se trata de una montonera clientelista buscando réditos particulares, pero tampoco de un Gobierno sin gobernanza que no reconozca la “real politik” colombiana (no se trata de gobernar una ciudad o un departamento). Se requiere una gobernabilidad democrática realista con nuevas reglas, que permita la unión y sostenibilidad de los que queremos el cambio. 

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