¿Al final sirvió para algo la COP27?

¿Al final sirvió para algo la COP27?
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El viernes 18 de noviembre concluyó la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2022, más conocida como la COP27, pues es la Conferencia número 27 de la ONU sobre este tema. 

Esta cumbre promovió diversos espacios de diálogo gubernamental, empresarial, académico y social para reflexionar y evaluar las acciones que los Estados han venido diseñando e implementado en búsqueda de cumplir el propósito de tener un planeta carbono neutral al 2050, y así evitar el aumento de la temperatura por encima de 1,5 grados.

Cada año en estas cumbres se reúnen cerca de 190 países a buscar alternativas para transformar sus modelos de producción, de generación energética, movilidad, diseño de ciudades, desarrollo rural, manejo de residuos sólidos y adaptación y gestión de riesgos. Con esto buscan disminuir la generación de gases de efecto invernadero, especialmente, del Metano y CO2, los principales promotores del calentamiento global.

No obstante, este evento estuvo marcado por miles de críticas, algunas de forma y otras de fondo pero en todas cuestionando la verdadera voluntad de los gobiernos, especialmente de China, Estados Unidos, India, Rusia, Japón, Brasil, Indonesia, Irán, Alemania y Canadá, los 10 países que generan más 70% de los gases de efecto invernadero del mundo, y quienes pocas acciones han realizado para descarbonizar sus economías.

Esta es una situación crítica pues los 100 países que menos contaminan generan menos del 10% de los gases de efecto invernadero del planeta, es decir, la emisión de GEI es un problema de todos generado mayoritariamente por unos pocos y agudizado por un estilo de producción y consumo insostenibles.

Ante este escenario, las críticas cada vez cobran más fuerza, pues en las 26 versiones anteriores han sido pocos los avances en materia ambiental que han incorporado los países que más contaminan. Y la voluntad política, más allá de los discursos y acciones de forma, no ha logrado impulsar los cambios a la velocidad y con la profundidad que se requieren.

De ahí que en esta ocasión quizás las críticas que más escalaron estuvieron asociadas, por un lado, a que de todos los acuerdos y compromisos que adquirieron los países en la COP26 de Glasgow hace un año, solo 30 han venido cumpliéndolos, una situación que se repite en todas las versiones de este encuentro.

Por otro lado, otra parte de las críticas se orientaron a que el evento fuera patrocinado por Coca Cola, uno de los mayores generadores de plástico del planeta.

Y por último, otra parte de las críticas se orientó a la forma en que llegaron muchos de los participantes, pues la mayoría de líderes mundiales que asistieron utilizaron jets privados, los cuales generan más del 50% de las emisiones de la aviación mundial y, según cálculos del grupo Transport and Environment, “pueden emitir 50 veces más contaminantes por pasajero que un tren y 14 veces más que los vuelos comerciales”.

Estas son circunstancias que desdibujan y muestran como incoherentes los mensajes que se envían al mundo desde la Cumbre, en especial entendiendo que el llamado principal que hizo la ONU fue a aumentar la cooperación y la solidaridad climática.

Y es que resulta complejo pedir a los ciudadanos compromisos ambientales y mayores apuestas cuando los gobiernos no implementan las acciones y políticas que se requieren para lograr la disminución de los GEI, pues las mayores potencias no desaceleran sus niveles de contaminación y los países más pobres y afectados por la crisis climática no reciben la financiación necesaria para mitigar esos impactos.

Al final, no queda más que preguntarse cuál debe ser el camino a seguir. La respuesta a este interrogante no resulta sencilla, pero el camino sin duda pasa por entender que cuando los gobiernos y políticos no están a la altura de los retos y no son capaces de lograr solucionar los problemas de las comunidades. Les toca a los mismos ciudadanos comenzar a promover esos cambios y construir esas soluciones.

En este sentido, la respuesta a la mayor problemática ambiental de la historia, que tiene amenazada la supervivencia de la humanidad, pasa por los pequeños cambios que pueda hacer cada uno en su estilo de vida y consumo, buscando ser parte de la solución y no del problema. Porque si esperamos que las soluciones lleguen de los gobiernos, el futuro de la humanidad parece perdido. 

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