Andares de la verdad de Colombia en Venezuela

Andares de la verdad de Colombia en Venezuela
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Venezuela ha sido en la historia del conflicto armado de Colombia como el país al que se exilió una gran parte de la gente. Si en Ecuador más de 300.000 colombianos buscaron algún tipo de refugio, aquí las cifras son aún más altas aunque más invisibles. 2.200 kilómetros de frontera que fueron traspasados de aquí para allá desde el Catatumbo, Cúcuta, Arauca y cientos de trochas que hacen de la frontera un lugar intermedio entre dos países, uno tercero.

  • Colombia y Venezuela como dos hermanas siamesas

En los últimos años, 525.000 colombo-venezolanos han cruzado la frontera en sentido contrario para buscar otra vida en medio de la crisis de Venezuela. Aquí se juega también el proceso de paz con el ELN y otros grupos, no hay paz en Colombia sin tener en cuenta Venezuela. Cuando hicimos la capacitación de entrevistadores para escuchar a esos nadies invisibles del exilio en Venezuela, en febrero 2020, las relaciones entre los dos países estaban rotas, y por esta costura de la frontera sangraba la herida. Pero se hizo.

  • Camino de Maracaibo

Llegar aquí no es fácil. Hay que recorrer cientos de kilómetros en carro, pasar frontera y luego esos 20 retenes entre esta y Maracaibo. En cada paso se pierde tiempo y, a veces, otras cosas. La gente que tiene que hacer este recorrido tiene miedo de que lo que trae se vaya quedando en estos puestos de control.

Después de 8 h de viaje desde Santa Marta, llegamos justo a la hora en punto. Como si estuviéramos en Suiza. Este anfiteatro de la Universidad está lleno. Hubo que cambiar de lugar porque al sitio no le cabía la gente. Emociona llegar por fin aquí. Devolver a la gente el viaje que ella nos regaló con la confianza de su testimonio. Pienso en que en Colombia toda esta gente es inexistente. El entusiasmo de la dignidad y el dolor de hablar de las pérdidas. Ese será el camino de estos días. Cuánta fuerza y cuánto olvido.

Venezuela es el único país en que la población colombiana, que era campesina, ha podido seguir siéndolo en el exilio. Aquí la gente no habla de frontera sino de hermandad, o de franja, como un tercer país intermedio lleno de flechas que cruzan trayectos arriba y abajo. Como no pierden el humor, la frontera tiene otro nombre que, en lugar de ampliarla a la categoría de territorio, lo ningunean con gracia, como si fuera un dibujo en un papel: aquí la frontera se llama "La Raya". 

Voy a la raya. Vengo de la raya. Cuando se dieron las últimas elecciones, los colombianos de este lado venezolano no tenían donde ir a votar. Como las relaciones diplomáticas en los últimos 4 años estaban rotas, no había consulados donde ejercer su derecho. Por acá fueron saliendo buses para ir a votar, pero había que hacerlo en territorio colombiano. Ahí la raya dejó de serlo, y se convirtió en la frontera del miedo.

  • Caracas

En este auditorio de Bellas Artes va llegando la gente de a impulsos, hasta que somos un buen puñado de 130 personas. La mayor parte colombianos y colombianas, pero también de Venezuela hay interesados en el trabajo de la Comisión y del exilio porque piensan también en cómo esta experiencia les alimenta.

Valerio tiene muchos años a su espalda y al menos tanta resistencia en su ADN como su entusiasmo juvenil. Ha viajado 17 horas en bus para llegar a esta presentación del informe de la Comisión de la Verdad de Colombia, en Caracas. Bolívar es un estado donde se refugió una buena parte de la población colombiana por la guerra, y las cifras que han ido saliendo en algunas encuestas de Acnurfueron sacando a flote verdades sumergidas. Tiene una finca de una hectárea, como todos los campesinos de la zona. Ahí la tierra es muy buena. Es como si tuviera una hectárea por debajo y otra aún más, porque hasta tres cosechas da. Cuando le pregunto qué cultiva, me dice:

- Todo.

Mi curiosidad de campesino aficionado no acaba ahí, tampoco sus ganas de hablar.

- Si nos dan chance, en mi región podemos producir 20.000 kg de queso al mes.

Así nomás. Los campesinos saben de pesos porque los cargan tantas veces en la espalda. Después pasa a darnos información de contexto en una región donde, además de agricultura, se da el oro. Ahí, por ejemplo, cavaron un pozo de 5 metros donde había una buena veta para extraerlo. Lo cavaste y lo estabas trabajando, pero hasta ahí llegaste:

- Aquí el que manda es el más fuerte. O sea, el que más armas y capacidad de usarlas tiene.

Valerio es uno de esos campesinos que acompañó Alfredo Molano. Me lo imagino aquí entre nosotros. Imagino y aprendo.

  • Barinas

Aquí llegan más de 120 víctimas de la guerra, refugiadas en estas tierras bien adentro. Amalio salió hace 66 años de Colombia, durante la guerra anterior a esta última de la que tratamos de salir. La que se llamó “La Violencia” tras el asesinato de Gaitán en 1948. José perdió 8 familiares en esa violencia bipartidista que dejó 200.000 muertos. Los 8 los mataron a machete.

En Socopo, el acto de presentación del informe de la Comisión de la Verdad empieza con los dos himnos. Asombra ver como esta gente campesina canta a pleno pulmón, y se sabe la letra de una memoria que hace suya a los dos. Podría decirse que son la expresión de una binacionalidad, si eso no fuera superficial. En dos países tanto tiempo enfrentados, una forma de ser que tiene tanto que enseñar a la política. No hay protocolo sino sentir amor por los dos países.

Amalio llegó a Venezuela con 1 añito de vida. En 66 años todavía no tiene ni cédula colombiana ni venezolana. Es un sin papeles. Como en esa época no había partida de nacimiento sino de bautismo, hay que buscarla en la Iglesia donde lo bautizaron y luego hacer trámites para que su vida sea reconocida legalmente y pueda acceder a derechos. Difícil cuando para existir tendría que volver al país que lo expulsó y buscar en archivos el hilo de su vida. Simplemente legalmente no existe. Hijos e hijas que aquí pueden acceder a la educación no pueden, sin embargo, tener un título porque no tienen papeles, y no pudieron solucionar esos problemas en consulados porque se cerraron hace tiempo. Cuesta imaginar los problemas a que se enfrenta esta gente. Y la insensibilidad de gobiernos que condenan a la gente a tener que mal vivir aún más. El restablecimiento de relaciones diplomáticas tiene ese rostro de la gente del exilio y la colombianidad en Venezuela.

  • La colombianidad en Venezuela

Este viaje de la mano del Nodo de Venezuela que aglutina a diversas personas y organizaciones, con el instituto Capaz y del Foro Internacional de Víctimas, convocó a mucha gente humilde entusiasmada. Si los aplausos son una medida, el estruendo no deja escuchar otra cosa cuando decimos que la Comisión ha recomendado al Gobierno un cambio legal para que haya un reconocimiento del exilio.

  • En estas heridas del alma, lo más difícil para sanarlas es quedarse callado. Esto no tiene precio, tiene un valor inmenso.

Varias mujeres lideresas poderosas toman la palabra, y al final nos sacan a bailar. Nosotros sí que les aplaudimos. Toda esa historia de estos días viene en el viaje de vuelta como un eco. Como me dijeron las Comunidades de Población en Resistencia de Guatemala que vivían escondidas en la selva cuando salí de allá la primera vez en 1992: usted ya vio.

Para que los veamos, por eso lo cuento.

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