Aproximación al documento "Hay futuro si hay verdad" de la Comisión de la Verdad

Aproximación al documento "Hay futuro si hay verdad" de la Comisión de la Verdad
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A los 28 días de junio de 2022 en Bogotá, la Comisión de la Verdad de Colombia entregó el Informe Final. La lectura, escucha, observación y demás formas de comunicación, conocimiento y apropiación del trabajo de la Comisión de la Verdad no es una tarea de orden metafísico que se debe hacer por puro amor al conocimiento. ¡Es una responsabilidad histórica de las ciudadanías! La atención dada a los resultados presentados tendrá consecuencias importantes en la formación de una sociedad crítica y autocrítica con su pasado y presente, y con su proyecto de nación.

Aunque enfrentó tres elementos de contexto difíciles, su trabajo salió adelante.

No lo detuvo un Gobierno nacional empeñado en hacer trizas la paz ni el doloroso tiempo de la pandemia del covid. Y, sin duda, vivir la dignidad de la resistencia y la angustia avasallante del dolor causado por la represión del Paro nacional le recordó a este grupo de personas la dimensión política de sus responsabilidades. Porque la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, a diferencia de otros emprendimientos similares, no fue un mero enunciado de voluntades, buenas intenciones y altruismo.

Para el bien del quehacer del equipo humano liderado por el sacerdote jesuita Francisco De Roux , el pueblo de Colombia aprobó una suma de 400 mil millones de pesos, que fueron ejecutados de modo transparente en sus años de funcionamiento, como señaló la Corte Constitucional durante tres años efectivos: 28 de noviembre de 2018 a 27 de junio de 2022, según Sentencia C-337/21.

En consecuencia es bueno indicar que todo lo realizado por la Comisión de la Verdad pertenece al conjunto de la sociedad y tiene el carácter de un trabajo científico que debió realizarse con rigor, ética y responsabilidad. Por ello mismo no cabe ni convertirse en comité de aplausos ni en inquisidores, sino en comunidades de estudio con consciencia de la escala de la tarea a la que nos enfrentamos.

Entre los documentos presentados a la comunidad nacional e internacional están los "Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad: Hay futuro si hay verdad. Informe Final". El texto hace parte de uno de los proyectos de investigación más grandes e importantes que ha emprendido la nación en procura de entender su devenir.

Son 896 páginas, con 10 hojas de datos e índice, 45 de bibliografías y 8 en blanco. Es decir que si usted no desea ni quiere detenerse en el estudio detallado de las fuentes, lo que le queda es acometer la lectura de 833 páginas de cuerpo, incluyendo 1.283 notas de pie de página. Encontrará errores simples de diseño que al parecer no hubo tiempo de corregir: al menos 11 por causa de convertir un documento de procesador de textos a PDF y 7 notas al pie resaltadas en amarillo como si fuese una versión de borrador.

El documento tiene una introducción titulada "Hay futuro si hay verdad", una consigna que recoge muy bien los pedidos de los movimientos de víctimas y de defensa de los derechos humanos. Luego se divide en dos grandes partes: "Hallazgos" y "Recomendaciones".

La primera -Hallazgos- desarrolla doce partes así: lo referido a las heridas del conflicto en "Colombia herida" (1), los anhelos de una democracia sin violencia (2), las violaciones de los derechos humanos y el DIH (3), las insurgencias (4), el paramilitarismo (5), el narcotráfico (6), el modelo de seguridad (7), la impunidad (8), la paz territorial -otro anhelo- (9), la relación entre cultura y conflicto armado interno (10), el reconocimiento de responsabilidades (11) y la dimensión internacional de la construcción de la paz (12).

La segunda parte -Recomendaciones- tiene nueve secciones y es más breve. Arranca con la introducción (1) y pasa a las recomendaciones sobre reparación integral, memoria, rehabilitación y reconocimiento de la dignidad y de las víctimas y las responsabilidades (2). Luego apunta las recomendaciones sobre la democracia (3), el narcotráfico y la política de drogas (4), la superación de la impunidad en materia de violaciones de los DH y las infracciones al DIH, así como lo relacionado con la criminalidad organizada, la corrupción y el acceso a la justicia (5). Los últimos tres apartes tratan la paz territorial (7), la cultura de paz (8) y el legado de la Comisión de la Verdad (9).

Una visión general desde una lectura global y rápida permite reconocer que en sus tres años “efectivos” de trabajo, la Comisión de la Verdad de Colombia investigó desde la experiencia de las víctimas, tanto en lo que implicó la guerra en la vida cotidiana de las ciudadanías como dentro de la misma guerra. Narra lo referido a los procesos de reconstrucción, la construcción de la democracia desde la paz y la búsqueda de salidas a la guerra, como la constitución y los diálogos.

Inevitablemente hace una radiografía de las situaciones de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario, de ahí su abordaje del derecho a la vida y de crímenes como masacres, ejecuciones extrajudiciales, asesinatos selectivos, atentados, desaparición forzada, detenciones arbitrarias, secuestro, extorsión, pillaje, tortura, violencias sexuales, amenazas, reclutamiento de niños, niñas y adolescentes, trabajo forzoso, trabajo forzado, ataques indiscriminados, ataques a bienes protegidos, desplazamiento forzado, confinamiento, despojo de tierras y de bienes.

Contario a lo sostenido por sectores de extrema derecha negacionistas del conflicto armado interno, la Comisión de la Verdad sí investigó lo relacionado con las insurgencias. Sus contextos, transformaciones estratégicas y los procesos de intensificación de la violencia. Sus lógicas de financiamiento y de control territorial así como el “deterioro de las relaciones con la población civil” y las “infracciones graves al derecho internacional humanitario y responsabilidad de las insurgencias en la crisis humanitaria”. Hace un examen de los órdenes guerrilleros, los entramados de relaciones entre guerrilla, partidos políticos y movimientos sociales, las disputas por el poder político regional, la diplomacia y los apoyos de la insurgencia. Cierra con lo relacionado con lo sucedido después del Acuerdo con las Farc-Ep.

Contrario a algunos dogmatismos de las izquierdas, la Comisión de la Verdad sí investigó lo relacionado con el paramilitarismo, sus transformaciones y mantenimiento, la doctrina del enemigo interno, la injerencia internacional, las legalizaciones de la estrategia paramilitar, sus diferentes expresiones, su estrategia de terror, sus alianzas, su relación con la Fuerza Pública, la parapolítica, el paramilitarismo en las instituciones del Estado, sus entramados con los poderes económicos, su financiación, su negación, la impunidad, el silencio que al respecto buscan imponer algunos sectores y la persistencia del paramilitarismo hasta la actualidad.

Sin duda tanto en las nociones frente a la insurgencia como frente al paramilitarismo hay tesis que requerirán amplios debates sobre cuestiones tan delicadas como el derecho a la rebelión y los crímenes de Estado o de lesa humanidad.

La Comisión de la Verdad también presenta los resultados de su trabajo en lo relacionado con el narcotráfico, actor protagónico del conflicto armado, sus dinámicas económicas, su relación con la población y la ruralidad, con el poder político y el modelo de Estado. Su papel en la estrategia contrainsurgente, la violencia y la participación de las insurgencias. Expone la política antidrogas y la guerra contra las drogas sacudiendo la cuestión de la contaminación con glifosato, el impacto en el conflicto, los territorios, las víctimas y, por supuesto, su persistencia como fenómeno de implicaciones estructurales y estructurantes.

Un aspecto que ineludiblemente la Comisión de la Verdad debía investigar es lo atinente a la seguridad, y así lo hizo. Habla de los rasgos del actual modelo, contemplando la cuestión del enemigo interno, la doctrina de seguridad contra la población civil y los movimientos sociales, la militarización, los estados de excepción, la inteligencia, los fueros, la relación con los Estados Unidos y el paramilitarismo. Relacionando en uno y otro aparte la cuestión seguridad con la violación de los derechos humanos, así mismo, con el negacionismo del conflicto y el carácter restringido de la democracia colombiana.

La impunidad se presenta tanto desde la escasez de justicia como de la fragmentación del acceso a la justicia como mecanismos en contra de las víctimas y a favor de los victimarios, lo que deviene de la cooptación del sistema de justicia y sus modos de investigación bajo marcos de estados de excepción, sobre todo en lo que parapolítica, narcoparamilitarismo, acciones guerrilleras y extradición refiere. A su vez recoge asuntos que abren posibilidades como la información recogida en los tribunales de Justicia y Paz. Imprescindible lo relacionado con la violencia contra el poder judicial, el impacto de la impunidad en las víctimas y en sus derechos.

En cuanto a la construcción de la paz algo potente que la Comisión de la Verdad expone es la paz territorial desde la identificación de las desigualdades, las atrofias institucionales, las violencias, la contrainsurgencia, el impacto de la economía en el territorio y el papel del narcotráfico. Lógicamente estudió la contra reforma agraria violenta, la descentralización y las disputas por el poder local. Amarrado a lo anterior están los daños a nivel cultural causados por insurgencias, paramilitares y narcotraficantes.

Una cuestión de importancia mayor muchas veces ignorada es tratada por la Comisión de la Verdad, esta es la relación entre cultura y conflicto armado. Para ello viaja hasta lo colonial y las violencias estructurales, la construcción de la otredad, la existencia del racismo, el patriarcado, la exacerbación de la guerra y la desprotección de la niñez. En este plano aparecen nuevamente las cuestiones de la doctrina del enemigo interno con sus matrices de seguridad nacional fundada en la estigmatización y “exterminio” de la izquierda y cualquier matiz de pensamiento crítico y sus expresiones organizativas, concepción que llevó a las fuerzas armadas, policiales y de inteligencia a ver a manifestantes, demócratas y rebeldes como enemigos y no como ciudadanos opositores.

En la relación cultura y conflicto se incluye la destrucción cultural consecuencia del despojo del territorio, la impunidad, la ilegalidad y la instalación de una desconfianza pandémica en la sociedad colombiana, incluidos los dispositivos y discursos que reproducen el conflicto armado.

La Comisión de la Verdad expone que las responsabilidades y su reconocimiento se han dado en escenarios de diálogo, sin que ello haya evitado la complejidad de la apuesta y las posibilidades de su alcance, aunque si destaca el aporte a la verdad so pena y gracias a las emocionalidades que se viven desde el diálogo, la escucha, los aprendizajes y lecciones de los esfuerzos por construir humanidad. Tarea tan necesaria como inmensa que requiere el concurso nacional e internacional, si en serio se pretende construir la paz, según dice la Comisión al cierre de los Hallazgos.

La segunda parte contiene las Recomendaciones, las que se presentan como base para la construcción de la paz como proyecto nacional atravesado por la implementación integral del Acuerdo Final, la creación del Ministerio para la Paz y la Reconciliación, el fortalecimiento de la cooperación internacional en distintas materias, la consumación de medidas humanitarias y la interiorización cultural del diálogo por encima de la violencia. Dos sectores se destacan como sujetos a los que es necesario reintegrar con garantías y restablecer sus derechos: niñez y excombatientes.

El primer bloque de recomendaciones tiene que ver con la garantía de la “reparación integral, la construcción de memoria, la rehabilitación y el reconocimiento de la dignidad de las víctimas y de responsabilidades”, que contempla el trabajo por la salud integral, la atención psicosocial, la memoria y la búsqueda de personas desaparecidas.

El segundo grupo de recomendaciones se relaciona con la pretensión de consolidar la democracia -incluyente, amplia, deliberativa-, en tal búsqueda se propone un pacto político nacional de rechazo a la violencia y de compromiso con la exclusión de las armas de la política, una reforma política al régimen político y electoral, el fortalecimiento de la participación ciudadana, la garantía del derecho a la protesta social y la movilización, el ejercicio político sin violencia y la inclusión de “grupos históricamente excluidos”.

En su tercer aparte de recomendaciones, la Comisión de la Verdad plantea el paso hacia la regulación legal estricta del narcotráfico y el desarrollo de una política para el manejo del tema de las drogas de carácter internacional soportado en la cooperación.

En cuarto lugar aparece la impunidad como problema a enfrentar, para lo que se demanda independencia y transparencia en términos de justicia e investigación. Se explicita la necesidad de investigación de la criminalidad organizada y sus redes de apoyo y se reclama acceso a la justicia local y el reconocimiento de la violencia sufrida por funcionarios y funcionaras del sistema judicial.

En quinto lugar la Comisión de la Verdad recomienda construir una nueva visión de la seguridad y exhorta a actuar en lo relativo a archivos de inteligencia, seguridad privada, control de armas, ruralidad, fronteras y cooperación militar.

La paz aparece en el sexto aparte de la sección de Recomendaciones. No es la paz en genérico, sino con el apellido de "paz territorial". Esta incluye adelantar una estrategia de “desarrollo territorial sostenible para la equidad y la paz territorial”, a partir de procesos de descentralización, autonomía territorial y organización político-administrativa, acceso “equitativo, democrático y ambientalmente sostenible a la tierra y los territorios; el uso “sostenible de tierras y territorios, y prevención y gestión de conflictos socioambientales”. Igualmente se recomienda poner en el centro lo territorial para las cuestiones de los bienes y servicios públicos, particularmente en lo rural; además, de ampliar los esfuerzos para prevenir y revertir el despojo de tierras y territorios.

Por último, la concreción de una “cultura para vivir en paz” pasa a juicio de la Comisión de la Verdad por el ejercicio de una educación que forme sujetos que vivan en paz y una estrategia de cultura para la paz que cuente indeclinablemente con el compromiso de los medios de comunicación y las comunidades de fe.

La tarea apenas comienza. A las personas que trabajaron entre noviembre de 2018 y junio de 2022 lo construido les tomó 45 meses, contando el próximo agosto. A la sociedad de Colombia, al exilio y a los millones de migrantes les tomará muchos años.

Sobre los realizado por la Comisión de la Verdad, son injustas las generalizaciones que descalifican todo el conocimiento construido, muchas veces sin siquiera estudiar en lo mínimo los productos. Tampoco será constructivo y significativo una lectura romántica e ilusa del Informe Final y demás entregas.

Durante las décadas de la guerra que aún no termina hemos ocupado diferentes lugares y asumido cada uno su papel. Serán la reflexión crítica y autocrítica y el estudio colectivo una parte de las herramientas necesarias para conocer comprender nuestra historia sin abrirle lugares de privilegio al olvido, a la impunidad y a la reconciliación sin garantía de los derechos de las víctimas.

Para el quehacer es bueno recordar dos cuestiones que orienten el camino. Uno, que la fraseología políticamente correcta en nada ayuda a entender la construcción de la Colombia por recordar y por edificar. Dos, que aunque haya muchos abrazos con los genocidas no vamos a aceptar que se olviden sus crímenes ni los derechos a la verdad, justicia, reparación integral y garantías de no repetición que por décadas hemos exigido.

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