Cali, entre Encanto y Colombian Psycho

Cali, entre Encanto y Colombian Psycho
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José German Zarama

Cae la tarde de este domingo y me saco un tiempo para salir de mi burbuja de descanso de la rutina semanal. Dejo a un lado el rimero acumulado de libros, periódicos y revistas, que me han sintonizado desde una panorámica perspectiva con el universo. También abandono, para completar mi retorno a las realidades más familiares, la adictiva historia de Netflix de Saul Goodman, el abogado torcido de Albuquerque, en la frontera con México. Todavía falta ajustar el foco, pero me voy acercando a la realidad colombiana, tan conectada a la problemática gringa de drogas y criminalidad.

Me anima, en este modo de "fin de domingo", la necesidad de prepararme para afrontar la semana laboral. Ya el 2022 está a todo motor. Es el momento de enfocar aún más el lente a mi mundo personal. Qué acontecimientos, pensamientos y notas de toda índole se han comunicado desde la familia y los grupos de interés de WhatsApp a los cuales estoy vinculado.

En mi monitoreo de uno de estos grupos "guasapianos" encuentro un video grabado por el coronel (RVA) Carlos Soler, secretario de Seguridad y Justicia de Cali. Se trata de una respuesta inmediata del funcionario al artículo de la revista Semana, "La sucursal de la muerte", una grave denuncia periodística a la situación de criminalidad que vive Cali.

Pero mi mente no puede alejarse del todo de la burbuja de lecturas que pretendo dejar atrás. Algo en el fenotipo del coronel, sus excesivas buenas maneras y su compromiso con la institucionalidad colombiana me recuerdan un libro que acabé de leer ayer. No puedo evitarlo. Soler me trae a la mente al fiscal Jutsiñamuy de la novela de Santiago Gamboa, "Colombian Psycho".

"Colombian Psycho" es una novela negra, injustamente etiquetada como tal pues sus méritos literarios trascienden este género. Esta obra es también un excelente thriller, cargado de fino humor, de análisis sociológicos y de reflexiones filosóficas. En un sorprendente acto creativo, Gamboa, el escritor, se introduce como personaje de la novela. Y lo hace en un ejercicio honesto, que podría resultar hasta impúdico para algunos lectores, de desnudar su ser. El personaje Gamboa no duda, por ejemplo, en presentar su sexualidad más cruda y hasta sus más recónditas pesadillas, como la de morir torturado y descuartizado, episodio fáctico de la novela que narra con aterradores detalles.

Gamboa, dicho sea de paso en esta asociación de coincidencias, radicado en Cali, hace una incursión por los acontecimientos más oscuros de la historia violenta de Colombia. Tan oscura y violenta como la radiografía de Cali en 2021, que registra Semana. Es de anotar que tanto en la realidad como en la ficción novelística, la criminalidad colombiana está untada de intereses políticos, de delincuentes transnacionales y oscuras necesidades de venganza. Pobre coronel Soler.

Me queda un sabor agridulce, como el de un cóctel quinquecento, de la mezcla entre el artículo de Semana, de "Colombian Psycho" y las declaraciones del coronel Soler. Siento una sensación similar a la que experimenté hace un par de años con "1793", el escatológico y magistral thriller de Niklas Natt Och Dag. Necesito beber algo similar al agua pura para equilibrar mis sentimientos.

Viene a mi mente entonces "Encanto", la película sobre esa otra Colombia, tan maravillosa como llena de virtudes, extraídas de la realidad de nuestro pueblo. Sí, "Colombian Psycho" retrata la macabra realidad, esa misma realidad que reseña el artículo "La sucursal de la muerte". Pero "Encanto" y el video del coronel Soler describen una realidad que también existe en Cali: la llamada "Sucursal del Cielo". Es la Cali campeona del emprenderismo y la resiliencia, del pueblo honesto, alegre y trabajador que en ella vive.

Colombia, y en este caso Cali, es el espacio temporal de dos universos paralelos en los que conviven la maldad y la criminalidad con la bondad y el talento de "Encanto" y "Delirio".

Fuerza Cali. Carpe Diem.

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*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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