Crisis humanitaria, inseguridad, asesinatos y masacres: el pan de cada día

Crisis humanitaria, inseguridad, asesinatos y masacres: el pan de cada día

La crisis humanitaria en Colombia está cimentada en razones estructurales y arcaicas del Estado. Es una crisis congénita al establecimiento que por centurias no ha resuelto las enormes necesidades del pueblo, porque las del poder siempre han estado resueltas en sus privilegios.

La segunda causa es que la pandemia que visibilizó, con fuerza de gigantes, la debacle social de la mayoría de la nación colombiana, cuando el mismo Dane advirtió hace ya varios meses que en Colombia hay 21 millones de personas que ganan una mensualidad de 331.688 pesos y que viven en la pobreza.

7.740.000 mil compatriotas reciben un salario mínimo mensual de menos de 145 mil pesos. Con estas dos cifras de miseria apenas se sobrevive en una realidad de necesidades.

Según el propio Dane, viven en “pobreza extrema”. Como quien dice, la mitad de la población está en la pobreza o aguantando hambre. La corrupción espantosa que inicia con algunos funcionarios municipales hasta la cumbres del poder que roban los recursos públicos.

Esto nos ubica como un país de desigualdades integrales profundas. El otro cáncer terminal es la muerte sistemática: la inseguridad, asesinatos y masacres contra quienes construyen patria, paz y un nuevo país equitativo.

El empobrecimiento acelerado crea desigualdades enormes, intolerancia de vivir en la miseria. Ver a los seres queridos en la indigencia urbana provoca violencia para sobrevivir, en un país donde conseguir un arma resulta más fácil que emplearse. Mientras los dueños del país gozan de sus consabidos privilegios.

Son desastrosas las cifras en términos de criminalidad, veamos algunos datos parciales del Instituto de Estudio para el Desarrollo de la Paz (Indepaz). Desde la firma del Acuerdo de Paz, el 24 de noviembre de 2016, han ocurrido 164 masacres, con la escalofriante cifra de 1.334 asesinatos de líderes, lideresas, defensores de los derechos humanos y ambientalistas. Relacionando los dos últimos años, nos encontramos con que en 2020 hubo 91 masacres con 381 víctimas, y en 2021, hasta el 24 de agosto han ocurrido 67 masacres con 243 víctimas mortales.

Estos datos no incluyen a los 284 firmantes de paz asesinados este año, para un gran total a la fecha del corte de 1.618 personas asesinadas (entre hombres y mujeres).

Sumamos a la fecha del 23 de agosto, 284 exguerrilleros hombres y mujeres asesinados desde la firma del Acuerdo de Paz, sin contar familiares de reincorporados asesinados, amenazados y desplazados. 109 líderes asesinados en este año y más de 67 masacres.

Es evidente que estamos ante el fracaso total del Estado en su obligación de garantizar la vida de los colombianos y colombianas. Las políticas equivocadas de un gobierno fallido, que legisla y gobierna para las élites en el poder (criollas y extranjeras).

Mientras la inseguridad nos golpea en todo el territorio nacional, la institucionalidad se prepara para las elecciones en el 2022. Recrudecerá la violencia, sobre todo para los partidos alternativos en las regiones.

Hace rato nos enseñamos a la muerte. Aún estando inmersos en un Proceso de Paz. La violencia persiste como una garrapata aferrada a la realidad, que nos anestesia inmisericordemente. Ya no nos conmovemos con nada. Hemos perdido la sensibilidad y el humanismo, a menos que el hecho nos toque a los amigos cercanos y a la familia.

Una noticia grave contra la vida humana irrita a las multitudes mientras una nueva aparece, y vivimos a diario en estos ciclos del termómetro del horror. El miedo desató la indiferencia.

Esta es una degradación humana, con enormes consecuencias humanitarias. Como si Colombia estuviera destinada siempre a vivir en la guerra. Primero amenazaban para robar; ahora matan para robar. Y esto hablando de lo cotidiano en las grandes ciudades, porque así suene macabro decirlo, quien mata y roba, o roba y mata, también lo hace para sobrevivir, muchas veces con la complicidad de la Fuerza Pública, porque en la mayoría de veces, son mezquinamente mal remunerados. Esto es una debacle social que se eleva exponencialmente.

Nosotros no firmamos un Acuerdo de Paz para ser amenazados, asesinados y hasta desplazados forzadamente de nuestros territorios que en común con el Estado acordamos para transitar por nuestra reincorporación integral a la sociedad.

Nosotros firmamos el Acuerdo de Paz para terminar con una guerra de más de 53 años que causó un inmenso dolor a más de siete millones de víctimas.

Firmamos el Acuerdo de Paz para regresar a la civilidad donde partimos por circunstancias ajenas a nuestra voluntad.

Firmamos la paz para sacar las armas de la política, para hacer política abierta, legal, sin armas, aceptando y respetando la Constitución política y las leyes.

Y finalmente para iniciar la construcción de la paz, la reconciliación, la reparación de las víctimas, la no repetición, aceptando nuestras responsabilidades, aportando verdad plena y cumplirle a la sociedad lo acordado, pero no para que se nos asesine y se nos estigmatice.

La inseguridad física es alta en todas partes y no es asunto de más Fuerza Pública, ni de equipos militares de alta tecnología, y menos para darle a un General de Policía un pedazo de ciudad para el control de la delincuencia.

La solución es estructural, de profundas reformas económicas, políticas, sociales, culturales, educación de calidad, democracia participativa; no hay otra salida.

Intentarlo de otra manera es “arar en el mar”. Estas causas objetivas y que se han mantenido por siempre, su efecto es violencia, criminalidad, bandas armadas; insurgencia, sicariato y con todas estas realidades, es bien complejo que el Acuerdo de Paz avance, sobre todo porque tenemos un Gobierno que ha hecho todo su esfuerzo para hacerlo trizas, desfinanciándolo, simulando su eficaz y real implementación.

El Acuerdo de Paz ha resistido a todos estos ataques desde el poder por los consabidos enemigos de la verdad plena. El Acuerdo de Paz es la esperanza viva de Colombia para salir del atolladero social. Ahí están estipuladas todas las recomendaciones y herramientas para salir de la crisis humanitaria que nos está llevando al cadalso, en contra de la voluntad de las mayorías que se han expresado en el estallido social desde el 28 de abril. 

Temas destacados

Este espacio es posible gracias a

Paz

*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

Compartir
0
Preloader
  • Amigo
  • Lector
  • Usuario

Cargando...

Preloader
  • Los periodistas están prendiendo sus computadores
  • Micrófonos encendidos
  • Estamos cargando últimas noticias