¿Cuantas almas Campesinas?

¿Cuantas almas Campesinas?

Hoy 12 de octubre día de celebración del encuentro de mundos o de la devastación de los mismos; la figura del campesino ribereño magdalenense sintetiza varias de las paradojas de nuestros relatos nacionales. La película Tantas Almas nos ayuda a pensar varios elementos a propósito de lo que un sector como el campesinado espera del informe final de la Comisión de la Verdad.

La película de Nicolás Rincón “Tantas Almas” es uno de esos accidentes cinematográficos donde confluyen una gran cantidad de elementos aleatorios que seguramente producen múltiples efectos en el espectador. Todos menos uno: indiferencia.

En este 12 de octubre la figura del campesino del Sur de Bolívar sintetiza varias de las paradojas de nuestros relatos nacionales. Las de ayer atados a uno de los últimos frentes de colonización y al conflicto armado, pero también las de hoy, si tenemos en cuenta que recientemente la Corte Constitucional decidió prorrogar por 7 meses el tiempo de trabajo de la Comisión de la Verdad. En un contexto como el anterior, la película de Nicolás nos ayuda a pensar varios elementos a propósito de lo que un sector como el campesinado, espera del informe de la CEV. Igualmente, esta película nos ayuda a robustecer la mirada analítica para tener mejores herramientas que nos permitan re-comprender esta nueva etapa de nuestro conflicto armado, la cual parece cernirse vorazmente sobre diversas áreas de nuestra geografía común.

No haré un comentario cinematográfico de la película en cuestión, ni mucho menos objetivo. De entrada, parto de reconocer que tuve la oportunidad de compartir múltiples experiencias con Manuel Ruíz y Héctor Ulloque productores y, en gran medida, responsables de los entretelones del proceso de producción de la película. Igualmente, vale la pena mencionar que advertí en la factura de este trabajo la mano de diversos investigadores de la Universidad Nacional que como estudiantes recorrieron la región, buscando comprender ese conjunto de lugares donde el caribe se encuentra con el interior y se es “costeño” a 250 kilómetros del mar.

El Sur de Bolívar: sus dualismos campesinos y la Virgen de la Original.

El municipio de Simití, donde se filmo “Tantas Almas”, se encuentra en la margen izquierda del rio Magdalena, y se extiende por las estimaciones de la Serranía de San Lucas. “Esta ubicación determina dos tipos de condiciones morfológicas para la zona, una montañosa conformada por las faldas de la Serranía y otra en las partes bajas que incluye distintos complejos de ciénagas. Es una zona limítrofe ambigua entre el magdalena medio y la depresión momposina”, escribiría Jeannette Castro en su esplendida monografía: “Pescar, creer y vivir aquí. Etnografía de los pescadores en Simití Bolívar”.

En concordancia con su geografía intersecta, y de acuerdo con una particular monografía de Ernesto Montenegro donde se mezclan arqueología y etnografía, el Sur de Bolívar vive en medio de diversos ordenes de oposiciones complementarias; la principal -quizás- es entre poblaciones de colonos-cachacos en la parte alta de la Serranía y costeños-pescadores en las partes bajas a lo largo del rio magdalena y sus ciénagas.

Así las cosas, entre vallenatos y rancheras, mineros y pescadores, montañas y ciénagas, paramilitares y guerrilla; Simití, es uno de esos pueblos de nuestro caribe continental donde -de acuerdo con Castro: “[…] en verano, el viento no sopla, y no es raro encontrar a media noche la gente durmiendo sobre las calles del pueblo”.

Como sucede normalmente con los dualismos, y como también muestra acertadamente la película de Nicolás, las desgarraduras entre el pasado imaginado y el presente vivido, suelen suturarse en el plano de lo simbólico. Justo ese es el papel -que en la región- ha jugado su sincretismo religioso de configuración triétnica (indígena, blanco y negro).

La historia de la Virgen de la Original, contada profusamente en el trabajo de Jeannette Castro, es una de las mejores síntesis de este fenómeno. La Virgen de la Original desde el siglo 17 es la patrona de la región y comparte una misma representación iconográfica (la Virgen sin Niño) con la inmaculada concepción y la Virgen de Guadalupe en México.

Igualmente, y de manera sorprendente, como si la historia realmente avanzara en espirales de repeticiones, la Virgen de la Original también permite conectar a los misioneros jesuitas que presumiblemente en 1767 dejaron a su salida el lienzo de la inmaculada concepción, que posteriormente fue renombrado como “Virgen de la Original”, con los contemporáneos jesuitas que han vuelto repetidamente a la región de la mano del padre Francisco de Roux, actual presidente del Comisión de la Verdad y fundador del influyente Programa de Desarrollo y paz del Magdalena medio.

La Virgen de la Original es una imagen que apareció en una casa de campesinos-colonos en la Serranía de San Lucas. Sin embargo, posteriormente, fue fijada y apropiada por los campesinos-pescadores del área urbana de Simití. Pero como la imagen traviesa y viviente, se escapaba de cuando en cuando para volver a visitar la Serranía, la única forma de conectar el dualismo tanto físico como simbólico, fue abrirle una ventanita a la Virgen de la Original en su recamara de la iglesia para que estando en las tierras ribereñas siempre pudiera estar mirando hacia la montaña.

Campesinos anfibios y el ensañamiento de la violencia

Otro tema de particular vigencia es la figura de “José” el protagonista de “Tantas Almas”. A lo largo de la película José se mueve entre el agua tanto o mas tiempo que en la tierra. Bucea, nada y se desplaza contra-corriente con sorprendente facilidad; su cuerpo parece tallado por las mismas corrientes de las que parece afanarse por retornar.

Indudablemente que el personaje de la película parece salido de las descripciones de las culturas anfibias planeadas por Orlando Fals Borda. La cultura de resistencia y resiliencia que Fals describe en el tomo III de La historia doble de la Costa se inspira en estos paisajes acuáticos. De acuerdo con Douglas Mc Rae, quien retoma los planteamientos de Fals Borda desde una perspectiva de ecología política, para las culturas anfibias la pesca y la circulación acuatica ocupan un lugar fundamental, así como las variaciones estacionales en los niveles de agua y de lluvias. “Los lugareños viajan por canoa y lanchas de motor [«Johnson’s»] o a pie por los diversos paisajes acuáticos, adyacentes a los asentamientos con historias que se remontan al tiempo del Zenú”.

En palabras de Fals, los asentamientos sobre el río San Jorge y cerca de él, así como Mompox, que perfectamente podrían referirse al caso de Simití: “[…] son viviendas dispersas en forma lineal en barrancos a lo largo de corrientes de agua, en caseríos y en pueblos de mayor tamaño igualmente aferrados al agua, donde se desarrolla la vida afectiva, cultural, productiva y reproductiva del hombre riberano”. Por lo tanto, no me cabe duda, José el personaje de “Tantas almas”, es un hombre-icotea.

El campesinado -en términos estadísticos- y en el contexto del conflicto armado colombiano es de lejos la población que ha sufrido con mayor virulencia la violencia y los fenómenos de desplazamiento forzado. En un trabajo con el cual aspiramos a fortalecer algunas de las reflexiones de la Comisión del Verdad, realizado entre el Instituto de Estudios Interculturales y DeJusticia con la participación de organizaciones campesinas como la ANUC, el Coordinador Nacional Agrario - CNA, ANZORC y FENSUAGRO entre otras, resaltamos de manera regional y multitemporal, lo que la película de Nicolás evidencia: la magnitud y el sufrimiento silencioso del campesinado en medio de nuestras guerras internas.

El campesinado anfibio del Sur de Bolívar sufrió el terror que se desencadeno por el control del corredor norte de nuestra guerra hacia finales de los noventa y toda la década del 2000. Fue una guerra sucia, de última generación, que no se encarnizo en batallas épicas de corte clausewiano entre los guerreros en armas, sino que dirigió sus energías en contra de la población civil, el control biopolítico del territorio; así como en las vías de circulación de las economías ilícitas. Se trato de algo parecido a lo que hoy vemos horrorizados en Afganistán, Siria o el cuerno de África. Este corredor norte de guerra planteo tecnologías de guerrilla y contraguerrilla que comenzaron a gestarse en el laboratorio paramilitar en el que se convirtió el Urabá y se extendió incendiando todo a su paso hasta la frontera con Venezuela en el Catatumbo.

En dicho camino, hacia el 2002, el horror llego al Sur de Bolívar, tal y como muestra la escena del comandante paramilitar de la película en cuestión; quien se mueve liminalmente entre el apoyo abierto a los políticos locales, el terror paramilitar y la hipnosis global inducida a través del Tour de Francia. Por esa misma época, Carlos Castaño juraría retomar “la teta” de la Serranía de San Lucas y “liberarla” del dominio insurgente.

Dicha promesa mostro dos cosas al mismo tiempo: de un lado, la inocencia de las técnicas de combate guerrillero que en aquellos días pensaron defender una guerra de prevalencia aérea, control de micro-posiciones y sofocamiento territorial, amparados en factores ideológicos heredados del foquismo guerrillero de los 70s. Mientras que, del otro lado, evidencio hasta que punto las elites y el alto mando militar estaría dispuestos apoyar el horror de técnicas paramilitares de contrainsurgencia; las cuales no solo aspiraban a desaparecer al enemigo sino a torturarlo a él y a sus comunidades para que el miedo se encargara de aleccionar y gobernar, funcionando como una App de la política.

Muchos trabajos sobre la ideología militar, como el de Elsa Blair en el Ejercito o el de Fusiles de Madera, realizado por quien escribe junto a Carlos Cárdenas, mostraron que la desestructuración física y social que la guerra produce en los combatientes tanto a la izquierda como a la derecha del espectro político solo puede ser tolerado por medio de obliteraciones simbólicas. Los soldados cruzados no solo estaban entre los paramilitares, sino que la evidencia empírica muestra idénticos rituales en las filas guerrilleras. Tanto Dios como el Diablo son fetichizados, tocando con sus extensiones incorpóreas las oraciones, encantamientos y rituales que permiten tolerar el miedo al combate o el tabú culturalmente fijado de infundir sufrimiento en el “otro”.

En este sentido, la película de Tantas Almas es magistral, al elegir la sutura ideológica y los múltiples atajos simbólicos, por encima de la salida argumental prototípica de las historias de guerra o, aquellas, que a veces resultan de los bien intencionados melodramas documentales. La película de Nicolás, al estilo del Corazón de las Tinieblas o Apocalipsis Now, se esfuerza por llevar al extremo de la debilidad tanto al protagonista como al espectador, sugiriendo al final un rencuentro tan fragmentado como el brazo que José rencuentra, producto de un azar musical. ¿Quien podría asegurar que se trato de un azar?

El mensaje de la CEV, lo simbólico como sutura.

Este 12 de octubre, interpretado como destrucción, encuentro o síntesis me parece una fecha pertinente para ilusionarse con que la tragedia del campesinado colombiano aparezca en igualdad de condiciones a la de sus hermanos afrocolombianos e indígenas en el informe final de la CEV. De hecho, el mismo DANE ya acepta la realidad social, conceptual y jurídica del campesinado en sus propios lineamientos de política diferencial e interseccional. Seria un descalabro que la CEV fuera más conservadora que la mismísima autoridad estadística nacional.

Se esperaría que sean los comisionados étnicos en la Comisión de la Verdad, tanto indígenas como afrocolombianos, quienes velen por la existencia de un Capitulo Campesino en el informe final de la CEV. Lo contrario, seria minar la vigencia de la lucha contra la desigualdad social como paradigmas fundantes de nuestros derechos diferenciales. ¿Cómo demandar respeto a la diferencia sí aquellos que más la deben defender no están dispuestos a promulgar dicho ideal cuando los intereses no son los suyos?

Igualmente, resultaría por lo menos paradójico de una Comisión que reúne las más altas calidades académicas, que a estas alturas, se piense que cuando hablamos de sujetos étnicos y de sujetos que se auto-identifican como campesinos nos estamos refiriendo a las mismas poblaciones. Efectivamente el dolor de la guerra une y hermana, pero no arrasa con la cultura.

En esa misma dirección no es al azar que uno de esos campesinos-icoteas del rio San Jorge como Arnobis Zapata, presidente de la Asociación nacional de Zonas de Reserva Campesina, ANZORC, proceso que recoge un centenar de organizaciones campesinas del país, sufrió un intento de agresión. Los hechos como son de dominio público tuvieron lugar el pasado miércoles seis de octubre, cuando un numero indeterminado de hombres encapuchados, ingresó a su residencia en la ciudad de Montería, agrediendo a su hijo menor, quien fue golpeado con la cacha de un arma de fuego, cuando era interrogado por el paradero del líder social. En medio de esta situación Arnobis se plantea como segur exponiendo a su familia a una situación frente a la cual el Estado no parece reaccionar.

Como nos muestra la película Tantas Almas, el poder creador de lo simbólico parece estar más allá de la violencia y la mezquindad de la guerra. Estoy seguro que el poder restaurador del informe de la CEV estará por encima de los faccionalismos socio-políticos. Igualmente, creo que la aparición del Capitulo Campesino en el informe de la CEV será el mejor homenaje al profesor Alfredo Molano; quien como todos saben afinco allí su trabajo; así como el asentamiento de unas bases confiables para que las narrativas de la paz no se nos agoten en el proceso de su implementación. 

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