Cuatro caminos para promover la integración de migrantes

Cuatro caminos para promover la integración de migrantes

En las últimas semanas el tema migratorio vuelve a estar en la agenda nacional con tres situaciones que hacen evidente que este tema será transversal en las próximas décadas para nuestro país, y no un episodio temporal como algunos interpretan.

La llegada de refugiados de Afganistán, los migrantes principalmente haitianos y africanos que se encuentran en tránsito para llegar a Norteamérica y, por supuesto, la diáspora venezolana hacen ineludible una profunda reflexión, en todos los sectores, sobre cómo aprovechar este fenómeno.

Colombia, en su historia reciente, ha sido un país de origen de migrantes, muy poco de destino, pero en los últimos cinco años (solo para hablar del caso con mayor impacto) ha recibido 1,7 millones de ciudadanos venezolanos con vocación de permanencia, según cifras de Migración Colombia (números que próximamente se actualizarán con los resultados de la etapa de registro del Estatuto de Protección Temporal para población Migrante Venezolana (Eptv)).

Esta cifra no debe hacernos olvidar a los colombianos que vivían establemente en Venezuela y que han retornado, cuya cifra, según cálculos informales de algunas autoridades, puede superar las 600 mil personas.

La inmigración es un desafío nuevo y de dimensiones históricas para Colombia y, de tal forma, debe asumirse desde todos sus sectores; el Estado colombiano ha respondido adecuadamente a este reto, inclusive superando los obstáculos que trae cualquier cambio de gobierno y la pandemia. Esto ha permitido que Colombia sea hoy un referente en el mundo en la respuesta a la crisis migratoria. Aun así, los cambios en política pública son solo un paso para aprovechar esta oportunidad de desarrollo a mediano y largo plazo.

Durante más de cinco años Colombia ha venido recorriendo la etapa de acoger a los migrantes, con la que se busca garantizar el ejercicio de sus derechos y sus necesidades básicas, con todas las dificultades que trae el enorme volumen de familias que han llegado, y con un gran apoyo de autoridades locales, cooperación internacional y organizaciones sociales.

Aun así, el momento de consolidar los esfuerzos por integrar a las familias migrantes ya llegó, es decir, la eliminación de barreras para acceder a una vida social y económica en equidad, siguiendo el mandato constitucional, y así empezar a cosechar las ventajas de la migración. Pasar de acoger a integrar implica un cambio de perspectiva en las políticas y las acciones para afrontar este fenómeno, y no es sencillo asumir estos ajustes.

El mayor riesgo que tiene la integración es que la sociedad no logre entender el proceso que está viviendo el país o, peor aún, que se consolide un rechazo hacia él. De esta forma, la comunicación toma papel protagónico para alcanzar este objetivo. Después de analizar experiencias internacionales, varios estudios académicos y trabajo con comunidades, se pueden plantear cuatro caminos como derrotero para las acciones de comunicación que realicen para integrar a estas familias y contener manifestaciones discriminatorias.

1. Campañas de comunicación que incluyan a comunidades de acogida

Al hablar de migración es casi instintivo que el foco de la conversación sea el migrante. Colombia no ha sido ajena a esta tendencia y la manera en que se ha contado el fenómeno migratorio ha sido principalmente desde la vulnerabilidad de los millones de personas que han cruzado la frontera y buscando una respuesta solidaria desde la sociedad colombiana.

El problema es que este discurso se agota, y mucho más rápido después de la pandemia. Millones de habitantes del país regresaron a una situación de vulnerabilidad o la profundizaron, por lo que es más fácil percibir un ambiente de competencia por recursos y ayudas, escenario donde un “otro” que llega a esa dinámica es fácilmente visto con rechazo. Este fenómeno sustenta los temores cotidianos sobre los migrantes alrededor de los temas de empleo y seguridad, que son las preocupaciones más repetidas según varios estudios -“como son pobres… se regalan y me quitan trabajo, se van a dedicar a delinquir”-. Eso solo logra profundizar la relación migración – aporofobia que se ve frecuentemente en varios lugares del mundo.

En este sentido, hablar sobre las bondades de la migración o sobre las cualidades de las familias migrantes cae sobre suelo árido, por lo que es indispensable darle un giro a la narrativa y enfocarse en validadores que rompan esos prejuicios: las comunidades de acogida. Es el momento de resaltar el trabajo de todos aquellos que superando obstáculos decidieron acoger y con ellos construir escenarios de integración, social o económica.

Hay que recordar que el objetivo es evitar que la sociedad colombiana normalice los prejuicios y las actitudes discriminatorias. Por eso es necesario que sean los colombianos los que hablen de los colombianos, y sean quienes presenten a las familias migrantes como parte del desarrollo de nuestras comunidades.

2. Espacios permanentes y visibles para el encuentro

Los estudios de percepción que ha realizado el Proyecto Migración Venezuela han mostrado claramente que la percepción negativa hacia los migrantes se reduce en varios puntos porcentuales entre las personas que han podido interactuar con las familias migrantes. Estos resultados se relacionan con la lógica cotidiana que nos lleva a inferir que la posibilidad de conocer al “otro” nos permite derribar prejuicios y prevenciones.

En este sentido, es importante que la institucionalidad gubernamental, las autoridades locales, cooperación internacional y/o sociedad civil den prioridad a protocolos y modelos que busquen el encuentro de familias migrantes y comunidades de acogida y promuevan explícitamente el trabajo en conjunto dentro de todos sus programas, y acciones de intervención focalizadas.

Adicionalmente, esto reduce el riesgo de que se perciba que las intervenciones de apoyo benefician solo a las familias migrantes. Debe ser claro y evidente que cualquier apoyo a comunidades involucra a todos los que participan en el proceso de integración, no solo a quienes llegan.

3. Apelar a experiencias compartidas para reducir discriminación

La migración implica un cambio en el statu quo de familias migrantes y comunidades de acogida, y de entrada implica un malestar entre quienes hacen parte del proceso, siendo origen de desconfianza, prejuicios y prevenciones. Cuando las diferencias se posicionan como referentes para la interacción social (para el caso de la migración desde Venezuela, el acento, algunos rituales cotidianos, experiencias previas, entre otros) es indispensable promover los temas y prácticas que se comparten. Que existan tantos patrones culturales que se comparten entre colombianos y venezolanos hace que, en teoría, este punto sea mucho más sencillo que en fenómenos de otras partes del mundo.

En un trabajo realizado por el Banco Mundial y una agencia de comunicaciones, apoyado por el Gobierno nacional, se identificó que una herramienta útil para los casos de discriminación que se pueden presentar en el marco de esta crisis migratoria es apelar a las experiencias de discriminación que los colombianos hemos vivido en diferentes escenarios, muchos de ellos emigratorios.

Recordar que “nosotros” (desde experiencias personales y a través de terceros cercanos, como familiares o amigos) también hemos pasado por la dificultad de cambiar nuestra cotidianidad y encontrarnos en escenarios desconocidos con el desafío de construir el futuro de nuestras familias, con personas que tienen prevenciones sobre nuestra presencia en ese nuevo espacio, logra hacer caer los escudos que complican la construcción de dinámicas compartidas.

Así, frente a manifestaciones que apelen a la discriminación, más que responder con datos sobre las ventajas de la migración, apelar a una vocación ciudadana o denunciar posibles actitudes xenófobas, la recomendación es impulsar escenarios donde se compartan experiencias comunes: “Yo también lo viví”.

Esta puede ser una guía en la producción de contenidos y talleres en momentos de contención a nivel comunitario y en espacios de encuentro en diferentes sectores; por ejemplo, en la promoción de integración económica.

4. Respuesta a declaraciones discriminatorias por parte de líderes

Los informes que ha publicado en los últimos meses el proyecto Barómetro de la Xenofobia donde hacen un seguimiento a manifestaciones en redes sociales digitales han mostrado claramente que cada vez que un líder político o un personaje reconocido hace declaraciones que pueden llegar a interpretarse como xenófobas, las respuestas en ese mismo sentido aumentan exponencialmente. Esto pone de sobre la mesa la relevancia de evitar y contener estas situaciones.

Este es un tema sensible porque, al responder, es fácil caer en una actitud de denuncia frente a quien hace declaraciones que promuevan discriminación, y esto puede generar incluso más rechazo; no es posible hacer caer en cuenta a una persona del impacto nocivo de sus palabras acusándola de xenófoba; esto, en cambio, puede generar que se sienta atacado y tome una postura menos receptiva.

Los aprendizajes desde los estudios comportamentales en estas situaciones hablan de responder en una actitud conciliadora buscando los puntos en común. Por supuesto, no se puede esperar esto en el escenario de las redes sociales, por lo que es indispensable que otros líderes con impacto mediático e influencia tomen esta postura y respondan a estas manifestaciones promoviendo una conversación.

En este caso, cooperación internacional, organizaciones sociales o líderes políticos no vinculados directamente con el tema o en contradicción con quien pronuncie las declaraciones potencialmente xenófobas deben asumir ese rol.

Este es un trabajo que debe prepararse con antelación para lograr una coordinación de acciones que impulsen el mensaje y ayuden a aumentar su resonancia. El peor escenario es que las manifestaciones discriminatorias se vuelvan un escenario de confrontación que termine promoviendo “bandos” en la opinión pública.

El éxito depende de la capacidad de articulación entre todos los actores para seguir el mismo planteamiento y de una adecuada información a todos los actores involucrados. Si Gobierno Nacional, autoridades locales, organismos internacionales y de cooperación, sector privado, academia y sociedad civil, de forma coordinada diseñan planes y construyen mensajes y contenidos bajo estos lineamientos, es mucho más fácil permear en la ciudadanía la normalidad de procesos diversos e incluyentes. Esto va desde la forma en que se informan las medidas que se han tomado hasta la construcción de campañas antixenofobia.

Es un reto ambicioso porque implica luchar contra el automatismo con el que se entiende la migración solo desde la lógica del migrante y los protocolos institucionales de diferentes actores que les impiden tener flexibilidad para sus estrategias de comunicaciones. Aun así, es indispensable reconocer la necesidad de evolucionar el mensaje y pasar de la solidaridad a la integración.

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*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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