Cuatro hipótesis sobre lo que viene para el Clan del Golfo sin "Otoniel"

Cuatro hipótesis sobre lo que viene para el Clan del Golfo sin "Otoniel"
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Dairo Antonio Úsuga David, conocido como alias “Otoniel” y máximo líder de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), fue capturado el sábado 23 de octubre cerca de Necoclí, en el departamento de Antioquia. Sin duda, la captura del principal cabecilla de la organización más grande del crimen organizado en el país no es un asunto despreciable. Para lograrla han sido necesarios años de inteligencia, operaciones policiales y militares de gran envergadura y la colaboración de las agencias de inteligencia estadounidense y británica. Sin embargo, no es razonable asumir que la captura de un cabecilla equivale a la disolución de un grupo armado.

Las AGC bien podrían ser el grupo armado que ha enfrentado más operativos de la Fuerza Pública durante los años recientes (desde el 2011 con la Operación Troya destinada a todas las “bacrim”, y desde el 2015 con las operaciones Agamenón I y II destinadas específicamente a capturar a "Otoniel" y desarticular la organización).

Sin embargo, seis años después de Agamenón, sigue siendo el grupo armado más relevante del crimen organizado en el país y hacen presencia en alrededor de 300 municipios. Entonces, más ataques a la organización no han implicado su desmonte, justamente porque la estrategia de seguridad ha estado enfocada en capturar o dar de baja a objetivos de alto valor estratégico, sin reparar en todas las relaciones horizontales que hay en la organización y en las dificultades de acabarla quitando una figura.

En cualquier caso, también sería ingenuo pensar que no habrá ninguna consecuencia para las AGC. Aquí mostramos cuatro hipótesis sobre el futuro de la organización; todas sujetas a lo que suceda durante los próximos meses para entender su reconfiguración.

Hipótesis 1: este será un gran golpe mediático, pero un golpe débil al narcotráfico y al crimen organizado

La captura de "Otoniel" no altera de manera sustancial las dinámicas de las AGC, porque en muchos territorios estas hacen presencia por medio de intermediarios o terceros que han sido subcontratados para el aseguramiento y control de territorios estratégicos para el traslado y acopio de clorhidrato de cocaína. También, debe tenerse en cuenta que las AGC funcionan como una estructura muy descentralizada y sus mandos regionales, si bien responden a una dirección estratégica ubicada en el Urabá, cuentan con bastante autonomía y recursos en la ejecución de sus actividades delictivas.

A diferencia de las Farc-EP o el ELN, las AGC funcionan como una red con muchos nodos tercerizados, no todos dependientes funcionalmente de la cúpula. Esto no solo hace complicado analizar a la organización, sino que impide que un golpe estratégico de alto valor la desestabilice por completo.

Sumado a esto, debe entenderse que las AGC no son un cartel de narcotráfico (aunque en sus filas tengan a narcotraficantes). Son más bien un gran operador logístico que ofrece servicios para el traslado y exportación de clorhidrato de cocaína a distintas organizaciones ilegales e individuos colombianos y extranjeros. El narcotráfico depende de otros tantos actores legales e ilegales que incluso el fin de las AGC no lo acabaría.

La estrategia estatal de golpear a los objetivos de alto valor estratégico es efectiva mediáticamente. Esto explica por qué ha intentado ser vendida por el presidente Duque como “el golpe más duro que se le ha dado al narcotráfico en este siglo”.

Sin embargo, esta estrategia ha demostrado en múltiples oportunidades su ineficacia al no estar acompañada de intervenciones estatales integrales en los territorios. Podremos esperar una calma momentánea que va seguida de la aparición de nuevos ciclos de violencia, o el reciclaje de viejas dinámicas criminales ante la imposibilidad o falta de voluntad del Estado por recuperar o controlar los monopolios de la violencia legítima, la administración de justicia y el recaudo de tributos.

Hipótesis 2: guerras internas por el liderazgo de la organización

La muerte o captura del máximo líder de una organización criminal puede devenir en confrontaciones entre los mandos medios con el objetivo de convertirse en su reemplazo. La evidencia sugiere que, así como estas capturas pueden desestabilizar momentáneamente a una organización, también pueden incrementar la violencia en algunos municipios debido a guerras por el liderazgo.

Un ejemplo local fue la muerte de Chucho Pachenca en el 2019 y el consecuente incremento de la violencia en el departamento del Magdalena por las fracciones al interior de las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada (Acsn).

Ahora, no necesariamente la muerte de un cabecilla tiene como consecuencia una guerra por el liderazgo. Esto dependerá de la capacidad de organización, de las jerarquías previamente establecidas y de los compromisos que existan entre sus miembros. La estructura poco jerarquizada de las AGC y la, al parecer, poca capacidad de decisión grupal que existe en su cúpula permite pensar que "Otoniel" no tenía designado a un sucesor y, por ende, la decisión podría tomarse a sangre y fuego.

Algunos candidatos, como alias “Chiquito Malo”, parecen más fuertes por ahora en la pugna. Sin embargo, su ascensión dependerá de la reacción de otros cabecillas, como alias “Siopas”, alias “Gonzalito” o alias “Rodrigo Flechas”. Los eventos de los próximos días nos permitirán saber si el nuevo líder es elegido por consenso, o si podemos esperar una guerra interna para resolver esa tensión.

En cualquier caso, es necesario que la Fuerza Pública no asuma que su labor finalizó con la captura de "Otoniel". Es necesario redoblar los esfuerzos en los territorios de actuación de la organización con el fin de prevenir consecuencias humanitarias de estas potenciales guerras internas. Las poblaciones civiles suelen ser bastiones de estas guerras, en cuanto pueden ser usadas como sinónimos de legitimidad para los nuevos cabecillas. Es decir, los potenciales nuevos líderes pueden alegar tener mayor soporte de la población para ejercer su labor, y esta estigmatización es peligrosa en medio de las disputas, puesto que cualquier muestra actual o pasada de apoyo sería leída por los contrincantes como traición.

Es deber del Estado proteger a estas poblaciones y no irse luego de sembrar indirectamente la semilla de una nueva confrontación. Se necesita acción preventiva ahora más que nunca. El discurso victorioso de Iván Duque no contribuye a pensar en esa clave.

Hipótesis 3: guerras entre grupos criminales ante la debilidad temporal de las AGC

Pese a que en el discurso oficial pareciera que la captura de "Otoniel" implica el fin del crimen organizado, en realidad esto está lejos de pasar. Por un lado, porque como acabamos de ver, las AGC seguirán existiendo. Por otro lado, porque muchas otras organizaciones siguen en pie (Los Caparros, ACSN, disidencias de las Farc-EP, ELN, y algunos otros grupos post AUC).

Las AGC han tenido que sobrevivir en varios territorios en medio de guerras que en varios casos han ganado. En el sur de Córdoba, por ejemplo, se enfrentan a Los Caparros y disidencias de las Farc-EP. En el sur de Bolívar recientemente se enfrentan con disidencias de las Farc-EP y en el Urabá chocoano se enfrentan con el ELN.

Ante la desestabilización que trae la falta de liderazgo, no es descabellado pensar que sus competidores armados van a sacar ventaja de la situación y atacar con el fin de debilitarlos.

Nuevamente: es necesario prevenir que estas competencias armadas terminen por afectar a la población civil. La Fuerza Pública debería tener claro en qué territorios hay activas competencias armadas y vigilar muy de cerca los eventos durante los próximos meses. Estratégicamente, este es el momento más adecuado para atacar a las AGC por su falta de liderazgo y las turbulencias que deben estar sucediendo al interior del grupo. Será necesario vigilar de cerca estas dinámicas que seguramente serán muy diferentes en cada subregión.

Hipótesis 4: despolitización/criminalización de las AGC

"Otoniel" es un personaje clave en la historia de las AGC, porque fue con él que este grupo armado consolidó su discurso político. Hasta el 2009, la organización había estado bajo el mando de Vicente Castaño (muy brevemente y con poca estructura) y Don Mario (capturado en el 2009).

Don Mario había estado encargado del narcotráfico y las finanzas de las AUC, por lo que su participación en política era más bien escasa. Luego de su captura, Dairo y Juan de Dios Úsuga tomaron el liderazgo de la organización. Ambos iniciaron su carrera criminal en el EPL y posteriormente hicieron parte de las AUC.

Los hermanos Úsuga modificaron la estructura de mando de la organización e invitaron a otros exguerrilleros (como alias Gavilán, alias Negro Sarley, alias Don Leo y alias Belisario) a ser parte del núcleo militar de la misma. Algunos de ellos terminaron siendo miembros del Estado Mayor, lo que hizo de esta una organización prácticamente distinta a la que Don Mario había liderado.

Con el cambio de liderazgo, este grupo se cambió el nombre (antes se llamaban “Héroes de Castaño” y desde este año se conocen como “Autodefensas Gaitanistas de Colombia”), creó un logo, distribuyó uniformes militares y creó posteriormente una página web para difundir su “pensamiento y logros político-sociales”, además de escribir un estatuto en el que justifican su existencia por los incumplimientos del Estado a la desmovilización de las AUC. Las AGC renunciaron a su naturaleza contrainsurgente y asumieron una postura defensiva ante lo que ellos llaman “persecución del Estado” y otras organizaciones armadas contra los desmovilizados de las AUC. En sus palabras: son una organización de “resistencia civil en armas”.

Todo este proceso cuesta tiempo, personal y dinero. Sin embargo, hasta este año lo han mantenido. El primero de mayo del 2021 se pronunciaron criticando la represión estatal durante el Paro Nacional, por ejemplo, lo que da cuenta de que hay un interés no solo por sostener sus rentas ilegales, sino por construir una legitimidad a partir del discurso. "Otoniel", posiblemente, era una de las cabezas que estaba detrás de estas apuestas políticas por su experiencia en diversos grupos armados y su actitud al asumir el mando de la organización.

"Otoniel" era el último de esta corte de exguerrilleros que quedaba en los altos mandos de las AGC. El resto (alias Gavilán, Negro Sarley, Don Leo, Belisario y Juan de Dios Úsuga -hermano de "Otoniel"-) ya fueron capturados o dados de baja. Sostener un discurso político implica un conocimiento sobre qué decir y cómo hacerlo. Sin otras personas conscientes de esos procesos, no es claro quién asumirá esa tarea. Es posible que nadie, y las AGC lentamente dejen atrás el discurso que habían intentado construir por años.

En el largo plazo, renunciar a ese discurso implicaría también renunciar a la lucha por lograr una negociación con el Estado colombiano, lo que era uno de los objetivos centrales de "Otoniel". Esto, por supuesto, dependerá de quién asuma el liderazgo de la organización y los cambios que decida hacer en el Estado Mayor. Si los perfiles tienden a ser más criminales que políticos, entonces podríamos hablar de una “criminalización de la organización” en sus discursos.

El futuro del Clan del Golfo sin "Otoniel"

Como se ha podido observar en este texto, no hay ningún escenario que podamos descartar ante la captura de "Otoniel". Por ahora, los resultados de este evento son inciertos y lo prudente es esperar a tener más información para hacer afirmaciones más concluyentes. Aquí hemos intentado pensar en cuatro hipótesis, todas sujetas a los eventos futuros.

En primer lugar, pareciera ser que la captura de "Otoniel" es más un golpe mediático funcional a la narrativa victoriosa que Iván Duque parece querer imponer ante el fracaso de su estrategia de seguridad, que un golpe de muerte al narcotráfico y al crimen organizado en Colombia.

Deshacerse de "Otoniel" no tendrá mucho impacto en la organización en el largo plazo, dado que no era un líder carismático o muy reconocido en la organización. La estructura horizontal y poco jerárquica de las AGC hace que sus funciones hayan estado reducidas a controlar a una cúpula, pero a tercerizar a gran parte de los miembros. Por tanto, habrá AGC por algún tiempo más si solo se piensa en capturas a cabecillas.

En segundo lugar, es posible que la captura de "Otoniel" dé paso a una guerra temporal entre mandos medios con el objetivo de decidir quién será el sucesor en el liderazgo. En tercer lugar, la debilidad temporal que representa esta falta de liderazgo bien podría llevar a otras organizaciones criminales a atacar con fuerza a las AGC para dominar los espacios de actuación en los que tienen activas competencias armadas. Es necesario vigilar de cerca esos territorios en guerra para prevenir cualquier afectación humanitaria para la población civil. Finalmente, sin "Otoniel", el discurso político que han intentado sostener las AGC durante todos estos años podría tambalear, dado que la cúpula con otros combatientes entrenados políticamente ha sido prácticamente desmantelada. Esto podría implicar un proceso de “criminalización”, lo que implica dejar atrás el discurso político y enfocarse en la captura de rentas ilegales sin intereses de legitimidad.

Sea cual fuere el desenlace de esta situación, es importante recordar que las AGC es una organización con una presencia diferenciada a nivel territorial. Como hemos argumentado antes, en Colombia se desarrollan varios conflictos armados y las AGC están en muchos de ellos. Es necesario vigilar con mucho cuidado lo que suceda en aquellos en los cuales están presentes, porque ahí es donde se podrán sentir de cerca las consecuencias de esta captura. Además, no se debe olvidar que esta organización no era homogénea y sus actuaciones dependían de la subregión en la que estuvieran; por tanto, cualquier lectura nacional de esta captura debe tomarse con mucho cuidado, porque es probable que veamos una consecuencia distinta en cada conflicto armado en el que estén envueltos.

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