De guerra y de paz en las elecciones 2022: contra el terror, la humanización

De guerra y de paz en las elecciones 2022: contra el terror, la humanización
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Charo Mina Rojas es feminista negra decolonial, hace parte del Proceso de Comunidades Negras -PCN.

“La vida está mejorando, pero eso no va a para la guerra si los políticos y las empresas deciden que les es ventajoso tener una.”

Octavia Butler (novelista afroamericana).

El 2 de marzo de 2022, trabajadores del reciclaje encontraron en el basurero de Córdoba, corregimiento del Puerto de Buenaventura, la pierna y los brazos de un cuerpo que luego se supo eran de Lina Liceth Rivas Caicedo, joven afrodescendiente de 22 años que salió de su casa y no regresó viva.

Este hallazgo del cuerpo desmembrado de una mujer afrodescendiente hace parte de lo que vivimos cotidianamente en Colombia, el país que pactó un acuerdo de paz en el 2016 con la guerrilla Farc, la guerrilla más antigua del continente de las Américas.

La noticia se recibe en un contexto electoral donde una mujer afrodescendiente, Francia Márquez Mina, se disputa la Presidencia de la República con la extrema derecha, las maquinarias políticas y económicas, las tendencias guerreristas-militaristas, la corrupción y la hegemonía llamada blanco-mestiza que tiene concentrado el poder en hombres de todas esas corrientes y maquinarias.

La noticia hace parte de las realidades de los pueblos en Colombia que se debaten entre las aspiraciones de vivir en paz, con dignidad, y las aspiraciones de quienes quieren perpetuarse en su forma de poder alimentando la guerra.

El cuerpo desmembrado de Lina Liceth debe recordarnos que seguimos en guerra a pesar del Acuerdo y los discursos político-electorales del momento sobre la paz; que estos no vienen de nuestras experiencias de opresión histórica y voluntad férrea de resolver las diferencias sin violencia; no vienen de las madres cuyos hijos han sido carne de cañón con la que se ensangrientan nuestros territorios y vidas, ni de la gente afrodescendiente empobrecida y despojada víctima del llamado conflicto armado.

Viene de quienes han ejercido formas de poder que se basan en la discriminación, la explotación, el despojo y el terror; quienes se ubican en lugares privilegiados de control político y económico, que tienen una ideología militarista y entienden la construcción de la paz a través de la promoción de la guerra. Son representaciones de poderes violentos que solo pueden darse a partir de la deshumanización y el despojo de la dignidad.

¿Qué son la deshumanización y el despojo de la dignidad? La deshumanización es la negación deliberada de la existencia humana, la negación total de alguien en su calidad de ser humano. Ser humano es ser conscientemente empático, generoso, compasivo, relacional, respetuoso. Quien deshumaniza no reconoce al otro con estas cualidades, y por lo tanto no cree que es merecedor ser tratado desde estos valores. Deshumanización no es lo mismo que ser inhumano. Ser inhumano es no poder actuar hacia el otro desde la compasión, la empatía, la razón y el respeto y, en consecuencia, ser violento, violentar.

El racismo como ideología de deshumanización, en nuestra experiencia histórica de vida, es la forma como se despojó de humanidad a la gente secuestrada de África para poder ejercer un dominio y explotación sobre ella. Convertirlos en “negros” era la forma de decir que no existían con condiciones y capacidades racionales, conscientes de ser humano. Como seres sin humanidad no era necesario sentir empatía, compasión, respeto, amor hacia ellos. Por lo tanto, se trataba de “cosas” con las cuales no implicaba ninguna racionalidad o forma moral que requiriera este tipo de principios y práctica.

La forma efectiva de lograr la deshumanización se da a partir del uso permanente, sistemático de la violencia como fuerza mortal, y la imposición del terror como fuerza de dominación. La forma más extrema de deshumanización se consolida con la aplicación de la fuerza letal que extingue la existencia, es decir, la muerte; es la forma extrema de extinguir la humanidad de alguien. De ahí que la extinción de vidas de africanos esclavizados, aun significando una pérdida económica, no tuviese ningún valor moral o ético.

La forma como fue extinguida la humanidad de Lina Liceth muestra el lugar de deshumanización que continúa perpetuándose contra las mujeres afrodescendientes, a quienes por solo ser nos cuesta la vida. Hoy, este proyecto de deshumanización se mantiene a través del sostenimiento y perpetuación de esas formas violentas instaladas en estrategias de terror que volvemos a sentir con el hallazgo del cuerpo desmembrado de Lina Liceth.

El despojo de la dignidad entra en este cuadro de dominación y deshumanización como estrategia que crea las condiciones para la deshumanización y la afirma. Se sustenta en la generación de terror. La forma como fue asesinada Lina Liceth es un mensaje a las mujeres de Córdoba y Buenaventura para que abandonen su lugar de conciencia y pertenencia humana, sobre la cual se basa su dignidad. Son un mensaje de terror para imponer el silencio, la inacción, el desplazamiento y el miedo que expropian a su familia, a la comunidad y a las mujeres del poder de la denuncia, la enunciación de su presencia, el impacto de su acción deliberada y consciente de ser y ejercer su humanidad.

El despojo de la dignidad involucra factores como la pérdida de propiedad (material y moral-espiritual), del valor humano, de la agencia y de la comunidad cuyo resultado final son el destierro y vaciamiento, ese ser dejado sin nada, su muerte moral, espiritual y/o física. La deshumanización y despojo de la dignidad son finalmente la compleja dimensión de los daños que las estructuras de poder dominantes en Colombia han sostenido a través del racismo y la guerra que, como personas negras y pueblo afrodescendiente, hemos vivido.

El hallazgo de restos de una mujer afrodescendiente nos recuerda también los lugares de la deshumanización y el despojo de la dignidad que las mujeres hemos venido ocupando en el contexto del racismo y la guerra como víctimas, y el que queremos ocupar -ojalá en un contexto de paz, como emprendedoras, lideresas, defensoras de derechos, activas en el mundo de la política, esos lugares de poder, autonomía y libre determinación, como mujeres y como pueblo.

Oficialmente está reconocido que las mujeres afrodescendientes han sufrido de manera desproporcionada los impactos del estado de guerra en que vivimos. En el primer semestre del 2021, la vida de 63 mujeres afrodescendientes fue extinguida de manera violenta . El mismo año la Unidad de Víctimas atendía 585.961 mujeres afrodescendientes, 43 % de ellas entre los 29 y 60 años, víctimas de las diversas formas de violencia generadas por el Estado, las fuerzas paraestatales, guerrilleras, del narcotráfico y la delincuencia común.

Por otra parte, las mujeres afrodescendientes continúan demostrando su espíritu libertario y su búsqueda permanente por la justicia y la libre determinación. Este año se han destacado mujeres en el ámbito de la defensa de los derechos humanos, como Clemencia Carabalí , una lideresa del Norte del Cauca, de la Asociación de Mujeres Negras del Norte del Cauca – Asom, o Luz Marina Becerra de Las Comadres , reconocida por su trabajo con mujeres víctimas del racismo y la guerra.

Menos evidente y, sin embargo, contundentes, son las mujeres afrodescendientes, algunas muy jóvenes, que se destacan liderando procesos organizativos en las escuelas y universidades, en las comunidades y organizaciones, en las artes, la literatura, la academia.

De esas dinámicas viene Francia Márquez Mina, para recordarnos también que en medio de la deshumanización ha existido un proyecto de vida y apuesta política del pueblo y las mujeres negras/afrodescendientes de dignificación, por una sociedad más humana; por un cambio de los paradigmas de búsqueda de paz a través de la guerra, hacia una construcción de paz que se basa en el ejercicio consciente como seres humanos de procesos dignificados basados en la transformación de las estructuras minoritarias de poder que históricamente han utilizado la violencia y el terror para dirigir los destinos de las mayorías.

Las elecciones este 2022 para el votante afrodescendiente deben ser una cuestión de decisión entre la dignidad y la inhumanidad, entre el poder de la conciencia humana y el poder de la violencia y el terror instalado en siglos de lo mismo. Las elecciones del 13 de marzo hablaron tanto por quienes optamos por la dignidad y la vida, como por quienes continúan en cadenas y quienes siguen en la lógica de la deshumanización y la guerra.

Hagamos que triunfe la humanidad y la vida digna, para que nuestras renacientes puedan disfrutarla y continuar el camino de transformaciones que nos lleven, algún día, a que no haya otra Lina Liceth violentada en su humanidad y más bien muchas mujeres gobernando y construyendo verdadera paz.

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