De la crisis al diálogo: lecciones que dejó el paro agrario de 2013

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En momentos en los que transcurre el diálogo nacional, una mirada retrospectiva a los aprendizajes que dejó el paro agrario de 2013 puede ofrecer claves para la salida de la actual crisis.

El paro nacional agrario de 2013 es uno de los referentes recientes de movilizaciones sociales que han sacudido al país. Fue un paro en el que hubo reclamos legítimos, dialogo, negociación, bloqueos de vías, vandalismo y violencia. El contexto social y político era muy diferente al de hoy: Juan Manuel Santos era presidente, se estaba negociando la paz con las Farc en La Habana y estaban entrando en rigor los Tratados de Libre Comercio con Europa y Estados Unidos.

El paro empezó en las zonas rurales y luego se trasladó a las ciudades. Inició con la convocatoria de movimientos agrarios y grupos de camioneros movilizándose en las principales vías del país, y luego generando graves bloqueos que duraron semanas. Una semana después, varios grupos se unieron a la protesta en las principales ciudades del país a través de movilizaciones pacíficas y cacerolazos.

Al Gobierno Santos le tomó un poco más de tres semanas negociar el fin del paro y los bloqueos entre agosto y septiembre de 2013, no con uno, sino con varios grupos que se consolidaron en las protestas. Un análisis de los aciertos y desaciertos nos dejan unas lecciones que pueden ser útiles para entender y actuar mejor en el contexto actual.

Las lecciones aprendidas que comparto en esta columna provienen de mi libro "The Politics of Food Provisioning in Colombia: Agrarian Movements and Negotiations with the State"  (que estará disponible en formato digital y físico en la página web de Routledge en el segundo semestre de 2021). Este libro, resultado de mi investigación doctoral, analiza los paros y negociaciones agrarias 2013-2018 entre el Gobierno Santos y los movimientos agrarios. Debido a la coyuntura actual y con el ánimo de contribuir a los esfuerzos para encontrar soluciones de diálogo, adelanto aquí algunas reflexiones.

El diálogo y la negociación son la salida

El Gobierno Santos empezó observando el paro agrario y prestando atención a la situación de orden público en las principales vías del país. Ante los bloqueos de vías, la primera reacción estatal fue la de usar la fuerza para desbloquear. Esto generó duros enfrentamientos entre la Fuerza Pública y los manifestantes que al final no lograron solucionar la situación. En cambio, exacerbaron los ánimos de los manifestantes y prolongaron los bloqueos por varias semanas. Ante esto, y como lo veremos en los siguientes puntos de esta columna, el Gobierno tuvo que desplegar equipos por todo el país para dialogar con los manifestantes, escuchar sus preocupaciones e instalar mesas de negociación para encontrar salidas a la crisis.

Aprendizaje: el diálogo y la negociación son la salida. Cada nuevo enfrentamiento entre la Fuerza Pública y manifestantes solo va a prolongar los bloqueos y empeorar la situación. Los corredores humanitarios que se han abierto para el transporte de alimentos, medicina y combustible —gracias al trabajo de la Defensoría del Pueblo, Cruz Roja Internacional, y gobiernos locales— constituyen una importante labor y posiblemente unos primeros pasos para el dialogo con quienes están en la calle protestando.

Dialogar con quienes salieron a la calle, en la calle

Tratar de entender a quienes se están movilizando no es una tarea sencilla cuando hay movilizaciones de orden nacional y grupos con diversos intereses. Aunque en el actual paro hay un Comité que agrupa una alianza de organizaciones, hay muchos otros grupos que se están movilizando por otros motivos diferentes a los del Comité y que no se sienten identificados con este.  

Una lección aprendida y un buen ejemplo de prueba y error que dejó el paro agrario es la de identificar y reconocer a los grupos que se están movilizando. En 2013, en pleno paro agrario, delegados del Gobierno nacional viajaron al departamento de Nariño y se reunieron con alcaldes y gobernadores indígenas para buscar una salida al paro. Aunque lograron firmar un acuerdo con los indígenas Pastos y Quillasingas, esto no logró darle una salida definitiva al paro y a los bloqueos. ¿Por qué? Porque el acuerdo dejó por fuera a varios de los grupos que se estaban movilizando, incluyendo a Dignidad Agropecuaria, el grupo que más personas movilizó en el sur del país. Al ver que el Gobierno nacional había firmado un acuerdo con las comunidades indígenas, los grupos excluidos decidieron continuar con el paro y bloqueo de vías al menos por 10 días más.  

En resumen, al Gobierno Santos le costó varias semanas entender el paro agrario (quién, dónde y qué demandas), pero una vez identificaron los principales grupos, se pudieron establecer diálogos directos y compromisos por parte del Gobierno para ponerle fin al paro.

Aprendizaje: en medio de la diversidad de manifestaciones que supone un paro nacional es importante identificar los principales interlocutores y sus demandas directamente en las regiones. Es importante reconocer los grupos, asociaciones y movimientos que están marchando y llamarlos por su nombre. Este reconocimiento que se logra saliendo a la calle y hablando con los grupos directamente es un primer paso para el diálogo.

No basta con responder desde Bogotá

Para poder ponerle fin al paro de 2013, el Gobierno Santos reportó la firma de 22 acuerdos con grupos en todo el territorio nacional, incluyendo compromisos sectoriales con cacaoteros, arroceros y cafeteros, así como con grupos en Catatumbo, Montes de María, Tumaco, Tibú, entre otros.

Para esto, el Gobierno delegó funcionarios como ministros, viceministros y directores de agencias para atender los puntos neurálgicos del paro agrario. En lugar de un "gran final" con un solo grupo, la respuesta tuvo que ser descentralizada y con diversos grupos. Esto ayudó a ir poniendo fin poco a poco a las protestas y movilizaciones, y a ir volviendo a una nueva normalidad.

Las últimas regiones en las que finalizó el paro agrario fueron Cauca, Nariño y Boyacá. Después de varios días de diálogo entre equipos negociadores del Gobierno y de los movimientos sociales, el presidente Santos tuvo que viajar a cerrar negociaciones y firmar acuerdos finales a Ipiales y a Tunja, mientras que el vicepresidente Angelino Garzón tuvo que viajar a Popayán a firmar los acuerdos con los movimientos sociales e indígenas de la región.

Aprendizaje: no basta con responder desde Bogotá, así como no basta únicamente desplegar equipos negociadores del Gobierno. Es clave que el más alto nivel se siente en la mesa, escuche y tome acciones y compromisos al respecto.

Acertar en las narrativas es clave: “el tal paro no existe” y otras formas de empeorar la situación

En el mundo político el discurso y las narrativas son siempre importantes, pero en el contexto del escalamiento de las tensiones sociales que se dan en el contexto del paro toman un papel aun más central. El descuido del presidente Santos con su impopular frase “el tal paro no existe” fue uno de sus grandes errores de su dos periodos como presidente, como lo admite él mismo. Esta frase enfureció a quienes se estaban movilizando y empeoró las tensiones. Después de esto, se dieron más movilizaciones e incluso se extendieron a las ciudades, donde varios grupos se solidarizaron con los campesinos.

Después del descontento que causó la frase “el tal paro no existe”, el Gobierno no tuvo otra opción que ceder en el discurso que venía usando y en abrirse al diálogo y la negociación.

Aprendizaje: el lenguaje importa, y mucho. Los mensajes que se están enviando desde todos los sectores deben esforzarse por ser constructivos. Un descuido en el lenguaje y el discurso puede ser contraproducente —como le pasó a Santos— y extender la crisis. Parte de la solución al paro es la búsqueda de un lenguaje que permita a todas las partes encontrarse y dialogar. Un paso clave para el acercamiento es cambiar el lenguaje incendiario y confrontativo por un discurso que reconozca los grupos, los problemas y las tensiones sociales, y que abra puertas al diálogo.

El fin del paro no será el fin de la movilización ni de la negociación

Aunque con el inicio de los diálogos promovidos por el Gobierno Duque se abre la posibilidad a que se llame a un fin del Paro Nacional, este no será el fin de las movilizaciones, de nuevos paros y de más presiones al Gobierno nacional.

El paro agrario de 2013 tuvo lugar entre el 19 de agosto y el 12 de septiembre de 2013. Aunque se firmaron acuerdos con movimientos sociales, luego vino lo más importante: que el Gobierno cumpliera sus compromisos. Debido a las demoras en el cumplimiento, los movimientos agrarios realizaron nuevas movilizaciones y paros entre febrero y mayo de 2014. De hecho, ante los incumplimientos, amenazaron con interrumpir las elecciones al Congreso en marzo de 2014 y luego anunciaron un nuevo paro nacional agrario antes de las elecciones presidenciales. Debido a esto, el Gobierno nacional abrió mesas de trabajo y negociación permanentes con los movimientos sociales a nivel nacional y en varias regiones del país, como es el caso de Nariño con las comunidades de Pastos y Quillasingas y el Conpes agropecuario. Estas mesas de trabajo se mantuvieron a lo largo del segundo periodo Santos.  

Aprendizaje: el fin del paro no será el fin de la movilización. De cara a las elecciones de marzo y mayo de 2022, es muy posible que nos espere un año completo de movilizaciones, paros y negociaciones. Si el Gobierno no logra dar soluciones certeras a las demandas sociales de este paro, las movilizaciones se agravarán en la medida en que se acerquen los periodos electorales del próximo año. Es más, puede que incluso antes del fin del paro, veamos un efecto dominó de otros paros y movilizaciones, que ya se empezó a ver en el caso de los camioneros y que podría extenderse a otros grupos como los indígenas y los movimientos agrarios. 

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*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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