Del éxito de Petro y Márquez depende el final de la vieja política

Del éxito de Petro y Márquez depende el final de la vieja política
SantiagoPerry.jpg

No acompañé a Gustavo Petro en su campaña ni voté por ninguno de los candidatos que disputaron la Presidencia en la segunda vuelta. Pero debo confesar que estoy optimista, moderadamente optimista. El evento con el que se celebró su triunfo y su intervención en él me dejaron esta sensación.

Ver el entusiasmo y la felicidad de numerosos representantes de la juventud, de las mujeres, de los afrocolombianos, de los indígenas y de las víctimas me alegró. Sin lugar a dudas la mayoría de los marginados de todas las horas están convencidos de que por fin contarán con un Gobierno que atienda sus reivindicaciones.

Escuchar a Francia Márquez, una líder popular tan comprometida con las minorías, con el abandonado y rico Pacífico colombiano y con el medio ambiente, y saber que va a ocupar la casa vicepresidencial, creo que es un aire fresco en el enrarecido ambiente de la política colombiana. Ya era hora que una dirigente popular, negra y de una región marginada llegara a colaborar en el más alto nivel del Gobierno colombiano.

El discurso del nuevo presidente me gustó en líneas generales, dejando de lado algunos arranques mesiánicos y un tanto demagógicos. Destaco en particular su propuesta de un gran Acuerdo Nacional que permita superar los odios y la polarización; su compromiso de gobernar para todos los ciudadanos -en especial para los excluidos de siempre- y de buscar la reducción de las enormes desigualdades que nos afectan; su empeño en cumplir plenamente los Acuerdos de Paz y lograr una paz integral entre los colombianos; su pretensión de fortalecer al aparato productivo nacional; su énfasis en que hay que construir desde las regiones, y su obsesión con la defensa del medio ambiente.

No obstante, me hizo falta una mención decidida a los problemas rurales. En sus territorios es donde se expresan de forma más dramática los principales males de la sociedad colombiana: pobreza y miseria, atraso y marginalidad, violencia e inseguridad, servicios públicos y sociales de baja cobertura y calidad, deficiente educación y analfabetismo, degradación ambiental, concentración de la tierra y de la riqueza y abrumadora falta de oportunidades. Sin su superación, Colombia no transitará por una senda de progreso, equidad y prosperidad.

El Acuerdo de Paz así lo entendió y le dio absoluta prioridad, pero en la implementación de los programas y estrategias que propuso es donde menos se ha avanzado. La Misión para la Transformación del Campo estableció una completa y detallada hoja de ruta para conseguir el desarrollo sostenible e inclusivo de todos los territorios rurales del país. El nuevo Gobierno haría bien en retomarla y, de requerirse, actualizar algunos de sus componentes.

Del discurso, me pareció igualmente importante que haya reiterado que no pretende reelegirse, ni expropiar, ni ser revanchista, ni otras acusaciones que le han hecho sus enemigos, y que asustan a no pocos colombianos. Me tranquiliza, también, los nombres que ha mencionado de personas que quiere que sean sus colaboradores.

José Antonio Ocampo, Cecilia López, Rudolf Hommes, Alejandro Gaviria, Luis Jorge Garay, Jorge Iván González y Ricardo Bonilla son economistas reputados que seguramente no se negarán a colaborar de una u otra forma con el nuevo Gobierno y que contribuirán a calmar a los inversionistas y a los mercados internacionales. Son de distintas escuelas, con algunos tengo más afinidad que con otros, pero de eso se trata: de tener una gran variedad de opiniones y aproximaciones. Entendí que ese es su compromiso con la diversidad en esta materia.

Difícilmente hay alguien más idóneo para ayudar en la lucha contra la corrupción que Iván Velásquez, de quien Petro ha dicho que va a colaborar en su Gobierno, y quien ha brillado en este campo en Colombia y en el exterior. Otros, como Mábel Lara y Luis Gilberto Murillo, seguramente podrán cumplir, asimismo, un rol destacado y representar con lujo de detalles a su raza.

Por el papel que han cumplido en su campaña y en el acto ya mencionado, uno esperaría que se rodee de mujeres jóvenes y capaces que pueden hacer un aporte sobresaliente al Gobierno recién elegido. Además de las numerosas que lo acompañaron en los últimos meses, o años, sería conveniente que de otras toldas incorporara a algunas que ya se han distinguido, como Juanita Goebertus y Catalina Ortiz. Con ello, les abriría espacios a nuevos liderazgos femeninos que tanta falta nos hacen.

La conformación de su equipo de trabajo será clave. Uno esperaría -y desea- que se desmarque de las malas compañías que enturbiaron su campaña y que casi dan al traste con su elección. Y que personas como las señaladas en los párrafos anteriores sean las que conformen el grupo que lidere el cambio que Colombia anhela y por el que votó masivamente.

Porque si de algo no existe ninguna duda es que el país eligió -en primera y segunda vuelta- cambiar y dejar a un lado a la vieja política. Pero que este cambio se consolide y que en cuatro años no regresen las caducas élites políticas depende de cómo le vaya al Gobierno Petro-Márquez. En eso no debemos equivocarnos. Nunca ha sido tan cierto que de su suerte pende el futuro del país y, por ende, de todos nosotros. Por eso, debemos ayudar a que tenga éxito.

No obstante, tiene una gran ventaja: el pusilánime Gobierno actual les puso un punto extremadamente bajo.

Temas destacados

Este espacio es posible gracias a

*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

Compartir
Preloader
  • Amigo
  • Lector
  • Usuario

Cargando...

Preloader
  • Los periodistas están prendiendo sus computadores
  • Micrófonos encendidos
  • Estamos cargando últimas noticias