Dos sucesos que revelan el racismo estructural en Colombia

Dos sucesos que revelan el racismo estructural en Colombia
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En Colombia, la población negra/afrocolombiana ha venido atravesando una serie de problemáticas, dificultades y necesidades de distinta naturaleza que han disminuido sus condiciones de vida. Por ejemplo, el difícil acceso a una educación y salud de calidad, y la falta de empleo formal con condiciones laborales que dignifiquen la vida de esta población.

Lo anterior se ve reflejado en el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) que, para la población negra/afrocolombiana fue del 30,6% (11 puntos por encima del IPM nacional), según el Dane. Colombia es un país donde la pobreza y la pobreza extrema han venido aumentando en los últimos años debido a la forma inequitativa de distribución de los bienes y servicios y un mal manejo de los recursos económicos.

Las condiciones económicas y sociales para las comunidades negras/afrocolombianas no se dieron de forma igualitaria ni equitativa al momento de “inclusión” a la sociedad colombiana. Tampoco tuvieron un proceso de reparación por los años de sufrimiento, sometimiento y pérdida de su libertad. Por el contrario, la sociedad blanca y mestiza siguió (y sigue) perpetuando la discriminación racial y la exclusión.

Y es que seguimos cargando con el peso de un pasado colonial deshumanizante. Por ejemplo, aunque Colombia adoptó el sufragio universal con la Constitución Política de 1832, y aunque ya se había reconocido la ciudadanía de la población negra en 1851, se mantuvo el derecho al voto como un derecho restringido para hombres blancos y mestizos a lo largo del siglo XIX. Fue solo hasta 1936 que la población negra pudo gozar realmente de este derecho, y hasta 1957 las mujeres.

Los dos hechos

Hay un conjunto de prejuicios que subvaloran las comunidades negra/afrocolombianas y que configuran un racismo sistemático y estructural desde una supuesta superioridad de las personas blancas/mestizas y de instituciones del Estado. Es como si nuevas “doña Florinda”, apenas tuvieran más que el resto, empezaran a llamar “chusmas” a los demás, a maltratar a los sencillos obreros, a los ”don Ramón”, a engreír a sus malcriados hijos “Kiko” y a votar por sus gentes de bien, como el capitalista compasivo del señor "Don Barriga”.

Las acciones de la aplicación del racismo, sus prejuicios y perjuicios, la supuesta superioridad y la negación humana a las comunidades negras la padecen en la cotidianidad del día a día las personas a través de inconcebibles comportamientos de discriminación racial.

Luz Fabiola Rubiano afirmó en un video que se hizo viral: “Francia Márquez es un simio, qué educación puede tener un negro, los negros roban, atracan y matan... Qué educación puede tener un negro”.

Cuando esto estaba ocurriendo, seguramente en Colombia había miles de casos de discriminación racial iguales o peores.

Las leyes, como mecanismo que pueden garantizar la convivencia, el respeto y la paz de una sociedad deben ser de obligatorio cumplimiento. Entonces, para el caso del agravio por parte de la señora Maureen Belky Ramírez, “Marbelle”, que no solo causó ofensa a la entonces candidata presidencial, sino a todas las comunidades negras/afrocolombianas del país, no debió llegarse a lo que se llegó: a una simple conciliación, una disculpa a través de una cuenta Twitter y otras redes sociales. Se debió actuar con firmeza e ímpetu en la aplicación de la ley Ley 1482 de 2011, cuyo objeto es sancionar penalmente actos de discriminación.

Estos son solo dos ejemplos de lo que viven a diario las comunidades afrocolombianas.

No obstante, es importante reconocer que la vicepresidenta Francia Márquez ha hecho una pedagogía antirracista; es decir, desde el momento en el que ella, en su visibilidad como mujer lideresa del Norte del Cauca, emprende la marcha de los turbantes. Desde ese mismo instante cuando ya es más visible a nivel nacional, ella estaba haciendo un trabajo de una pedagogía antirracista para nuestro país, y se ha visibilizado mucho más. Obvio lo ha tenido que sufrir en su propio cuerpo y experiencia, pero se ha visibilizado mucho más cuando llega a ocupar cargos que supuestamente no están autorizados para este tipo de personas, para personas que tienen la historia que ella tiene; mujer negra, mujer rural, madre cabeza de familia y mujer negra que estuvo como empleada doméstica.

Es muy interesante las maneras de cómo ella abordó los dos casos, que se podrían entender en una mirada muy ligera como una cosa que, en el primer caso, lo hizo de una forma más conciliadora porque estaba en campaña y, después, en el segundo caso, es que justamente hay momentos en los que también hay que mostrar que existe una ley, que existen unas normas que protegen, y que también hay que situar el racismo no solamente como un problema estructural que lleva a la conclusión de que nos jodimos y nunca lo vamos trasformar, porque existen herramientas jurídicas, incluso éticas y morales para que eso se transforme. 

Entonces, que ella dijera "no, aquí ya tenemos que dar un paso judicial de poner la demanda, poner a operar esas cosas" es también un gesto de su maestría en términos de ser una pedagoga de lo que hay que enseñarle a este país.

La complejidad del racismo hace que sea un tema que está muy lejos de terminar. Sin embargo, no se puede obviar que existe una necesidad cada vez mayor de combatirlo. Existen muchas y variadas propuestas para prevenir el racismo, tanto personas como instituciones que las hacen.

La tolerancia como regla básica para aceptar la diferencia de ideas, los puntos de vista distintos, las posiciones políticas encontradas y también para evitar la exclusión, la discriminación y la xenofobia basadas en el racismo.

En ese ámbito es que propuestas de leyes contra la discriminación y el racismo parecen encontrar su fundamento, ya que su propósito es precisamente obstaculizar la intolerancia.

Lograr suprimir conductas discriminatorias no se consigue por el simple hecho de crear leyes, a pesar de que sea un recurso coactivo de gran utilidad. La ley debe ser apoyada con otro recurso igual de importante, como lo es la prevención de manera sistemática y persistente de las conductas discriminatorias y racistas como las que la educación escolar puede promover.

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