Duque, el héroe del silencio

Duque, el héroe del silencio
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Una vez más, Iván Duque nos prueba que sus palabras en contra de la censura son meramente cosméticas. En esta ocasión, el presidente ha decidido mantener una de las mayores trabas para el periodismo investigativo y para que la ciudadanía ejerza sus derechos. Duque se convierte así en un salvador de aquellos que quieran encontrar excusas para mantener las cosas en silencio.

Dentro de la tonelada de decretos que el señor presidente expidió desde el comienzo de la pandemia está uno que extendió los tiempos para responder derechos de petición. Normalmente y desde 1984, las entidades públicas están en la obligación de responder a peticiones en un término de 10 días hábiles cuando se trata de una solicitud de información, 15 días hábiles cuando lo que se solicita es algún tipo de actuación. En marzo del 2020, el presidente, con la excusa relativamente válida de que la pandemia dificulta los trámites, impuso un decreto que duplicó estos plazos.

Lo esperable era que esta medida fuera temporal y fuera aprovechada para organizar los procesos internos para poder dar respuesta a tiempo, pero la práctica y la forma de actuar de Duque muestran lo contrario. En la realidad, Duque ha decidido normalizar la emergencia, la medida se mantiene vigente después de 21 meses y se siente permanente. El congreso aprobó una ley reversando este decreto en vista de que Duque no hizo nada para devolver los plazos a su estado natural, pero él la objetó como si nada.

No se podía esperar más de un presidente que ha hecho poco para crear un ambiente favorable para que la gente ejerza su libertad de expresión. Hace unas semanas, en medio del escándalo del orangután de censura que estuvo a punto de ser ley por parte del Congreso, Duque anunciaba con su clásica vanidad que había firmado la declaración de Chapultepec, un documento que los presidentes suelen suscribir para anunciar su apoyo en la defensa de ese derecho. “[E]s un deber incuestionable la defensa de la libertad de prensa […]Cualquier amenaza a ese principio debe ser objetada”, decía Duque, el superficial.

También a comienzos de la pandemia, el Relator Especial de la ONU sobre la libertad de opinión y de expresión dijo que “es previsible que se produzcan disrupciones temporales”, pero “solo deben producirse cuando sean necesarias para la salud pública y no deben emplearse como excusa para no llevar a cabo actividades para las que no existan problemas de limitación de capacidad” y “los Gobiernos deberían elaborar enfoques de acceso a la información que les permitan continuar con sus programas durante la crisis.”.

Pasó todo lo contrario. El derecho de petición, especialmente el que se hace con el fin de obtener acceso a información pública, es una herramienta esencial para el periodismo. Recolectar datos y documentos es una etapa preparatoria clave para el trabajo de los periodistas y de otros actores que trabajan en la vigilancia de lo público como los académicos, las ONG y algunos políticos, entre otros. La prontitud con la que se reciba esa información es crucial para que lo que se revele al público siga teniendo un valor y no se convierta en un simple recuento histórico de algo que ya no se puede solucionar. Es también una fuente para que las investigaciones sean objetivas y transparentes y puedan tener la mayor contrastación posible.

Lo que ha pasado en la práctica es que los nuevos plazos para responder se conviertan en un desincentivo para solicitar información porque “de aquí a que nos respondan…”. El presidente está en la obligación de tener esto en cuenta y de evitar que existan trabas que desalienten el trabajo del periodismo y demás personas que recaudan información para alimentar el debate público. Su deber es el de retirar estas objeciones y, si él pierde una vez más la prueba, el congreso debe rechazarle su descache.

El señor presidente, el héroe del silencio, crea trabas para la crítica y la denuncia. Entre líneas, nos dice que la única información que le interesa que sea pública es la que él nos diga. Prefiere que permanezcamos sin ver nada, sin oír nada, sin decir nada. 

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*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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