El Acuerdo de Paz es indestructible

El Acuerdo de Paz es indestructible

El Acuerdo de Paz, firmado entre el Estado colombiano y la otrora insurgencia de las Farc-EP, pronto cumplirá el primer lustro de su promulgación el 24 de noviembre de 2016.

Luego de enfrentar su inicial prueba de fuego en el plebiscito del 2 de octubre del mismo año, ha permanecido incólume ante la ilusa pretensión del Gobierno de Iván Duque de hacerlo trizas: adversidades, desfinanciación, simulación, una precaria implementación, entre otros ataques de una gran parte de la institucionalidad.

El Proceso de Paz ha soportado la ofensiva de poderosas fuerzas políticas que pretenden seguir en la devastación de la guerra. Como si cinco décadas no hubieran sido suficientes para ocasionarnos dolor, desesperanza y ruptura del tejido social por cuenta de una guerra que trascendió en el tiempo y en la vida de nuestra nación.

Podemos afirmar con toda seguridad que, faltando cuatro meses para conmemorar el primer quinquenio de la firma de la Paz, tiene hoy más sentido la vida y luchar por ella.

Sobre tantos obstáculos salvados en medio de gigantescas talanqueras, hay todavía viva una esperanza que flamea en el oriente un nuevo sol para Colombia.

A cinco años sigue siendo una herramienta de lucha para ampliar la democracia participativa y de construcción de la paz. Lo pactado en la patria de Fidel sigue siendo la bandera de la vida y de la esperanza. Esto es indiscutible contra todas las mareas oscuras que han querido echar por la borda esta opción de paz, sin tener en cuenta que este acontecimiento humanista es el evento político más importante en los últimos 100 años en nuestra patria.

Este nuevo intento por buscar la paz, como ningún otro, ha recibido un singular apoyo internacional, incluso de los mismos Estados Unidos. El Acuerdo Final de Paz (AFP) es indestructible porque paró una guerra de más de medio siglo, desarmó una guerrilla de más de 13 mil militantes, más de 9 mil armas de diverso tipo fueron dejadas y destruidas, nunca volverán a la guerra. Aproximadamente 390 toneladas de armamento sacadas de la política dan crédito de este importante aporte al proceso de reconciliación y convivencia de la familia colombiana.

El Acuerdo de Paz de La Habana visibilizó un universo de más de siete millones de víctimas del conflicto armado que hoy están en el centro del Proceso de Paz, como jamás había pasado en nuestra historia.

Hay un Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, que cobija a todos los actores. Gracias a esta posibilidad y realidad histórica de paz han dejado de morir miles de colombianos. Es por todo esto que el Acuerdo de Paz es indestructible.

Porque es la vida y el sosiego que nunca hemos conocido y que debemos, toda la sociedad concretar por encima de los partidos políticos, respetando las diferencias, los credos religiosos, las formas libres del pensamiento y convivir como humanos, construir una patria amable.

Sin embargo otras guerras persisten, otros actores están en el escenario nacional que ha quedado luego del pacto de La Habana, miles de líderes, lideresas, defensores de los derechos humanos, ambientalistas y 281 firmantes de paz asesinados.

Obviamente ha aumentado el número de víctimas, desplazamientos forzados, amenazas, una inseguridad total en los campos y ciudades desastrosa sin que haya medidas estructurales, sobre todo políticas, económicas, educativas. Solo se imponen las medidas de fuerza, que en nada solucionan la crisis, y que, por el contrario, empeora más.

Es necesario reiterar que lo acordado en La Habana y firmado por el mismo Estado colombiano y que hoy son “normas constitucionales”. Una serie de recomendaciones para sacar el país de la profunda calamidad humanitaria que hoy asiste con una pobreza extrema para más de la mitad de la población -30 millones de colombianas y colombianos según el Dane-, donde 21 millones de trabajadores tienen una asignación salarial mensual de 340 mil pesos, y siete millones de personas la infame cifra de 140 mil.

Un país que padece hambre aunque las estadísticas de Duque hablan de un repunte económico. Sí, pero para el gran comercio, mientras las mayorías padecen elementales necesidades. La sociedad en su conjunto debe abrazar el Acuerdo de Paz. No existe por el momento otra alternativa. Es la única opción aprobada por quienes no queremos más guerra.

Colombia no puede estar destinada a siempre vivir en medio de la guerra, las desigualdades y el dolor.

A cinco años de la firma de la vida, no podemos negar que hay avances importantes en su cumplimiento por una parte de la institucionalidad, tal vez la parte menos poderosa. La comunidad internacional ha jugado un papel preponderante en el sentido que se respeten y se cumpla lo pactado. La misión política de las Naciones Unidas ha sido, y es, esencial.

Sin embargo las instancias creadas por el mismo acuerdo para hacer seguimiento de la implementación, cada vez tiene menos relevancia, imponiéndose la desinformación, la mentira y la perfidia del centro de poder como en el pasado en anteriores intentos de construir la paz.

Al cumplir próximamente los primeros cinco añitos de la firma de la paz, es una fuerza poderosa en la construcción del presente y el futuro de Colombia. Hemos perdido los miedos a la protesta, ya no nos asusta la agresividad del Estado.

El estallido social dirigido por las juventudes el 28 de abril nos está marcando un derrotero en las elecciones dentro de nueve meses. Porque todos los males de esta sociedad explotada y maltratada se evidenciaron con la pandemia. El pueblo ha madurado políticamente. Las paredes gritan queremos paz, las calles colmadas de vida y juventud quiere paz a ritmo de música, arengas y tambores.

La lucha por la paz será, hoy y siempre, indestructible.

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*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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