El ascenso de las nadies y los nadies

El ascenso de las nadies y los nadies
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Lo de ayer fue una declaración de autonomía y emancipación frente al opositor que por siglos nos ha tenido mendigando educación, salud, oportunidades y participación democrática desde los márgenes del Estado. 

Hace unos años comencé a escribir en este portal con la idea de hacer aportes al análisis de la situación de la educación en Colombia. Por motivos que no tiene sentido discutir ahora, dejé de hacerlo con el conocimiento de que debía continuar la tarea para aportar una voz más al debate público. Así mismo, dejé de escribir en espacios académicos.

Hoy con el llamado que la sociedad de a pie hizo y con la respuesta que en las urnas demostraron los jóvenes, las mujeres, los viejos, académicos y todos los inconformes, me siento convocado a retomar este ejercicio con la convicción, hoy más que nunca, de que no se vale bajar las manos y, menos, acallar la voz.

Quiero dedicar las próximas líneas a pensar en voz alta sobre lo que se vivió ayer, 19 de junio de 2022, en Colombia con la elección de Gustavo Petro como presidente y de Francia Márquez como vicepresidenta de nuestro país y el devenir de Colombia. Serán él y ella quienes, a partir del mes de agosto de este año, asuman el reto de concretar los sueños de millones de colombianos.

Escribo con una felicidad distinta, con un sentimiento de victoria. No solamente porque ganó Petro, sino porque con él y con Francia se materializó una unión que históricamente será recordada. Somos marginales y ayer los marginales que estuvieron luchando sus luchas de manera individual, se unieron, nos unimos. La confluencia de comunidades indígenas, afrodescendientes, raizales, palenqueras, campesinos, mestizos, vulnerables, madres, jóvenes, mujeres, la comunidad Lgbtiq+, académicos nacionales e internacionales, artistas, actores políticos que han representado intenciones de cambio y otros actores de la sociedad civil que en la sombra hicieron su esfuerzo, los nadies y las nadies, al unísono gritamos libertad.

Juntos vencimos al uribismo; juntos vencimos a las clases políticas tradicionales; juntos sentamos una posición de rechazo contra la élite política corrupta. Y si ponemos la lupa en las regiones y ciudades, el manotazo en la mesa se hace sentir con dimensiones telúricas.

Lo de ayer fue una declaración de autonomía y emancipación frente al opositor que por siglos nos ha tenido mendigando educación, salud, oportunidades y participación democrática desde los márgenes del Estado.

Este triunfo no es solamente de Gustavo Petro y no solamente es él presidente. Este triunfo no es solamente de Francia Márquez y no solamente es ella vicepresidenta. Este triunfo es de la Colombia diversa, de la Colombia de las regiones, de la Colombia del campo, del monte y de la selva. Y no es solamente haber ganado las elecciones; es haber derrotado a los "Uribe", los "Gaviria", los "Pastrana", los "Char", los "Dilian" y a toda la clase dirigente tradicional del país y las regiones.

Lo venidero es lo más difícil; tenemos una deuda histórica y normalizada y muy seguramente cuatro años no serán suficientes para agotar toda la agenda. Más cuando nos han enseñado que el éxito de un Gobierno se mide en sus obras de concreto y no en políticas públicas de largo plazo.

Por esto, la tarea del próximo gobierno será la de sentar las bases para que el Estado pueda garantizar en el futuro mediato la equidad, la democracia, el ejercicio de las nuevas ciudadanías, un nuevo contrato social, educación para la emancipación y para la vida, exaltar la cultura, establecer la agenda medioambiental, la reforma agraria, la política exterior y las relaciones internacionales, la política de migración, mirar al sur, entre otras más.

Nos corresponde a nosotros desde casa, desde el aula y desde cada una de nuestras realidades ejercer nuestro rol democrático. No solo era votar. Ahora es nuestro deber sentarnos en la mesa del debate político, velar por el cumplimiento de lo pactado y aportar desde el ejercicio de nuestra ciudadanía por la construcción, desde el disenso y el consenso, un discurso plural y diverso, para el bienestar común. Para vivir sabroso.

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