El juego del calamar: un retrato de nuestro capitalismo decadente

El juego del calamar: un retrato de nuestro capitalismo decadente
tatianablancoperfil.jpg

El guion de la serie surcoreana "El Juego del Calamar" (Netflix) es un retrato de la naturaleza humana en el que es imposible no identificarse. La sangre y la brutalidad pasan a un segundo plano para permitirle al espectador toda clase de discusiones mentales sobre democracia, patriarcado, religión y capitalismo.

456 jugadores se enfrentan a seis juegos infantiles populares en la Corea de los años 70 y 80. El ganador obtiene 46 mil millones de wones ($39 millones de dólares) y los demás pierden la vida.

Cada uno tiene la posibilidad de elegir. La toma de decisiones se rige democráticamente. Pero en el trasfondo de todo, hay una minoría poderosa invisible a los ojos de quienes son manejados como caballos, en una competencia con una supuesta igualdad de condiciones, que se rompe con la corrupción de un sistema aparentemente perfecto y la represión para quien no siga las reglas.

El director, Hwang Dong-hyuk, nos pone a pensar en nuestro desgarrador sistema social y económico en el que, como en toda cadena alimenticia, solamente sobrevive el más despiadado.

La ficción recalca que el dinero define al individuo y su lugar en la sociedad.

La vida es un infierno para la gente ahogada en deudas con una vida familiar rota porque han sido definidos como un fracaso y así son vistos por sus seres queridos. Todo se trata de dinero en esta lucha por sobrevivir; sin respaldo en tu cuenta bancaria no hay salud, vivienda ni dignidad.

Diez años tardó este escritor para concebir esta pieza de arte cinematográfica, una película de 431 minutos, con temáticas universales, con una estética surrealista, con personajes de todo tipo en una escenografía similar a la de las pinturas de René Magritte, expuesta con la velocidad y la emoción de un videojuego de acción y con una banda sonora donde prima el vals Danubio azul de Johann Strauss como antesala de cada matanza.

Un entorno definido por una vigilancia excesiva pero de formas amables. El lenguaje de la tiranía escondido tras las máscaras de aparente amabilidad y buenos modales, muy al estilo de la obra de William Congreve, que no ve los valores de la existencia en blanco y negro, entre el bien y el mal, sino en una serie de matices exhibidos sin filtros.

Con cada vida eliminada se suma dinero para una minoría que tiene que superar los obstáculos que han desnudado los más bajos instintos: hambre, codicia, traición y violencia.

Un universo lleno de alegorías. La piedra que se cruza en el camino -esta vez, en el trayecto de una canica- para determinar la victoria o la desgracia.

Ataúdes en formas de regalo, marcados con la sangre y la cruz del cristianismo. El inglés como idioma símbolo del poder, la superficialidad y la tiranía. La tragedia de jugar en contra del mejor amigo, una clara metáfora sobre la Guerra de Corea y la matanza entre hermanos. La hipocresía de los pastores religiosos y la mujer como el eslabón más débil de la cadena.

Il-nam, el jugador 001, interpretado por el actor de 76 años Oh Young Soo, protagoniza un desenlace inesperado. Es el personaje de los contrastes, el más vulnerable pero a la vez el más fuerte. El que simboliza la vejez en una cultura donde hay un marcado respeto por los años, gracias a una fuerte influencia del confucianismo en la política.

En la trama, él tiene todo el peso de mostrar las tradiciones, es quien dicta las estrategias. Enseña que un líder no puede desanimarse porque es quien encara al contrario, el que infunde miedo o respeto con su propia seguridad, tiene muy claro que en la cola de todo sistema debe haber fieles, gente confiable que sirva como ancla y en el medio la fuerza del trabajo colaborativo para lograr direccionar todo.

El ejemplo de una estructura de trabajo muy distinta a la de occidente, la de un esquema vertical y patriarcal, todas las órdenes vienen de arriba, la innovación no es el principal valor sino la obediencia y el respeto por la norma y las traiciones -modelo vigente en China, Corea y Japón-.

La historia se cierra con una reflexión sobre lo corta que es la vida y la fragilidad de quienes tienen mucho o tienen poco dinero, ambos extremos han perdido la alegría de vivir y el motor más importante para no caer en las garras del suicidio: la confianza en los demás.

Temas destacados

*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

Compartir
Preloader
  • Amigo
  • Lector
  • Usuario

Cargando...

Preloader
  • Los periodistas están prendiendo sus computadores
  • Micrófonos encendidos
  • Estamos cargando últimas noticias