El pantalón, una conquista feminista

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El pantalón estuvo vetado a las mujeres por generaciones. Mirada a las precursoras del feminismo que pusieron en duda la ecuación "mujer = falda".

En este 8 de marzo quiero hablar de una conquista feminista. Hablo de “conquista” porque los derechos de las mujeres no han sido concesiones, no han sido favores. Se ganaron con luchas. Implicaron censura, encierro, ostracismo, bloqueo profesional, a veces enfermedad y depresión.

Una de esas conquistas es el uso del pantalón. Las generaciones nacidas después de los setenta no lo saben, y las nacidas antes posiblemente ya lo olvidaron (la memoria no solo es selectiva; también puede ser amnésica). Lo cierto es que la posibilidad de utilizar un pantalón estuvo vetada a las mujeres por generaciones.

Hagamos un poco de historia de esta prenda. El pantalón moderno, como lo conocemos hoy, es una herencia de la Revolución Francesa: los hombres “sans culottes” (literalmente, “sin calzones"), es decir, los revolucionarios, se vestían de una forma diferente a las clases altas. No usaban el pantalón corto (esos “calzones” que se usan hasta la rodilla y que acompañan medias ceñidas). Usaban otra cosa que menospreciaban las clases dominantes: usaban lo que hoy llamamos “pantalones”. Así, una categoría social (los hombres trabajadores manuales, artesanos, campesinos) se distinguió de otra categoría (la nobleza y la burguesía) con su prenda. Y poco a poco, la impuso en todos los círculos (de la misma forma que en el siglo XX el blue jean, prenda destinada a los trabajadores, se convirtió en prenda de todos, incluidos ricos, famosos y farándula).

En el siglo XIX, el pantalón se impuso sobre el “calzón”. Pero solo para los hombres. Era inconcebible que una mujer usara una prenda diferente a una falda o vestido. Hubo leyes que prohibieron el pantalón a las mujeres. Y aun sin leyes, era tan fuerte la presión social, que había que ser muy aguerrida para atreverse a ponerse esa prenda. Algunas mujeres desobedientes empezaron a abrir la brecha. Pienso en la pintora francesa Rosa Bonheur, que había sido educada por su padre  en el sistema igualitario del saint-simonismo: ella se ponía pantalón debajo de su bata y se iba al campo a pintar animales a finales del siglo XIX. O en Madeleine Pelletier, que además de batallar para poder ser admitida como la primera mujer médica en Francia, desafiaba las convenciones de la época al vestirse “de hombre”; es decir, al usar pantalón.

También se debe mencionar a tantas mujeres que querían practicar una actividad en la que, a todas luces, era mejor tener un pantalón: el ciclismo. Inicialmente, la bicicleta estuvo vetada para las mujeres. A las que se atrevían a montarse en una bicicleta las ridiculizaban e insultaban. Si además se ponían un pantalón, perdían ya cualquier posibilidad de ser respetadas. Pero perseveraron, junto con otras deportistas, periodistas, y otras mujeres que cuestionaron la ecuación "mujer = falda". Se dice que, en Colombia, una de las primeras mujeres en usar pantalón fue Débora Arango y que además montaba a caballo a horcajadas y que, por esto, le lanzaban olladas de agua hirviendo. En Francia, en los años 20, le abrieron proceso judicial a la gran deportista Violette Morris, entre otras razones, por usar pantalón.

El pantalón para las mujeres ganó espacio durante la Segunda Guerra Mundial: había en el horizonte enemigos más peligrosos que esta prenda. Su indudable aspecto práctico conquistó a muchas mujeres en los años siguientes. Sin embargo, aun era visto como prenda exclusiva de trabajo, o de provocadoras feministas, o peor, de peligrosas lesbianas. Los hombres fantaseaban con la falda volando de la famosa foto de Marilyn Monroe.

Lo cierto es que el pantalón adquirió su plena legitimidad social y cultural en los años 60, años de feminismo, de revoluciones culturales, de las gigantescas huelgas obreras de mayo del 68. Por suerte, los grandes creadores de la moda, como Yves Saint Laurent, probablemente por su propia homosexualidad, habían deconstruido parte de esa masculinidad estereotipada, e impulsaron la moda andrógina o unisex. Después de los años setenta, el pantalón ya fue un derecho adquirido para las mujeres en los países occidentales, incluida América latina.

Es impactante ver de qué manera marcó un cambio, concreto y diario. Hoy, 8 de marzo de 2021, las mujeres de todas las edades, condiciones sociales y nacionalidades van a recordar este día, a recordar a las que han luchado por ellas y por las generaciones siguientes. Hoy, cientos de miles de mujeres en pantalón estarán exigiendo otros cambios, la lista larga para acceder a la igualdad. 

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