El PNV debe ajustarse para marcar una ruta más efectiva

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En el Plan Nacional de Vacunación se han confundido los términos de equidad, igualdad, eficiencia y efectividad. Hay que buscar estrategias dirigidas a las poblaciones más vulnerables.

Si bien es clave seguir las prioridades de vacunación descritas en el PNV, es igualmente importante identificar necesidades geográficas, vulnerabilidad y el perfil socioeconómico de las diferentes zonas de nuestro país. Es necesario explorar una ruta diferente de vacunación, que interprete las necesidades de las diferentes regiones de nuestro país.

El PNV marca unas prioridades de aplicación descritas en dos fases y cinco etapa. Busca —en términos generales y en particular en la primera fase— reducir la mortalidad, además, establece en cada etapa un grupo objetivo que se prioriza según su riesgo y algunas necesidades específicas (como, por ejemplo, profesores en etapa 3 o cuidadores institucionales en la etapa 4).

Un punto que se menciona con insistencia frente al PNV es que debe prevalecer la equidad. ¿Pero acaso la equidad implica realizar una distribución por demografía? ¿Son equitativas las condiciones de un ciudadano del Alto Baudó a las de uno del barrio Riomar de Barranquilla o el Country de Bogotá? El virus contagia sin diferencia a los ciudadanos, pero su vulnerabilidad es muy diferente: los primeros no cuentan con una capacidad hospitalaria adecuada en sus territorios.

El PNV marca una adecuada pauta de cara a los objetivos de mortalidad, pero no diferencia algunos elementos que son claves de cara a su efectividad. Veamos algunos:

  • Incidencia: A estas alturas de la pandemia, el número de infectados varía en cada región y en términos prácticos una población con baja incidencia tiene proporcionalmente más personas susceptibles de ser infectadas con las consecuencias conocidas. Para efectos de vacunación deben ser prioritarias poblaciones con menor incidencia.
  • Capacidad hospitalaria: El número de unidades de cuidado intensivo (UCI) y su ocupación marcan el derrotero de aperturas, cierres o confinamientos, basados en la disponibilidad y capacidad de atender contagiados y la mortalidad derivada. Una población con menor capacidad hospitalaria debe estar priorizada dado que su vulnerabilidad es mayor. En nuestro país, más de 900 municipios no tienen cerca un hospital nivel 3 que permita adecuada atención a su población.

Finalmente, un punto no menos importante es la actividad económica de cada municipio o zona. Si bien la pandemia nos ha afectado a todos, el impacto en San Andrés, Caloto o Río Claro es diferente porque hay actividades que son eje de su desarrollo. Por ejemplo, vacunar en una campaña intensiva la mayor parte de la población de San Andrés tendrá un impacto diferencial en su actividad y no serían más de 100 mil vacunas, número que —por ejemplo— para Bogotá no marca un diferencial epidemiológico relevante. Algo similar a lo realizado para el cinturón amazónico.

Supongamos que al hacer una vacunación intensiva para San Andrés se pueda retornar más rápidamente a una reactivación económica enmarcada en la “nueva normalidad”. Un efecto relativamente inmediato de una medida de vacunación como la propuesta es la reactivación del turismo. 

Según registro de MinComercio hay unas 31 mil camas hoteleras oficiales (sin contar las no formales). Para efectos de la estimación, asumamos que se alcanzaría un promedio sostenido de 85 por ciento de ocupación luego de la siguiente semana a finalizar el proceso de vacunación. Estimando un ingreso bruto de tan solo 300 mil pesos por noche por cada cama ocupada (incluyendo todas las actividades de turismo y recreación derivadas), representaría ingresos para la isla de más 235 mil millones de pesos mensuales. Esto, sin duda, cambia su escenario de reactivación económica. 

Hoy se habla del “turismo de vacunas” que está llevando miles de colombianos a los Estados Unidos. ¿Por qué no estimularlos para que visiten una isla ya “vacunada”? Que permanezcan unos días y se vacunen, pero en particular que disfruten un sol, mar y playa inigualables y descansen con su familia y amigos en una isla comprometida y segura. Además, las medidas de cierres y confinamientos serían mucho más flexibles. ¿Por qué no promocionarlo internacionalmente como un destino exclusivo?

Se deben explorar muchas alternativas para establecer un camino nuevo. ¿Qué tal si se define una ruta de vacunación que atienda primero a las poblaciones más vulnerables, cubriendo en una campaña intensa y eficiente una vacunación del 75 u 80 por ciento de su población? No es igualitario, pero no solo sería más equitativo, sino más efectivo. 

Este podría ser un rol diferente para la empresa privada. En conjunto con el Gobierno central y las gobernaciones pueden definir qué poblaciones son más vulnerables y están más atrasadas en vacunación, así puede trasladar su capacidad de gestión para vacunar allí donde más lo necesitan. Algunas rutas nuevas de vacunación podrían encontrarse, como ejemplo:

  • La “ruta de turismo”, vacunando masivamente y en corto tiempo ciertas poblaciones priorizadas reconocidas por su actividad cultural y de descanso (e.g. Villa de Leyva, Bahía Solano, Calima). 
  • La “ruta industrial” en aquellos municipios con una marcada actividad fabril que dependa de unas pocas compañías (e.g. RioClaro, Tuta, Caloto).
  • La “ruta de la vida” donde se vacunan los municipios de esa Colombia profunda y de difícil acceso, con baja o nula capacidad de salud y hospitalaria (e.g. Unión Panaméricana, Tibú, Dabeiba, Tierralta)

Tal vez, en lugar de confinar a Bogotá y vacunar a cuentagotas como ha sido hasta ahora, si se vacunara velozmente en Cundinamarca podrían tomarse medidas diferentes y quitar presión al sistema general con disposiciones menos estrictas y más efectivas. A pesar del conocimiento que hoy, un año largo después de la llegada del covid a Colombia y con nuevas herramientas, seguimos tomando las mismas acciones derivadas del desconocimiento que todos teníamos al inicio de la pandemia.

Dentro de los aprendizajes que debemos incorporar al PNV está la flexibilidad de ciertas medidas. Es importante explorar alternativas de vacunación diferentes, pensar fuera del  contexto, para buscar una reactivación más efectiva a la vez que mantienen la línea epidemiológica de control. La incertidumbre y escasez es parte de la realidad con la que debemos aprender a trabajar y tomar medidas diferenciales que atiendan necesidades particulares es determinante para lograr mayor efectividad.

Me rehúso a quedarme anclado en que el PNV no pueda diferenciar medidas y acciones particulares y desaprovechar la ventaja de haber comenzado la vacunación después de varios países. Me rehúso a que las escasas dosis, difícilmente obtenidas, permanezcan en las neveras (a corte de mayo 25 más de 5 milones) y que cada ente gubernamental nacional y local busque a quien culpar, en lugar de dedicarse a vacunar con la urgencia que requiere.

En ingeniería no se estudia el concepto de igualdad o equidad y —aun si pertenece a las ciencias sociales, económicas o de salud— para mí es claro que en medio de esta pandemia y a la luz del PNV se debe repensar. En la situación actual equidad no equivale a una división estrictamente etaria o poblacional y la eficiencia puede y debe ir de la mano de efectividad.

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*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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